Todo ocurrió apenas un par de
meses después de conocer a mi entonces novio y actual marido durante el viaje
de fin de carrera. Si a mi pareja la conocí un mes de mayo en una conocida
disco de mi ciudad, el viaje de la Universidad ya estaba programado en esas
fechas con anterioridad para el mes de julio, justo tras acabar los exámenes
finales.
Habíamos elegido Malta como
destino, tanto por los sitios a visitar como por el precio y ocio nocturno.
Seríamos más de un centenar de compañeros entre las distintas promociones, así
que parte nos alojamos en habitaciones y parte en apartamentos, eso sí, todos
dentro del mismo resort. Aunque conocía a casi todos los compañeros de
promoción y de viaje, con quien mejor me llevaba era con mis compis Judith y
Estela. Con ellas empecé la carrera y con ellas coincidí en la gran mayoría de
las asignaturas de mi trayectoria curricular. Decidimos que yo me alojaría en
la misma habitación con Estela mientras que Judith lo haría con su pareja
Alfonso en otra habitación.
Comentar que con Alfonso
coincidimos en segundo curso y desde entonces mantiene una relación un poco
peculiar con mi amiga. Digo lo de peculiar porque tan pronto dicen estar juntos
como tan pronto nos dicen que su relación ha terminado. Alfonso siempre me ha parecido el típico cabrón que
va a lo suyo sin importarle los demás y con apenas dos dedos de frente. Lo que
no acierto a entender es porque Judith va detrás de él como si no hubiera más
tíos en el mundo. Cosas del amor.
Yo acababa de conocer a mí por
entonces nueva pareja y actual marido a principios de mayo y debo confesar que
a los pocos días ya disfrutábamos de buenas sesiones de sexo juntos. Desde que
lo conocí follábamos todos los fines de semana y alguno que otro rapidito entre
clases dentro del campus. Siempre recordaré los dedos en su coche las noches
antes de dejarme en casa, los polvos en su cuarto en casa de sus padres,
aquella vez en los baños de la biblioteca, la vez en un aula vacía de la
facultad, el del parque al aire libre…, pero sobretodo la primera vez que
experimenté el sexo anal con él, algo que pese a todos mis prejuicios
anteriores me gustó. Reconozco que disfruté como una perra siendo sodomizada
por el culo por mi pareja. Con él descubrí el poder que tenemos las mujeres
cuando le decimos a un tío lo de “quiero que me folles por el culo” poniendo
carita de zorra. En ese momento puedes hacer con ellos lo que quieras. Resumiendo…
que mi chico me tenía loquita.
Llevábamos ya unos días en el que
todo cuanto hacíamos era disfrutar de la playa por la mañana y algún que otro
viaje cultural por la tarde. Muchos compañeros pasaban de las excursiones
culturales y empalmaban directamente la playa con la fiesta que siempre se
hacía en alguno de los apartamentos en los que se alojaban los chicos. En
cambio Estela y yo siempre nos apuntábamos a alguna visita guiada por la tarde,
lo que nos dejaba lo suficientemente agotadas como para ir a dormir después de cenar, pasando de
las fiestas y borracheras.
Fueron Judith y Alfonso quienes nos
animaron a que alguna noche hiciésemos un esfuerzo por ir a alguna fiesta.
Especialmente los amigos de Alfonso, al que más de uno se le escapaban ciertas
miraditas traviesas tanto al cuerpo de Estela como al mío las mañanas de bikini
en la playa.
Comentar al respecto que cometí
el error de llevarme un bikini negro de la temporada pasada y que por el uso me
venía un poco holgado, con lo que al menor descuido enseñaba el culo. En más de
una ocasión adiviné las miraditas de algún que otro compañero intentando captar
mi descuido, incluido Alfonso.
También llevaba varios bikinis de
esos cuyo top eran dos triángulos anudados a la espalda y por braguitas unos
tangas que sin duda dejarían poca marca a mi regreso. No veía la hora en la que
lucir el contraste de líneas en mi culito frente a mi nuevo novio. Estaba
deseosa por ver su carita al comprobar las minúsculas marcas del sol en mi
cuerpo.
Recuerdo que era un jueves de lo
más tranquilo. Aquella tarde no teníamos programada ninguna excursión, así que
decidimos bajar las tres amigas a la piscina del resort a tomar el sol y
ponernos morenas.
La tarde la amenizó Judith al
informarnos que la noche anterior se había enfadado con Alfonso, la verdad no
nos dejó nada claro si seguían juntos o si habían cortado por enésima vez. Lo
único que sé es que para poner celoso a Alfonso se atrevió a hacer top less en
la piscina del resort a la vista de todo el mundo, especialmente lo hizo para
lucirse delante de aquellos compañeros que peor se llevaban con Alfonso y que
no hacían otra cosa que pasar por delante nuestra yendo y viniendo. Debo decir
que Judith es de esas chicas de complexión relativamente gruesa con mucho
pecho. Según ella Alfonso solo la quería por sus tetas, así que supongo que
trató de darle donde más le dolía.
Hubo un momento de tensión en el
que unos compañeros de la especialidad de Estela se acercaron a media tarde
para comentarnos que ese día la fiesta ya había comenzado en uno de los
apartamentos, que ellos habían salido a por hielos y más alcohol y que
regresaban de camino a la fiesta. A diferencia de otras noches nos informaron
que la gente iba de bañador y camiseta y que la idea no era tanto beber sino
organizar juegos y pasarlo bien. Entre otras cosas porque la fiesta era junto
con otro viaje fin de curso de nuestra misma carrera pero de la Universidad de
Sevilla, en el que la casualidad quiso que algunos de sus alumnos estuvieran
alojados en apartamentos de la misma planta, por lo que prácticamente los
cuatro apartamentos de la planta del apartahotel eran una misma fiesta. Por
supuesto insistieron en que nos pasásemos las tres. Sobre todo porque los
cuatro muchachos no paraban de mirarle las tetas a Judith, aunque uno de ellos, el más sinvergüenza, no paraba de
mirarme el culo a mí, cosa que me sorprendió. Pude adivinar que le bastaron
unas pocas miraditas para que en poco tiempo el pobre muchacho se encaprichase
de mi trasero. Podía adivinar su mirada clavada en mis nalgas a pesar de estar
tumbada boca abajo en la hamaca. Me hizo sentir bien que a diferencia de sus
compañeros a ese chico en cuestión le llamase más la atención mi trasero en
tanga que los pechos de mi amiga. Fué Estela quien se percató de la situación y
se puso como un poco celosa.
Estábamos hablando con estos
compañeros cuando pasó justo por delante nuestra de la piscina tanto Alfonso
como sus amigos. Alfonso le lanzó una mirada de fuego a Judith que no olvidaré
en la vida, como tampoco olvidaré la osadía con la que Judith le pidió a uno de
los recién llegados que le extendiese un poco de crema solar en la espalda. Como
no, el chico se sintió tan agraciado como si le hubiese tocado la lotería.
Mi admirador secreto se ofreció a
extenderme protección solar por la espalda al igual que hiciera su amigo con
Judith. Quise rechazar su ofrecimiento pero a lo que quise reaccionar ya tenía
un pegote de crema en mis hombros. Resignada el chico se apresuró a sentarse a
mi lado en la tumbona y con toda la cara
y descaro del mundo comenzó a embadurnarme la espalda. Para colmo el muy sinvergüenza
me pidió que me deshiciese del nudo a la espalda de mi top para extender mejor
la crema. Dadas las circunstancias y como estaba tumbada boca abajo no me
importó.
Los otros dos amigos viendo la
escena decidieron excusarse y marchar a la fiesta, dejando a Estela con cara de
resignación al ser la única amiga sin pretendiente. En su mirada pude ver
cierta envidia. No dejaba de mirarme cariacontecida. Se sorprendía al verme
dejar acariciar por el desconocido. No entendía por qué Estela me observaba tan
fijamente y sin perderse detalle de las manos del chico en mi espalda en vez de
mirar a Judith. Tal vez porque Estela ya sabía que tenía novio y me miraba como
recriminando mi comportamiento. Pude adivinar en su mirada sus pensamientos:
“será guarra”. Estoy convencida de que se pensó de mí cualquier barbaridad.
Sobre todo porque se le abrieron unos ojos como platos cuando el descarado
muchacho dejó caer dos nuevos pegotes de crema en mi cuerpo, uno en cada muslo
de las piernas. Con toda su cara comenzó a extender la crema, primero hacía las
rodillas y los gemelos hasta que ante la atenta mirada de Estela ascendió
esparciendo el protector solar por mis piernas, recorriendo el interior de mis
muslos hasta que finalmente me masajeó los glúteos. Momento en el que me
incorporé de mi posición anudándome de nuevo el top a la espalda y le indiqué
al muchacho que ya era suficiente dándole las gracias. Judith reaccionó igual
con su masajista y los despedimos hasta más ver en la fiesta.
.-Tal vez te has pasado un poco con
Alfonso-, le comentó Estela a Judith una vez se fueron los chicos.
.-Que se joda-, dijo Judith
evidentemente cabreada con Alfonso.
.-No creo que sea forma de
solucionar las cosas-. Como siempre Estela trataba de poner cierta cordura en
tan extraña situación, si bien la notaba enfadada con nosotras.
.-¿Y tú?, ¿no tenías novio?- me
recriminó envalentonada por la situación.
.-¿Yo que hecho?- pregunté sin
entender a que venían a cuento sus reproches.
.-Joder, no te habrás dado cuenta
porque estabas tumbada boca abajo pero el cerdo que te acariciaba tenía una
erección de caballo-, me informó.
.-Será cabrón!!- exclamé. -¿Por
eso no dejabas de mirarlo?- quise saber.
.-Pues claro, menuda herramienta
marcaba el tío bajo el bañador y tú sin enterarte- nos informó Estela ya entre
risas.
.-Podías haberme avisado-
apuntilló Judith entre risas. De repente volvíamos a ser las tres amigas
riéndonos de la situación.
.- Serás cabrona- ahora era yo
quien recriminaba a Estela su pasividad ante los hechos.
.-Con lo a gusto que te veía.
Espera que se lo cuente a tu novio- ser rió Estela de mi ingenuidad amagando
con hacerme chantaje.
.- De esto ni una palabra a mi
chico- les advertí a ambas de que lo sucedido debía quedar entre nosotras.
.-Tenía pinta de que todos iban a
la fiesta- apuntilló Estela queriendo cambiar de tema y regresando a la
sensatez.
.-Eso es chicas- exclamó Judith
con cierto tono maléfico – tenemos que ir a la fiesta-, concluyó.
.-Oh no, yo paso de fiestas- se
apresuró a decir Estela cosa que yo también agradecí.
.-Vamos chicas tenemos que ir. No
podéis dejarme sola. Os necesito- suplicó Judith.
.-Paso de tus líos- insistió
Estela.
.-¿Tú que dices?- me preguntó
Judith buscando mi apoyo en la contienda.
Yo miré a ambas, en esos momentos
me sentí como el rey Salomón tratando de imponer justicia y buscando una
tercera vía.
.-Supongo que por acercarnos no
perdemos nada, ahora bien yo todavía voy mojada de agua del último baño, así
que no creo que por mi parte tarde mucho en regresar a la habitación a ducharme
y secarme. Vamos, te acompañamos un ratito y nos vamos. ¿Os parece bien así a
las dos?- busqué el acuerdo entre las tres.
.-Por mi bien, solo necesito que
me acompañéis un momento- dijo Judith.
.-Venga vale, pero yo también
quiero volver pronto a la habitación a ducharme y secarme- alegó Estela.
Así que para allá que fuimos las
tres. Estela se puso por encima el vestido de gasa con el que bajaba todos los
días a la playa. Como siempre recatada a su estilo. Judith tan solo llevaba un
pareo que le tapaba el culo en la parte inferior, se notaba que le gustaba
lucir el top y presumir de tetas de las que sin duda estaba orgullosa. Por mi
parte había bajado a la piscina con una camiseta que me había dejado mi chico
en recuerdo. Era lo suficientemente larga como para hacer la labor de vestido
pero lo suficientemente corta como para que dejase al aire media nalga, por lo
que al llevar tanga se podían ver asomar mis cachetes del culete por debajo de
la tela.
Nada más llegar al apartamento un
amigo de Estela hizo de anfitrión y nos indicó dónde estaba todo. Enseguida nos
guió hasta la cocina del apartamento, hacía la labor de bar y se almacenaba
alcohol por todas partes, entre varios chicos nos prepararon y ofrecieron unos
combinados. Así me tomé el primer ron con cola de la noche, que cayó entre
charlas y presentaciones. Repartí más besos de presentación en ese momento que
en toda mi vida.
Enseguida apareció Alfonso con
sus amigos y como no podía ser de otra forma Judith desapareció tras él, por lo
que quedé sola en la fiesta con Estela y sus amigos. Con el transcurso de la
tarde nos presentaron a unos cuantos compañeros de carrera con los que no había
coincidido nunca o en muy pocas asignaturas así como a otros chicos de Sevilla.
La charla fue agradable, sobretodo
burlándonos de los profesores más odiosos de la carrera, de las tonterías de
ambas universidades y demás chismorreos. Así es como me tomé en poco tiempo
tres o cuatro rones con cola charlando con colegas prácticamente desconocidos
hasta entonces. Creo que mucha gente ya estaba totalmente desfasada por el
alcohol a nuestro alrededor, comenzaba a entrar la noche y mucha peña ya estaba
totalmente borracha. Algunas de las chicas incluso iban enseñando sus pechos
levantando sus camisetas a modo de flash mientras el chico que hacía la labor
de reportero oficial de la fiesta tomaba las fotos, se notaba que algunas iban
pedo perdidas. Por suerte yo tan solo iba algo contenta a pesar de haber bebido
unos cuantos combinados. A esa altura de la noche y pese a que nos pidieron
varias veces a Estela y a mí que enseñásemos nuestros pechos, tan solo
levantamos nuestras camisetas enseñando a lo sumo el top del bikini. De lo que
sí me percaté es que me fotografiaron varias veces por la espalda, supongo que
intentando capturar el cachete de nalga que asomaba por debajo de la camiseta
de mi chico. Pero nada que no hubiera enseñado en la piscina. Incluso diría que
escuché algún murmullo y comentario entre los chicos del tipo “es el mejor culo
de toda la fiesta”.
Fue en uno de esos momentos en
que estábamos varias personas charlando en corrillo cuando vino uno de los
compañeros de Estela con los que coincidimos anteriormente en la piscina para
avisarnos que se necesitaban dos personas para jugar a no sé qué juego de
cartas en la mesa del salón. Me percaté en ese momento que desde hacía un rato
Estela conversaba interesadamente con un único interlocutor mientras el resto
de chicos del grupillo se dedicaban a entretenerme. Me quedó claro que Estela
quería seguir acompañando a Álvaro –que así se llamaba su ligue- se jugase a lo
que se jugase.
Por mi parte alegué que no tenía
ni idea de jugar a las cartas y que sería un estorbo, pero Estela me dejó claro
que quería seguir con Álvaro y me suplicó poniéndome ojitos que la acompañase a
la mesa de juego. Noté por su mirada tonta y sus toqueteos que se estaba encaprichando
con el tal Alvarito. Tuvo a su favor que llevábamos un tiempo de pie charlando
y tenía ganas de descansar un rato, así que terminé cediendo a la proposición
de sentarnos alrededor de la mesa a jugar a las cartas.
Sucedió que estábamos más
comensales que sillas, así que como fuimos de las últimas en llegar Álvaro
sugirió que Estela se podía sentar sobre sus piernas y que yo hiciese lo mismo
sobre el regazo de Eduardo, casualmente el muchacho que me extendió crema en la
piscina a media tarde. Esa fue la primera vez que recordé su nombre. A pesar de
sentirme en una encerrona por parte de los chicos no quise montar ningún
numerito y consentí sentarme en sus piernas, así pues estábamos ambos en la
misma silla dispuestos a jugar a las cartas.
Recordar que Estela llevaba un
vestido veraniego, que aunque de gasa y fino, seguía haciendo la labor de
vestido. Yo en cambio tan solo llevaba la camiseta que me había dejado mi
novio, por lo que no olvidaré el momento en el que me senté frente a la mesa
sobre la pierna izquierda del tal Eduardo. Al igual que muchos de los presentes
el muchacho vestía tan solo bañador y camiseta, por lo que al acomodarme sobre
él, la piel desnuda de mis nalgas apenas cubierta por el tanga contactó
directamente con los pelillos de su pierna. Enseguida apreciamos un contraste
de temperatura entre ambos cuerpos. Su pierna caliente como el fuego templaba
el frescor de la piel en mis nalgas.
.-Imposible que pierda, hoy es mi
día de suerte- pronunció sonriéndome estúpidamente nada más sentarme sobre su
regazo y comprobar la suavidad de mi piel en su pierna, casi al mismo tiempo que me ofrecía una litrona de
ron con cola a compartir entre ambos. Estaba claro que pretendía emborracharme.
Recordé los comentarios de Estela
en la piscina sobre la erección que mostró el muchacho y maldije mi suerte.
Miré a Estela y Álvaro quienes estaban justo enfrente nuestra y ambos me
devolvieron la mirada entre sonrisas cínicas confirmándome que nada había
resultado casualidad en el reparto de parejas.
Se produjo una especie de duelo
de miradas entre Estela y yo. Me quedó claro que Estela se estaba burlando de
mí a su manera. Mientras nos mirábamos la una a la otra iniciaron el reparto de
cartas para comenzar la partida, así que prácticamente se terminó jugando en
parejas -en total siete parejas-, y tal vez por eso no le dí mayor importancia
a tener que sentarme sobre la pierna de Eduardo aceptando con naturalidad el
reto de mi amiga.
“Estás muy equivocada si piensas
que me voy a levantar” fue mi última mirada a Estela antes de centrarme en las
cartas
Eduardo amablemente me pidió que
fuese yo quien sujetase las cartas mientras él escogía a una mano, una u otra
carta en función de la baza y la jugada. Con su mano izquierda me sujetaba rodeándome
de la cintura para que no me cayese de la silla. Por el momento todo más o
menos normal. Conforme avanzaba la partida trataba de explicarme las jugadas y
las diferentes opciones implicándome en el juego. Era un buen maestro y
efectivamente tenía mucha suerte pues al parecer nos llegaban buenas cartas.
Tal vez por la suerte del
principiante ganamos la primera partida. Ambos lo celebramos bebiendo del litro
de ron con cola que compartimos apurando entre ambos casi la mitad de la
litrona.
.-Te lo dije- me susurró en la
oreja en plan cómplice –contigo a mi lado es imposible que pierda- concluyó su
comentario. Comentar que el resto de parejas también se susurraban las jugadas
al oído para que el resto no escuchase las cartas que tenían, por lo que era
más o menos normal los cuchicheos entre las parejas.
Me sonrió y le sonreí mientras
chupaba de las pajitas de la litrona. No apartó la vista de mis labios
succionando las pajitas. Estaba claro que el juego empezaba a ponerse
calentito. Quien tampoco se perdió detalle fue Estela del otro lado de la mesa.
Le devolví la sonrisa a mi amiga en plan “Me lo estoy pasando divinamente, para
que te enteres”.
Se repartieron las cartas y
comenzó una nueva partida. Ahora era yo quien entendiendo un poco más las
reglas del juego jugaba sin más ayuda de Eduardo que consultar la jugada. Para
eso nos susurrábamos el uno al otro en la oreja las diferentes opciones tratando
de que no nos escuchasen el resto de jugadores. Ahora era yo quien robaba,
quien jugaba y quien tiraba el descarte ilusionada por haber ganado la primera
partida. Nunca había jugado a las cartas y mucho menos ganado nada. Mi
entusiasmo le permitió a Eduardo liberar su mano derecha con la que jugaba para
acariciarme la rodilla por debajo la mesa. De momento la otra mano permanecía
alrededor de mi cintura evitando caerme de lado.
La complicidad del momento quiso
que cada vez que iba a coger una mala carta Eduardo me presionase un par de
veces con su mano en mis muslos justo por encima de la rodilla en señal de
jugada errónea, por lo que rectificaba de carta hasta acertar sin apenas
hablarnos y revelar nuestras jugadas al resto de jugadores. Ganamos la segunda
partida y esta vez apuramos a bebernos lo que quedaba en la litrona del ron con
cola. Eduardo le pidió a un colega que nos trajese otro litro de ron con cola y
de nuevo otro cruce de miradas con Estela. Estaba claro que pretendían
emborracharme. No me importó, empezaba a pasármelo bien.
En la tercera partida Eduardo
continuó haciéndome señales con la diferente presión de su mano en mi muslo,
salvo que ahora entre turno y turno aprovechaba mi entusiasmo en el juego para
acariciarme las piernas algo más arriba de la rodilla. En esas circunstancias
no me importaron sus furtivas caricias a sabiendas que tarde o temprano intentaría
llegar hasta el límite de lo decente y tendría que detenerlo, pero por el
momento me lo estaba pasando bien y quise permitir que él también se lo pasase
bien. A decir verdad las caricias hasta el momento tampoco eran para montar un
numerito, es más tenía su punto picante, y además todos lo estábamos pasando
bien riendo y bebiendo.
Perdimos la tercera partida pero
ganamos de nuevo la cuarta, por lo que sin querer me fui convirtiendo en el
centro de atención de la mesa por la suerte de las cartas. Detalle que Eduardo
aprovechó para meterme mano, acariciando ya descaradamente mis piernas a
sabiendas que yo me esforzaba por tratar de disimularlo frente al resto de
jugadores, quienes atribuían mi risa floja a la bebida y la suerte de mis
cartas. Reconozco disfruté de la situación siendo malota, haciendo creer que me
reía por el juego, cuando el verdadero motivo es que Eduardo me provocaba
cosquillas con sus caricias. Me burlé de Estela y de sus miradas.
La mano de Eduardo subía y bajaba
por mi muslo a su antojo, hasta que en cierta ocasión tuve que cerrar mis
piernas atrapando su mano entre mis muslos a la altura ya casi de mi braguita,
allí donde mi piel es más suave y más tierna todavía. Su mano era como un trozo
de hierro candente que abrasaba aprisionada entre mis piernas. Sus caricias
empezaban a ser peligrosas. Ya no porque alguien pudiera verlas, especialmente
Estela, sino porque empezaban a provocar que mi cuerpo reaccionase contraria a
mis sentimientos. Que los pezones los tenía erectos desde hacía un tiempo lo
quise achacar a la humedad del top tras el último baño, pero tras la maniobra
de Eduardo por alcanzar la tela de mi braguita dude que no se debiera a sus
caricias. Tenía que impedirlo. Como
juego había estado bien, pero era hora de marcar los limites.
.- Como no quites la mano de
entre mis piernas te la corto- le susurré entre dientes al oído de igual modo a
cuando comentábamos alguna jugada.
.-Estoy dispuesto a sacrificar
partes de mi cuerpo por una caricia tuya- me respondió susurrándome de nuevo en
el oído al tiempo que continuaba acariciándome las piernas. Mi mirada le dejo
bastante claro que mis piernas bajo la mesa era todo cuanto podía tocar por esa
noche. No me gustó la mirada sádica que me devolvió. Nuestra pequeña batalla
comenzó entonces por la retaguardia.
La mano que antes me rodeaba por
la cintura descendió descaradamente hasta acariciarme mi culo desnudo
únicamente cubierto por la tira del tanga. Sentir su mano tan descaradamente
sobando mi culo hizo que me sorprendiese tremendamente por su osadía, tanto que
incluso puede que me humedeciese de golpe en ese instante. Me atacó por ambos
frentes mientras yo trataba de disimular jugando a las cartas entre risas
tontas y movimientos que se antojaban sospechosos. Quise pensar una vez más, que
el resto de gente que se encontraba alrededor de la mesa justificaban mi
comportamiento debido al alcohol ingerido por todos y mi racha de cartas.
Además me hacía la tonta extremadamente bien.
.-Saca tu mano de mi culo si no
quieres que te pegue un bofetón delante de todo el mundo- le susurré de nuevo a
Eduardo al oído mientras disimulaba frente al resto de la mesa con una sonrisa
de oreja a oreja.
.-No puedo, es que tienes un culo
super suave, merecerá la pena acariciarlo aunque me des el bofetón- me provocó
devolviéndome el susurro.
.-Eres un cerdo- le recriminé de
nuevo en otro susurro manteniendo la sonrisa.
.-Lo sé. Lo soy, ¿creí que te
gustaba?- me retaba al mismo tiempo que continuaba con sus caricias.
.-Tengo novio- le advertí
tratando de amedrentarlo.
.-Podías habérmelo dicho en la
piscina- me retaba mientras continuaba acariciándome.
.-Que sepas que hiciste el
ridículo- traté de mofarme de él.
.-Pues a ti también pareció
gustarte- me chinchaba.
.-¿Pero tú que te has creído?- le
recriminé.
.- Vamos guapa, no trates de
disimular, los dos sabemos lo que estás deseando- me susurró esta vez más cerca
de la comisura de mis labios tratando de buscar un beso que no llegaba.
.- Eres un poco creidillo tú-
trataba de hacerle entender que no tenía ninguna posibilidad.
Eduardo aprovechaba que era yo
quien jugaba las cartas para meterme mano entre mis mulos tratando de alcanzar
la tela de la braguita que cubría mi coño a la vez que me sobaba el culo a
conciencia con su otra mano. En esas circunstancias yo era incapaz de
concentrarme en el juego y perdí varias partidas seguidas.
.- De momento ya te tengo entre
mis piernas, aunque no como quisiera- continuaba incitándome al mismo tiempo
que me acariciaba las piernas.
.-Sigue soñando- le decía, aunque
lo cierto es que sus caricias y su insistencia comenzaba a gustarme.
.-Antes de que acabe la noche
estaré empotrándote contra la pared- soltó a lo bruto sin medir sus palabras.
.-Eres un burro- le seguía el
juego.
.-Vas a gritar tanto que te vas a
quedar afónica- se envalentó a decirme burradas.
.-Veo que eres todo un caballero
que sabe cómo tratar a las damas- trataba de burlarme de él.
.-Después de mi sabrás lo que es
el vacío- me dijo esta vez provocándome la risa floja por sus soeces. Fue en
ese momento en que levanté la cabeza para ver como al otro lado de la mesa Estela
y Álvaro se comían la boca el uno al otro. Los miré, me miraron. Eduardo
también contempló el juego de miradas.
.-Al parecer tu amiga es más
lanzada que tú- me susurró de nuevo retomando nuestra guerra dialéctica.
.-Ella no tiene novio- le
recordé.
.-Por suerte tu novio no está
aquí está noche. Tranquila, sabré guardar el secreto- continuó jugando conmigo.
En esas estábamos cuando me tocó
jugar la baza a las cartas. Eduardo aprovechó la situación para que con la mano
que me sujetaba por la espalda comenzase a acariciar mis nalgas oculta tras mi
propio cuerpo. Osó avanzar decididamente por debajo incluso de la tela de mi
tanga con la intención de tocarme en el mismísimo coño. No se me ocurrió otra
forma de frenar su descarado avance, a la vez que disimulaba lo que ocurría al
resto de la mesa, que en una maniobra totalmente inesperada para él juntarle
ambas piernas rápidamente y sentarme de lleno sobre su regazo en lo que viene a
ser una postura de “reverse cowgirl”.
Fue todavía peor. Eduardo hace
tiempo que tenía una erección de caballo. Evité el avance de su mano pero me
clavé yo misma su dureza en medio de mis nalgas. La pude sentir dura y
palpitante aplastada por todo mi peso. Me acordé de las palabras de Estela en
la piscina y adiviné porque se sorprendió de la erección de Eduardo. Por lo que
pude advertir en mis propias carnes el chaval no estaba para nada mal dotado.
Eduardo me miró sonriéndose, yo
lo miré y disimulé.
.-Apuesto a que te has llevado
una sorpresa- me susurró él en el oído.
.-¿Yo?, ¿por qué?- fingí a pesar de que me sorprendió su dureza
y su tamaño sin entrar en comparaciones y tratando de minimizar los
acontecimientos.
.-No trates de disimular, he
visto tus ojos abiertos como platos nada más sentarte encima de mí- quiso
provocarme.
.-¿Acaso pasa algo?- continuaba
disimulando como dando a entender que no sentía nada.
.-Vamos, por la cara que has
puesto, estoy convencido de que acabas de mearte en las bragas- me dijo esta
vez.
.-¿Tú crees?. A lo mejor eres tú
quien tiene problemas- pronuncié decidida a hacerle pasar un mal rato.
Podía sentir sus palpitaciones a
través de su bañador en mi piel. En cierto modo me alegró saber que había sido
yo quien provocase semejante estado en ese chico. Por un momento quise ser
malota, así que disimuladamente comencé a moverme adelante y atrás sobre la
polla de Eduardo, máxime cuando comprobé que el pobre se retorcía de gusto y
que ahora era yo quien llevaba el control de la situación. De repente se habían
cambiado las tornas y era él quien tenía que disimular frente al resto de
comensales.
Era un lap dance encubierto en
toda regla.
.-Veo que sabes moverte muy bien,
espero que seas igual de buena en la cama- me provocó una vez más.
Lo vi retorcerse de placer con
cada leve movimiento mío encima suyo.
.-¿Algún problema?- quise
provocarlo.
.-Vas a hacer que me corra- me
advirtió.
.-Seguro que ni mojas el bañador
con esa cosita- me burlaba de él.
Creo que de haber continuado
cinco minutos más moviéndome de esa manera el pobre muchacho efectivamente se
hubiese corrido en las bermudas. Reconozco me comporté como una auténtica
calientapollas y pese a que pensé que nunca en mi vida me comportaría de esa
manera tan sucia, en esos momentos debo reconocer lo estaba disfrutando. Sé lo
que ese pobre muchacho estaría pensando en su cabecita “Menuda guarra de tía”.
Y lo cierto es que tenía razón, nunca había calentado tanto a un tío de forma
tan descarada. Pensé que se lo tenía bien merecido por gilipollas, el pobre
estaba a punto de estallar. Debo reconocer que la situación se tornó excitante
para ambos, también para mí, me sentía como domina sometiendo a su esclavo.
Mi intención era que el muy cerdo de Eduardo se hubiese
corrido en el bañador. Me hubiera gustado ver su cara llegado ese momento.
Sobre todo cuando me levantase de su regazo delante de todos en medio de la
partida y le pidiese que fuese a la cocina a traerme algo de beber. No le
quedaría otra que levantarse con su bañador mojado a la vista de todo el mundo
haciendo el ridículo. Desde luego que se
le hubiese estado bien empleado por abusar de mi amistad con Estela.
.-¿Crees que a tu novio le
gustará saber lo que estás haciendo cuando se lo cuente?- me provocaba por su
parte una y otra vez.
.-Lo que quiero ver es tu cara
cuando tengas que levantarte a la vista de todo el mundo. Quedarás como el
cerdo que eres- le hice saber.
.-Pues que sepas que si sigues
así lo vas a conseguir- parecía no importarle hacer el ridículo delante de todo
el mundo.
Por suerte para él alguien dijo
de dejar de jugar y todos parecimos tener ganas por concluir definitivamente las
partidas y bailar.
Nada más levantarnos fui yo quien
corrió al baño a calmar los nervios, además había ingerido el suficiente ron
con cola como para tener la necesidad de orinar. Por suerte no tuve que esperar
para poder encerrarme en el baño.
Nada más bajarme la braguita del
tanga pude apreciar algo de moco en el centro del refuerzo de la tela del
bikini. Joder, no lo quería reconocer pero me había puesto cachonda con tanto
toquiteo y sintiendo la polla de Eduardo clavada en mi culo apenas separada por
las telas de nuestras ropas. Sopesé masturbarme en el baño para relajar mi
tensión pero lo descarté al escuchar gente fuera apurando por entrar. Reconozco
que me acordé de mi novio en esos momentos por un instante, pero tampoco quise
darle mucha importancia a lo sucedido, seguro que estos días en la distancia él
también estaría tonteando con alguna guarra que aprovechase mi ausencia para
rondarle. Además tampoco había pasado nada malo, un calentón y punto. No sería la
primera vez ni la última que tontease con algún chaval. Una también tiene
derecho a divertirse de vez en cuando y no ser la ridícula princesa de los
cuentos. Las chicas malas también van al cielo, dice el refrán.
El caso es que decidí lavarme la
cara y adecentarme un poco pues iba más perjudicada de lo que pensaba. Me
percaté que el top de mi bikini estaba húmedo como para temer coger un resfriado,
así que decidí quitármelo y dejarlo tendido dentro de la ducha de ese
apartamento para que se secase. Sentí algo de calor al liberar la humedad de la
tela del bikini, de lo que no me percaté es que la tela de la camiseta también
andaba mojada y en salir del aseo y sobretodo con más luz, se transparentaban
mis pezones a través de la tela mojada. Dado mi estado de falta de cordura me
dio exactamente igual. Mis signos de embriaguez aumentaban por segundos tras
levantarme de la mesa y era ya evidente mi borrachera. El muy cabrón de Eduardo
había conseguido su objetivo de emborracharme, pero no me había dado cuenta de ello hasta levantarme
de la mesa. Nada más salir del baño traté de encontrar a mis amigas pero ni
rastro de Judith ni de Estela.
Quien sí parecía estar
esperándome a la salida del aseo era Eduardo, quien nada más encontrarme se
sorprendió de verme aparecer con la camiseta mojada sin top del bikini y transparentándose
mis pezones erectos. Me gustó su mirada a mis pechos. Estaba claro que el
muchacho se moría de ganas por acostarse conmigo. Eran evidentes sus ganas por
follar conmigo. Qué queréis que os diga, que a nadie le amarga un dulce, que a
todas nos gusta sentirnos atractivas y deseadas. Y aunque Eduardo resultase ser
un poco más baboso de lo que me hubiera gustado todavía entraba dentro del
rango de lo tolerable. Me las había visto con tíos y en situaciones mucho más
asquerosas y repugnantes. Creí poder sobrellevar la situación hasta que
apareciese Estela e irnos a la habitación.
Eduardo enseguida me animó a
bailar con él, cosa que agradecí al no ver a mis amigas. Vamos que en mi estado
de incoherencia pensé algo así como mejor con él que con algún otro
desconocido.
Mientras bailábamos me metió mano
por todas partes. Aprovechaba cualquier excusa para perrear y clavarme su
dureza en mi trasero. Yo me movía retorciendo mis caderas a ritmo de twerking contra
su cuerpo. Advertí que a Eduardo le costaba mirarme a la cara y solo fijaba su
vista en mis pezones erectos por la humedad de la camiseta. Reconozco en cierto
modo que me gustó jugar con él. Provocarle, seguirle el juego, hacerle creer
que tenía sus posibilidades aunque en ese momento fuera tan solo un pasatiempo
para mí. Pobrecito, se creería que estaba dispuesta a dejarme follar por él
cuando lo único que esperaba era hacer tiempo hasta encontrar a Estela e irnos
a nuestra habitación.
En esas que reconocí a Judith
entre el bullicio de la gente. Ella también me vio. Se sorprendió de verme en
mi estado. Creo que mi amiga nunca me había visto tan borracha. Ni tan borracha
ni tan desinhibida y calentorra. Me advirtió de mi comportamiento y me
recriminó que estaba llamando la atención. Me recordó tenía novio. Agradecí que
me salvase de mi misma. Era una buena amiga. También se molestó por la actitud
de Eduardo y le recriminó se aprovechase de mi estado. Tiró de mi cuerpo
arrastrándome por la muñeca hasta uno de los sillones del salón y le hizo
indicaciones a Alfonso para que fuese por una botella de agua.
Recuerdo que me hizo beber mucha
agua mientras charlábamos de nuestras cosas hasta que en un momento dado quedé adormilada
a su lado en el sillón. Entre otras cosas porque con el paso del tiempo yo era
incapaz de articular palabras y tras la llegada de Alfonso comenzó a charlar
cada vez más con él hasta que poco a poco iniciaron besarse y morrearse. Al
parecer ya se habían reconciliado otra vez.
Entre nubes y vagos recuerdos
tengo la consciencia de abrir los ojos por un momento para comprobar que Judith
y Alfonso ya no estaban sentados a mi lado en el sillón. A cambio estaban unos
chicos que a pesar de haber coincidido con ellos en varias clases apenas nos
habíamos hablado nunca. Es más, los había ignorado por mi parte al ser
considerados los “nerds” de la facultad. Recuerdo abrir los ojos para comprobar
que hablaban de mí y de la borrachera que llevaba encima, si bien sus palabras
eran como ecos con retardo ininteligibles en mi cabeza. Me había emborrachado.
Tal vez la mayor tajada de mi vida hasta el momento. Lo veía todo nubloso y era
incapaz de articular una frase con coherencia.
Quedé adormilada otro rato y lo
único que recuerdo eran caricias de varias manos en mi cuerpo. Manos que me
acariciaban las piernas e incluso los pechos entre risas estúpidas.
Desperté de nuevo alertada por la
voz de Judith reprochando el comportamiento de mis acompañantes al tiempo que
escuchaba como le ordenaba a Alfonso que me cogiese en brazos y me llevase a su
habitación, quise entender que por estar más cercana que la mía. Al menos eso
entendí de la discusión entre ambos.
Lo último que recuerdo de es que
caí a peso bomba sobre la cama de una habitación que por el desorden no parecía
ser la que compartía con Estela. Poco me importó que no fuese mi cama,
necesitaba dormir.
Cuando desperté por primera vez
era ya de noche, la cabeza me dolía a rabiar. Miré a mi alrededor y
efectivamente deduje que estaba en la habitación de Judith y Alfonso según mis
últimos recuerdos. Saqué fuerzas como pude para ir al baño. En el camino me encontré
un montón de bragas y ropa interior tirada por el suelo. Oriné otra vez y bebí
tanta agua como pude. Rebusqué en el neceser de Judith y encontré pastillas de
paracetamol. Me sorprendió ver condones tamaño XXL entre sus pinturas, geles y
pintalabios. Pensé que algo de ibuprofeno tampoco me vendría mal para mitigar cuanto antes el
dolor de cabeza y la resaca.
Me miré en el espejo del baño.
Estaba hecha una mierda. La camiseta
estaba empapada a la altura de los pechos transparentándose mis pezones y su
aureola. Eso y haberme paseado desnuda a la vista de todo el mundo era
prácticamente lo mismo. Me la quité antes de tumbarme de nuevo sobre la cama.
Necesitaba dormir más. Sólo pensaba en dormir, dormir y dormir.
De regreso a la cama tuve que
quitar otro montón de ropa de encima de las sábanas. No había más que ropa de
Alfonso y Judith por todas partes. Si bien la primera montaña de ropa era de
Judith, la segunda lo era de Alfonso. Especialmente tuve que retirar su ropa
interior. Me llamó la atención que Alfonso utilizase slips y no sé por qué me
vino a la memoria los boxers de mi novio. Lo cierto es que mi chico estaba
impresionante en calzoncillos. Me acordé de él al tumbarme sobre la cama. Lo
echaba de menos. Desearía que estuviese allí conmigo, en mi estado seguro que
terminábamos follando en algún lugar prohibido del hotel como tan solo él sabe
follarme. La simple idea de imaginármelo empotrándome contra la pared de la
habitación me ponía cachonda, tenía que calmar mi calentura de toda la noche. Me
lo imaginé celoso por haberme paseado semidesnuda delante de todo el mundo. Sé sobradamente
lo bestia que se pone cuando se enfada conmigo. Tiene mejor sexo. Así que sin
querer comencé a acariciarme bajo las sábanas hasta el punto que recuerdo
llegué a quitarme el tanga y tirarlo al suelo imaginando que era mi chico quien
me lo arrancaba ansioso por metérmela y follarme. El simple roce de las sábanas
me excitaba. Me imaginaba sus nalgadas recostada boca abajo sobre su regazo a
modo de castigo insultándome y reprobándome mi comportamiento a la vista de
todo el mundo. Duro, necesitaba de sexo duro para calmar mi estado de
embriaguez.
Me imaginaba reproches del tipo
“si tú me has humillado delante de mis amigos ahora me toca a mí humillarte” a
la vez que me obligaba a arrodillarme a sus pies para chupársela. Eso ya lo
había probado antes y debo decir que me encantaba mirarlo a los ojos desde
abajo. Contrario a lo que se piense yo tengo el bastón de mando en esas
situaciones, nunca mejor dicho.
Enseguida me vino el primer
espasmo de mi cuerpo. Tuve que elevar mi pelvis varias veces para contener las
primeras sacudidas. Comencé a temblar. Toda yo estaba hipersensible. Con los
temblores se sucedía el balanceo de mis pechos rozando con las sábanas.
Joder!!!, creo que en mi vida
había estado tan cachonda. No ahogué mis gritos. Si había alguien fuera que
pudiera escucharme que me escuchase, me daba igual, necesitaba con urgencia
culminar mi orgasmo. Me toqué el clítoris a una mano mientras con la otra me follaba
yo misma a dos dedos. Todo mi cuerpo temblaba en espasmos a punto de correrme. Me
pellizqué los pezones y jugué con el anillo de mi esfínter llegando a
introducirme por mi ano tan solo la yema de otro de mis dedos. Fue suficiente.
.-Joder…siiih,…siiiiiiih,….SSIIIIIIIIIIH!-
terminé gritando al tiempo que mi cuerpo convulsionaba de placer y una descarga
eléctrica como hacía tiempo no recordaba recorría mi espina dorsal desde la
punta de mis dedos del pie hasta mis cervicales.
Quedé dormida exhausta y
extenuada desnuda bajo las sábanas tratando de recuperar la respiración.
Lo siguiente que recuerdo es el
ruido de unas llaves al otro lado de la puerta de la habitación y las voces de
Alfonso, Eduardo y un tercer chico que no lograba reconocer.
A lo que quise reaccionar la
puerta se abrió y por los pasos deduje que los tres muchachos entraban dentro.
Permanecí quieta, haciéndome la dormida, agradeciendo haberme cubierto con la
sábana de la cama pues todavía estaba desnuda tras masturbarme.
.-Lo que te decía, por culpa de
esta tía borracha he discutido de nuevo con Judith, se ha ido a dormir con su
amiga Estela y me ha dejado con esta zorra en mi cuarto. Lo peor es que me ha
jodido el polvo de esta noche, así que hazme el favor de sacarla de mi cuarto y
llevártela donde quieras. Lo único que quiero es poder traer de nuevo a Judith
y follar como Dios manda-. A pesar de hacerme la dormida deduje que las
palabras de Alfonso iban dirigidas especialmente a Eduardo.
Decidí continuar haciéndome la
dormida a modo de absurda táctica de defensa. Consideré no era momento de hacer
como que despertaba. Además de estar desnuda y muerta de vergüenza las palabras
de los chicos habían despertado mi curiosidad por las intenciones de Alfonso
para con mi amiga.
.- Joder, si supieras lo que me
ha calentado la muy puta, lleva toda la noche calentándome la polla, y justo en
el momento en que la tenía a huevo para follármela llega tu novia tío y me jode
el plan- pronunció Eduardo quitándome la sábana que me cubría el cuerpo para
dejarme desnuda a la vista de los tres, deduje que lo hizo con la intención de
cogerme en brazos y llevarme a otra habitación según los planes que se venían
haciendo.
De repente creí morirme de
vergüenza.
Por supuesto todos se llevaron
una grata sorpresa. Yo traté de disimular mi desnudez y mi vergüenza como pude en
esos momentos. Tuve que hacer un esfuerzo por no moverme y delatarme, debía continuar
fingiendo estar profundamente dormida según mi plan. En mi absurdo raciocinio pensé
que tras contemplarme como Dios me trajo al mundo me taparían y me dejarían
continuar durmiendo, que desistirían de sus planes. Además cada una de sus
frases hasta ahora habían despertado mi curiosidad.
.-¡¡¡Joder si está completamente desnuda!!!-
exclamó Alfonso tras comprobar que efectivamente estaba como mi madre me trajo
al mundo tirada boca abajo sobre su cama.
.-¿Qué hacemos ahora?- preguntó
Eduardo al resto sorprendido como todos por verme sin ropa.
.-No podemos ir por los pasillos
con ella desnuda, fijo que tenemos algún problema- concluyó Eduardo en su
argumentación.
En esos momentos pensé que mi
táctica daría resultado. No podía ser de otra manera. Imaginé su cara de
idiotas al verme mi culito desnudo. Aunque hubiera sido gracioso verlos debía permanecer
inmóvil y esperar a que se fueran.
.-Joder que putada. No me lo
puedo creer- exclamó Alfonso maldiciendo su suerte.
.-Tenemos que despertarla-
argumentó el tercer chico al que no lograba reconocer por su voz.
Por un momento entré en pánico.
“¿Despertarme?, ¿desnuda?. No, no, no eso no podía ser, me moriría de
vergüenza” pensé. ”Por favor, que me tapen de nuevo y se vayan” rezaba
mentalmente para que sucediese aquello que yo creía más lógico: que me dejasen
tranquila.
.-Lo mejor será que la vistamos
antes de despertarla- se apresuró a decir Eduardo antes de que escuchase ningún
otro ruido en la habitación.
.-Si pero…¿dónde coño esta su
ropa?, entre tanto desorden no hay quien encuentre nada- preguntó el tercer
muchacho.
.-¿No recuerdas que bragas llevaba
esta guarra?- preguntó Alfonso a Eduardo quien no dejaba de insultarme por
haberle aguado la fiesta contagiando con su lenguaje soez al resto de amigotes.
.-¡Qué coño voy a recordar!. ¿Y
tú?, de entre todo este lío ¿no sabes cuál puede ser?- le devolvió la pregunta
Eduardo a Alfonso.
.-Ni puta idea de cuáles pueden
ser. Lo que si tengo claro es que como aparezca con unas bragas de Judith me
corta la polla- respondió ante la pasividad de los tres.
Relajada la tensión inicial de
sorprenderme con el culo al aire, sus comentarios me resultaban ahora
graciosos. Imaginaba a un Alfonso debía estar desesperado por sacarme de ahí. ¡Que
se joda!. Sólo pensaba en follar con Judith, si le estaba fastidiando el plan
que se aguantase o se hiciese una paja.
.-Anda, mira a ver si pueden
estar en el baño- le ordenó Eduardo al desconocido quien por los ruidos deduje
se alejaba en dirección al aseo dejando a la temible pareja junta.
Una vez desapareció el
desconocido fue como si incrementase mi sentimiento de vergüenza al permanecer
desnuda delante de los otros dos, en especial de Alfonso, la pareja de Judith,
quien además no dejaba de meterse conmigo de manera casi enfermiza. Al menos podían
molestarse en cubrirme con la sábana de nuevo, pero muy a mi pesar parecían
disfrutar con la visión de mi culito desnudo.
Quise pensar que por suerte tan
solo me habían visto el culo. Me consolaba pensando que mostraba poco más que
lo que ya había enseñado en la piscina o en la playa con mis tangas, y agradecí
estar tumbada boca abajo.
Tras la desaparición del tercero
y más sensato se produjo un incómodo silencio, al menos para mí. Mi instinto me
decía que no había buenas vibraciones en la habitación. Dada la situación preferí
continuar haciéndome la dormida hasta que se fuesen o encontrar el momento en
el que despertar. Estaba tensa, no me gustaba el silencio ni saber que se
tramaban. Pese a mis nervios premonitorios todavía mantenía la esperanza de que
me dejasen continuar durmiendo y todo quedase en un mal recuerdo.
.-Joder que buena está la zorra-
pronunció Alfonso entre susurros nada más alejarse el tercero hacia el baño. Me
llamó la atención que dijese eso de mí tan abiertamente delante de su amigote.
.-Que ganas tenía de follármela
antes de que llegase tu novia y me jodiese el plan- le respondió Eduardo a
Alfonso también entre susurros. No sabía si no querían despertarme con su voz o
si no querían que el tercer amigo se enterase de la pervertida conversación
entre ambos.
.-Nos ha jodido el polvo a los
dos- le respondió Alfonso.
.-Y que lo digas. Antes mientras
bailábamos se ha dejado tocar de todo, el culo el coño…incluso la muy zorra me
sobado la polla- continuó vanagloriándose Eduardo.
Lo que si recuerdo es que de
repente un escalofrío recorrió mi
espalda. Supuse me estarían observando descaradamente, babeando, como cerdos
que eran.
.-Que suerte la tuya cabrón, lo
cierto es que está buena la hija de puta, me entran ganas de tocarle ese culazo
que tiene- murmulló Alfonso para incremento de mi sorpresa.
.-Pues no te cortes, seguro que
la tía ni se entera- susurró de nuevo Eduardo sentándose a un lado de la cama,
al tiempo que pude sentir su peso sobre el colchón y su mano acariciando mi
muslo por la cara interna ascendiendo hasta sobar mi nalga desnuda.
Actuó rápido, sin darme opción a
nada, salvo porque instintivamente tensé mis nalgas y acto seguido simulé
despertar tímidamente. Apenas un gesto de disimulo amenazante por mi parte, me
percaté que no podía darme la vuelta y amagué continuar haciéndome la dormida. De
girarme, me verían desnuda de frente, así que opté por aguantar fingiendo sueño
pese a las caricias furtivas de Eduardo.
.-Cuidado la vas a despertar- le alertó
Alfonso preocupado.
Eduardo ignoró sus palabras y
continuó acariciándome. Deduje que unas simples palabras no iban a detenerlo
una vez comprobó la suavidad de mi piel.
.-No te preocupes, esta tía no
despierta hasta mañana, menuda borrachera lleva- susurró Eduardo quien
comenzaba acariciarme descaradamente la nalga frente a su amigo regocijándose
ante mi pasividad y confirmando mis temores.
.-¡Que cabrón eres!- pronunció
Alfonso sentándose del otro lado de la cama y acariciándome también el culo
imitando a su amigo.
Eso sí que no me lo podía creer. Me
estaban sobando a dos manos. Los muy sinvergüenzas se estaban aprovechando de
mi indefensión. Juro que me hubiera levantado a partirles la cara a los dos,
pero el sentimiento de vergüenza me tenía paralizada.
“Serás cabrón, que estás con
Judith y te estás aprovechando de su amiga” descargué mi rabia contra Alfonso
por su comportamiento tan ruin mientras no me quedaba otra que continuar
haciéndome la dormida. Ansiaba que las caricias de esos cerdos terminaran cuando
regresase del baño el tercero en discordia. Parecía sin duda el más sensato y
en quien depositaba mi confianza y todas mis esperanzas. Comenzaba a ser una
especie de superhéroe en la sombra para mí.
Efectivamente mis vibraciones
eran correctas…
.-Joder!!!. ¿qué coño hacéis?-
preguntó el tercero nada más entrar en la habitación y sorprender a sus amigos
sobándome el culo con descaro. Efectivamente estaba siendo mi salvación, de
enterarme quien era ese muchacho desde luego que estaba dispuesta a devolverle
el favor en cuanto pudiera.
.-Chiisstt, calla!!. La vas a
despertar- le espetó Alfonso al recién incorporado tratando de que bajase el
tono de voz.
.-Sois unos cabrones- susurró de
nuevo el tercero en voz baja obedeciendo las indicaciones de los otros dos.
.-¿Tú has visto lo buena que está
esta zorra?- pronunció Eduardo sin dejar de sobarme el culo y la cara interna
de mi muslo más cercano a su posición.
.-Llevo esperando esto mucho
tiempo- dijo ahora Alfonso quien introdujo su mano entre mis muslos para
acariciar ya no solo mi culo, sino buscando alcanzar mi coño. Atreviéndose a hacer lo que Eduardo
llevaba un tiempo amagando y no se atrevió: deslizar su mano por todo mi coño.
.-¿Qué coño dices tío?- le
criticó de nuevo el desconocido en un tono de voz más cerca del susurro que de
un reproche. Desde luego el único coherente.
.-Como lo oyes. Que llevo desde
que la conocí soñando con montarme un trio con esta puta y mi novia- pronunció
Alfonso para sorpresa de todos incluyendo la mía. No me podía creer lo que
acababa de escuchar, aunque por otra parte no me sorprendió tanto. Me dejó
claro que era un auténtico gilipollas, pero sobretodo no lograba entender que
hacía Judith perdiendo el culo detrás de semejante cabrón.
Era evidente que el tío era un
cerdo y un cínico. Tenía claro que a Judith la tenía más por follamiga que por
novia, pero de ahí a meneársela pensando en mí era otra cosa. “Sera cabrón”
pensé nuevamente “no sé cómo pero esta me la pagas”. De momento el muy cerdo tenía
la suerte de su lado pero tenía claro que iba a pagar caros sus comentarios y
atrevimiento.
.-¿Qué tal si nos divertimos un
poco?- pronunció Eduardo para mayor sorpresa mía todavía e intriga del resto.
.-Será mejor que nos vayamos y la
dejemos dormir. Nos podemos meter en un buen lio si despierta- pronunció el
tercero tratando de poner algo de sensatez una vez más en toda esa locura.
.-¿Qué estás diciendo imbécil?. ¿Lío
por qué?. ¿No hemos hecho nada malo?. Ninguno de nosotros ha desnudado a esta
tía, que yo sepa no ha dicho “no” a nada hasta el momento. No estamos en España
y además…- hizo un suspense en sus palabras.
.-¿En qué coño estás pensando?-
preguntó Alfonso a Eduardo notablemente excitado en su voz queriendo saber de
sus intenciones.
.-Que esta zorra lleva
calentándome los huevos toda la noche y necesito descargar como sea- pronunció
Eduardo al tiempo que notaba como se bajaba de la cama y dejaba de acariciarme.
Con los ojos cerrados y tumbada
boca abajo desde mi posición no supe que estaba haciendo ni cuáles eran sus
intenciones, hasta que el tercero en discordia me alertó:
.-¿Qué carajo haces tío?. Haz el
favor de vestirte y dejar de meneártela- anunció el desconocido para mi total
sorpresa y desagrado.
Al parecer el muy cerdo de
Eduardo se había quitado el bañador y la camiseta y se estaba pajeando al pie
de la cama mientras me miraba desnuda. Seguí haciéndome la dormida boca abajo pero
las palabras del tercero fueron claras para deducir lo que estaba pasando.
.-Cierra la puerta y haz el favor
de callarte o salirte- pronunció Eduardo –esta tía está borracha perdida y no
se entera de nada. Lo único que quiero es sacudírmela a gusto. Estoy que
reviento. Si nadie dice nada no tiene porqué enterarse de nada y creo que me
merezco desahogarme, además…¿quién me impide estar desnudo en la habitación de
mi amigo?- terminó de explicarse Eduardo.
En verdad no podía verlo pero ahora
podía escuchar el ritmo de su mano sacudiéndose la polla al lado de la cama.
.-Eres un cabrón- le increpó el
único que parecía sensato y de quien tenía que averiguar quién era para darle
las gracias.
.-Oye, oye, que es ella la que
está desnuda en el cuarto de Alfonso. A saber porque se habrá metido desnuda en
la cama. Ya estaba así cuando hemos entrado y de eso somos testigos los tres. A
lo mejor pretendía sorprender a Alfonso y tirárselo. ¿Te imaginas Alfonso que
la tía se hubiese desnudando pensando en follar contigo?. Seguro que ella
también quería un trio contigo y su amiga-. El muy canalla trataba de que
Alfonso le siguiera el juego con los argumentos más ruines y rastreros que
nunca hubiera imaginado.
.- Eduardo tiene razón. Tan solo
es una paja. No hay nada malo en ello. Si quieres puedes irte- pronunció
Alfonso al tiempo que por los ruidos de su ropa deduje que también se había
desnudado y al igual que Eduardo se la estaba meneando observándome desnuda del
lado contrario de la cama.
.-Esto no está bien- pronunció el
tercero alentando mis esperanzas de que fuera capaz de detener al par de
sinvergüenzas..
.-Para no estar bien, bien que te
la estás sacudiendo cabrón. Además, como se despierte y te vea ese pedazo de
polla que te gastas seguro le da un susto de muerte a la cabrona- le reprocho
Eduardo entre risas de los tres.
.-Joder tenéis razón, reconozco que
está muy buena, resulta irresistible. Pero nos hacemos la paja los tres y nos
vamos- evidenció el tercero muy a mi pesar con sus palabras que también había
sucumbido a la tentación de mi cuerpo.
De repente la situación se tornó
tan surrealista que no supe cómo reaccionar. Por el momento consideré que no
tenía otra opción que continuar fingiendo dormir la mona a la espera de
acontecimientos. Me imaginaba a esos tres cabrones meneándosela como mandriles
a mi salud desnudos en medio de la habitación sacudiéndose sus pollitas. De no
ser por la tensión que llevaba dentro acumulada incluso podría llegar a ser en
cierto modo excitante. Tres tíos sacudiéndosela a mi salud. No estaba mal,
aunque por el momento deseaba terminasen su paja cuanto antes y marchasen del
cuarto según los planes del más sensato y mis esperanzas.
Por la sombra pude sentir la
presencia de uno de ellos muy cerca de mi cuerpo. Enseguida supe que era
Eduardo, quien con toda la cara del mundo se subió a la cama y acomodándose con
ambas rodillas a cada lado de mis piernas me cerró las piernas entre las suyas.
Las cosquillas de sus pelos en mi piel me resultaron familiares, máxime cuando
Alfonso le alertó:
.-Ten cuidado no la despiertes-
evidenció el novio de mi amiga su temor.
.-Joder que cabrón eres- murmulló
el tercero al comprobar la maniobra de Eduardo.
De repente lo pude sentir.
Eduardo estaba arrodillado encima de mí con sus piernas separadas a cada lado
de las mías. Podía apreciar el ajetreo de su mano que hacía temblar todo el
colchón. Lo peor cuando la suavidad inconfundible de su prepucio contactó con
la piel desnuda de una de mis nalgas. El muy cerdo me estaba restregando la
polla por todo el culo a la vez que se la meneaba.
El coraje que sentí solo lo sabía
yo. Me tuve que contener para no incorporarme y montar un escándalo. Se les
podía caer el pelo, tal vez incluso cárcel. Desconocía como coño estaría
tipificado en lo penal, pero desde luego era una cerdada. Estuve a punto de
levantarme y montarles el numerito pero…
A lo que quise reaccionar era
tarde.
Mi estupor e impotencia cuando
pude comprobar como un líquido viscoso y espeso salpicaba sobre mi piel. Las
primeras gotas alcanzaron casi hasta mi pelo por detrás en la nuca, las
siguientes ya cayeron a la altura de los riñones y las últimas sacudidas fueron
vertidas en mis nalgas.
Reconozco me sorprendió lo pronto
que se corrió el muy cerdo, así como la cantidad de tiempo y semen que estuvo
eyaculando Eduardo sobre mi espalda y mi culo. Con mi novio apenas eran siempre
unas gotas y unas pocas contracciones y por supuesto tardaba algo más de tiempo
en correrse.
Comentar que si hay algo en este
mundo que me pone cachonda hasta límites insospechados es ver eyacular a un
hombre, es algo que me pone muy caliente, sentí no poder ver a Eduardo,
reconozco no me hubiera importado verlo, total ya que estábamos. Además, por lo
menos a mí el semen de un tío no me dá asco. Al menos no tengo las reticencias
que me comentan mis amigas. Todo lo contrario, como digo me gusta ver eyacular
a un hombre y una vez pruebas el sabor del semen te das cuenta no es para tanto.
Me sentí contradecida. Por un
lado me acordé de mi novio. Lo que estaba pasando era una putada que nunca
podría contarle. Por otro lado debía reconocer que hasta el momento todo tenía
su punto de excitación. De haber conocido a Eduardo sin novio seguramente me
hubiera enrollado con él y quién sabe si incluso llegado a tener sexo. Un mal
rollo de una noche como tantos otros.
Por otro lado estaba temerosa de
que las cosas fueran a mayores. Seguramente era esa sensación de vulnerabilidad
la que puede se apoderase del resto, porque irónicamente me sentí también un
poco culpable.
“Pobrecito” pensé mientras sentía
su leche resbalar por mi piel “en verdad que lo necesitaba el muchacho”. Lo
cierto es que llevaba toda la noche calentando al pobre chaval y claro…
Enseguida interrumpieron mis
pensamientos con sus comentarios.
.-Joder, que cabrón, la has
dejado bien regadita- pronunció Alfonso sin duda sorprendido por la escena.
Pude comprobar como Eduardo se
levantaba de la cama, deduje que seguramente marchó a limpiarse al baño, para
acto seguido sentir la presencia de Alfonso a la altura de mi cara casi en el
borde de la cama.
No quería ni imaginar lo que ese
cerdo estaría pensando. Entre abrí los ojos disimuladamente para ver qué es lo
que estaba haciendo.
El muy cabrón se estaba
acomodando para sacudírsela a escasos centímetros de mi cara. Me sorprendió el
tamaño que ví de su polla. A dos manos y le quedaba aún todo el glande por
frotar. Ahora podía entender el encoñamiento de mi amiga Judith. Por lo que me pareció
ver el tío se gastaba una buena herramienta. Por la primera impresión desde
luego mucho mayor que la de mi novio. No tardó en llegarme el olor de su polla
a mi nariz. Estaba tan cerca que casi me rozaba la cara con su polla. Contraria
a lo que podía pensar no me resultó tan desagradable. Desde luego era un aroma
fuerte a polla, con ciertos matices al cloro de la piscina que mitigaban los
olores más desagradables.
.-Menuda boquita tiene la muy
zorra, si pudiera se la metía hasta la traquea- pronunció Alfonso al tiempo que
me restregó la polla por toda la cara. Inevitablemente hice un gesto de
desaprobación.
.-Cuidado, la vas a despertar-
alertó el tercero. De nuevo el único que parecía con algo de sentido común. Sin
conocerlo ni verlo empezaba a caerme bien.
.-Que se despierte, seguro que no
ha visto una polla como esta en su vida- se regocijó Alfonso de su tamaño rozándome
la comisura de mis labios con su prepucio.
Yo continuaba haciéndome la
dormida como pude, pero lo cierto es que me imaginaba la escena vista desde
fuera y comenzaba a humedecer mi entrepierna. Y es que en el fondo tener el
novio de mi mejor amiga tratando de follarme por la boca era de lo más
excitante que me hubiera pasado hasta la fecha. No lo hubiera provocado jamás,
pero ahora que tenía su pedazo polla rozándose por toda mi cara me hubiera
abalanzado sobre su miembro dispuesta a comérselo como seguro no se la ha
comido nunca la zorra de mi amiga.
Por el resto de las palabras de
Alfonso deduje que Judith apenas se la mamaba, y si lo hacía era con
reticencias. En cambio si una cosa había aprendido con mi actual novio era a
disfrutar comiéndosela a un tío. Superado el pudor inicial, en que el rabo ya
sabe a mi propia saliva, todo es disfrutar de lo que puedo hacer con el
pobrecito. Sus ojitos, su desesperación, hasta puedo adivinar los pensamientos de
un tío en esos momentos: “puta”. Me encanta ese momento cuando se la mamo. A mi
merced.
Si pudiera despertar, se iba a
enterar Alfonso de lo que es una buena comida de polla. Seguro que no me duraba
ni un minuto y entonces me increpaba con razón.
Efectivamente, según mis
esperanzas Alfonso tampoco tardó mucho en eyacular. Al poco de atreverse a
rozarme los labios de la boca con su polla salpicó unas cuantas gotas sobre mi
cara. Lo escuché correrse entre bufidos, parecía un cerdo en la matacía. Me
hizo gracia su forma de gemir. Al igual que mi novio apenas derramó unas gotas
en pocas sacudidas. Eso sí, impactaron sobre mis mejillas. La pinta de puta que
debía tener debía ser digna de ver. Me hubiera gustado verme en algún espejo.
Pero no podía, debía fingir continuar durmiendo. Anhelaba todo hubiera
terminado de esa manera y que se marchasen de la habitación de una vez por
todas. Necesitaba me dejasen de nuevo sola para limpiarme y porque no, tal vez
masturbarme de nuevo. La situación tenía su punto. Reconozco comencé a
humedecerme tímidamente. Tal vez en otras circunstancias todo hubiera sido muy
distinto.
Mi sorpresa cuando escuché la voz
de Eduardo que ya había regresado del baño decir…
.-Hemos dejado al Sevillano la
mejor parte de esta zorra- pronunció Eduardo poniéndome en alerta pues de él no
me esperaba idea buena.
.-¿Qué quieres decir?- preguntó
Alfonso recuperando la respiración.
.-Falta de correrse el sevillano.
Demos la vuelta a esta zorra y que se corra en sus tetas. Quiero verla desnuda-
apuntilló Eduardo.
.-No, yo no, no hace falta- dijo
el tercero y desconocido del que ya sabía algo más: que venía por parte de la
Universidad de Sevilla.
.-No me jodáis que no queréis ver
a esta tía de frente. Además mirar el pedo que lleva que ni se entera –dijo
Eduardo.
.-Que cabrón, si vas a tener
suerte y todo por haber aguantado el último- pronunció Alfonso.
.-No tengo yo tan claro que no se
entere de nada- pronunció el desconocido y que al parecer era de la otra
universidad de la fiesta.
.-Venga ayúdame- dijo Eduardo al
tiempo que entre él y Alfonso me daban la vuelta y me acomodaban tumbada boca
arriba casi al borde de la cama.
Creí morirme de vergüenza. Ahora
estaba totalmente expuesta a la vista de aquellos cerdos. Me hubiera cubierto
de inmediato de no ser porque Alfonso y Eduardo todavía me sujetaban por los
brazos después de haberme dado la vuelta.
.-Será puta- exclamó Eduardo nada
más girarme y observarme desnuda boca arriba.
.-La hostia, si lleva el coño
totalmente rasurado- exclamó Alfonso evidenciando la sorpresa de todos los
presentes al fijarse en mi desnudez.
Entre que estaba totalmente
expuesta y sus comentarios, contraria a sentir vergüenza me excitó la situación,
la tímida humedad incipiente entre mis piernas de hace un rato, comenzaba a ser
persistente. Me encontraba en ese estado en el que tú misma te hueles tus
propios fluidos. Por un momento me sentí alabada como una diosa. Supongo se
desató mi lado más exhibicionista. Lástima que tuviera que fingir seguir
durmiendo para hacerme la decente.
.-Seguro que no has visto un coño
así en tu vida- incitó Eduardo a Alfonso para regocijo mío.
.-Ya te dije que esta tía es muy
zorra- le correspondía Alfonso en los comentarios retroalimentándose entre
ambos.
.-Menudas tetas más ricas que
tiene- comentó el desconocido.
.-Puedes correrte en ellas si quieres-
le incitó Eduardo al compañero de la otra universidad.
.-Lo haría, pero a decir verdad tengo
más curiosidad por saber cómo le huele el coño a esta tía- pronunció el
desconocido al tiempo que podía sentir como trataba de acomodarse entre mis
piernas. Sin decirlo era evidente que también le llamó la atención mi coñito
sin un solo pelo.
¡¡Pero que les pasa a los tíos
cuando ven un pubis rasurado!!. Mi novio igual, se vuelve loco.
.-Joder, y parecía tonto el
sevillano cuando lo encontramos- pronunció Alfonso mientras se sucedía la
escena.
En esas que pude sentir como el
cuerpo de un autentico macho se deslizaba entre mis muslos al tiempo que unas manos abrían mis
piernas en el borde de la cama exponiendo mi sexo a la vista de todos.
Alguien tiró de mi cuerpo
deslizando sus manos por debajo de mis nalgas para situarme al borde de la
cama. Deduje serían las manos del sevillano las que me acomodaban a su antojo
sujetándome por debajo de las nalgas, entre otros motivos porque otras cuatro manos me abrían las piernas por los
tobillos y esas debían ser las de Alfonso y Eduardo cada uno en su lado. El
sentir seis manos en mi cuerpo ayudo a incrementar mi grado de excitación.
Desde luego era una sensación morbosa e indescriptible.
De repente pude sentir el aliento
del desconocido oliendo mi coño mientras el interior de mis muslos se rozaban
inevitablemente con su cara. Por la posición debía estará arrodillado a los
pies de la cama.
¿Cómo podía ser que las caricias
de un desconocido me resultasen excitantes y agradables al mismo tiempo?. No
sabía ni quien era ni si era feo o guapo. No sabía nada de él pues continuaba
todo el rato haciéndome la dormida.
Me lo imaginaba arrodillado a mis
pies, inhalando el aroma de mi coño y eso me hacía sentir empoderada. Tenía un
desconocido arrodillado a mis pies como si fuese una diosa, el morbo era
indescriptible.
.-Joder que bien le huele a la
cabrona- pronunció el desconocido con su cabeza ya entre mis piernas. Incluso
puede sentir el calor de su aliento en mis labios vaginales. Su proximidad empezaba
a ser desesperante. Un desconocido entre mis piernas observando mi débil
intimidad expuesta a su merced mientras respiraba el aroma de mis fluidos.
Joder, joder, joder…eso ya no
pude resistirlo.
.-Uhm- un tímido gemido se me
escapó sin querer. Mi cuerpo se retorció tímidamente de gusto y placer. Como
digo, me resultaba totalmente morboso tener un desconocido entre mis piernas
oliéndome el coño. Los roces de mis muslos con su pelo, con sus orejitas
calientes, el contacto de la piel de mis muslos con su carita me excitaban hasta límites que
nunca hubiera imaginado. Tanto que necesitaba verlo. No podía disimularlo por más
tiempo. Además debía tomar el control de la situación.
Fingí despertar y entreabrí un
poco los ojos para ver la escena. Creo que el tío me vio a pesar de que volví a
cerrar los ojos. Apenas un pestañeo. No pude verle bien la cara.
Juro que a poco me corro del
morbo. Me resultó indescriptiblemente excitante tener a un completo desconocido
con su cara a escasos centímetros de mi coño sacudiéndose su buena polla
observándome desnuda. Para colmo el tío era rubito, guapito y marcaba
abdominales. Parecía que le hubiese quitado Ken a la mismísima Barbie.
.-Ummmmh- No pude evitar gemir
algo más intensa esta segunda vez.
.-Para mí que esta tía está
humectando- pronunció el sevillano al tiempo que rozaba con uno de sus dedos
mis labios vaginales.
“Humectando” pensé. “¿Quién coño
dice humectando?” me hizo gracia su expresión, tuve que aguantarme la risa.
.-Diría que le brilla el coño-
pronunció Eduardo.
.-¿Con que polla estará soñando,
Eduardo?,¿con la tuya o con la mia?- preguntó Alfonso.
En estas que el sevillano me
lamió el coño de un lengüetazo en toda mi extensión de abajo arriba.
.-MMMMMMmmmhh- De nuevo gemí en voz
alta a la vez que mi cuerpo no pudo evitar retorcerse de placer. Creo que mi
cuerpo me delató.
.-Esta tía sabe de puta madre-
comentó el desconocido sevillano.
Sorprendiendo a todos los
presentes dejó de estar de rodillas para incorporarse en pie y mientras Alfonso
y Eduardo me abrían de piernas por los tobillos, el que parecía más inocente y
tímido de todos, comenzó a restregarme la polla por todo mi coño. Se esmeró
especialmente frotando el capuchón de mi clítoris.
.-Uuuuhmm- no pude evitar gemir otra
vez en voz alta y retorcerme de placer y excitación al mismo tiempo delatándome
sin poder evitarlo.
El desconocido restregó unas
cuantas veces su polla por todo mi clítoris abriendo mis labios con su prepucio
cada vez que subía y bajaba recorriendo su extensión.
Necesitaba verlo con mis propios
ojos. Abrí los ojos y me sorprendió mirándolo. Lo miré, me miró y cerré los
ojos disimulando de nuevo.
.-Por favor compañeros, decirme
si está tía no está mojada- pronunció el supuesto sevillano, a lo que Alfonso y
Eduardo acariciaron mis piernas desde los tobillos hasta mis labios vaginales
explorando mi coño obedeciendo las indicaciones de su amigote.
.-Joder está empapada- dijo
Eduardo tras atreverse a introducirme la yema de uno de sus dedos. Lo mismo
hizo Alfonso con su respectiva mano, solo que él no pronunció palabra.
Aunque me mordí los labios para
no levantar sospechas lo cierto es que de repente solo se oían mis tímidos
gemidos en el ocasional silencio de la habitación. De Alfonso y Eduardo no se
escuchaba ni sus respiraciones. La tensión se cortaba en el aire.
Resultaba evidente que estaba
mojada y expuesta. Ya lo habían comprobado los tres. Mis fluidos empapaban mis
labios vaginales que brillaban a la vista de todos.
.-Vamos a ver si logramos que se
corra en su estado- pronunció el desconocido rompiendo el silencio y poniéndome
nerviosa. A todo esto sin dejar de restregarme lo polla por todo el coño.
.-¿Qué insinúas?- preguntó
Eduardo con un hilo de voz en su garganta adivinando las intenciones del de
Sevilla.
.-Pues que esta tía se está
haciendo la borracha cuando en verdad es consciente de todo- espetó al tiempo
que a una mano acomodaba la punta de su polla entre mis labios vaginales.
.-No te entiendo- pronunció esta
vez Alfonso temiéndose lo peor.
.-Que voy a follármela- pronunció
el sevillano sin dejar de mover su polla a lo largo y ancho de mi coño
torturándome.
Es entonces cuando abrí los ojos.
Quise verlo bien. Me estaba torturando y excitando hasta límites insospechados.
De nuevo lo miré. Me miró. Tanto
Alfonso como Eduardo me vieron con los ojos abiertos clavando mi mirada en el
sevillano.
.-Fóllame- susurré ante la
sorpresa de todos los presentes.
Alfonso y Eduardo estaban
alucinando con mi despertar. El sevillano por el contrario continuó
restregándome su polla sin hacerme el más mínimo caso.
.-Vamos, cabrón, fóllame- repetí
en voz claramente inteligible comportándome como la puta desesperada que era en
esos momentos, no me podía aguantar las ganas.
El sevillano continúo
impertérrito a lo suyo, que era rozar su glande contra mi clitorix.
Ante su pasividad y mi
desesperación fui yo misma quien tratando de incorporarme agarré su miembro a una
mano y traté de introducirme yo misma tan poderosa polla.
El sevillano me apartó la mano de
un manotazo.
.-Por favor. Tienes que pedírmelo
por favor- pronunció arrogante.
A mi en esos momentos me daba
igual mi orgullo, tan solo anhelaba sentir su polla dentro, correrme, vaciar
toda mi excitación.
.-Por favor, fóllame, te lo
ruego- supliqué mirándolo fijamente a los ojos.
.-Será guarra- pronunció Alfonso
atento a la escena.
Por suerte el desconocido
sevillano atendió a mi súplica.
.-Aaaaaaggghhhh- grité al sentir
como me dilataba esa polla por dentro penetrándome de un solo golpe. Tan solo
dejo caer su cuerpo encima de mí, la naturaleza hizo el resto. Menos mal que
estaba lubricada, de lo contrario me hubiese desgarrado en dos.
No pude evitar abrir unos ojos
como platos al saber que estaba siendo penetrada por un desconocido quien se
apresuró a comerme la boca para ahogar mi grito mezcla de placer y dolor. Pude
sentir la mirada de Alfonso y Eduardo clavados en mi cuerpo.
.-MMMMmmmmmhhh- traté de gritar
en vano al tiempo que trataba de sacarme de encima el cuerpo cuya polla se
abría paso en mi interior.
Desesperadamente el dueño de la
polla que me penetraba comenzó a culear sin compasión. Menos mal que estaba empapada
porque lo que es dilatar me dolió un poco al principio. No sabría cómo
describir esa sensación. Nunca había sentido tanto morbo y excitación. Se
sentía bien rico saberme follada por ese desconocido ante la atenta mirada de dos
cabrones como Alfonso y Eduardo.
Sin querer o queriendo rodeé sus
caderas con mis piernas y lo incité con mis movimientos a que me follase más
duro por si alguno de los presentes le quedaban dudas de mis intenciones:
Quería, o mejor dicho, necesitaba ser follada después de toda la noche.
Nunca me habían comido la boca de
esa manera, por lo que desistí en pronunciar palabra, tan solo me faltaba el
aire, necesitaba respirar.
Una vez me supo domada y
receptiva el desconocido se incorporó sobre los codos separando ligeramente nuestros
cuerpos para follarme sin dejar de mirarme a los ojos.
De nuevo quise verlo, lo miré, me
miró. Esta vez ya no tuve que disimular. Tenía unos ojos verdes preciosos.
.-Tus ojos reina, me alegro que
los hayas abierto porque es lo más bonito que tienes- pronunció sin dejar de
mirarme a los ojos mientras me follaba a buen ritmo.
Joder, encima era todo un poeta.
Quise follármelo a gusto. Disfrutar el momento. El morbo era increíble.
Follarme a un hermoso desconocido en presencia de otros dos tíos. Me agarré a
su cuello para incorporar mi cabeza y contemplar con mis propios ojos como me
penetraba semejante semental. Pude ver su gruesa polla entrando y saliendo de
mi coño. Ni pizca de remordimiento.
Tan solo Eduardo y Alfonso eran
capaces de estropear tan misterioso momento.
.-Qué cabrón, se la está follando-
dijo Eduardo quien me alertó de su presencia en este ratillo. El pobre estaba
completamente empalmado de nuevo sacudiéndose la polla al lado de la cama
observando como el tercero en discordia me follaba impasible ante su atenta
mirada. Sin duda que envidiaba la posición que él llevaba esperando toda la
noche y que otro había conseguido con tanta facilidad.
Me dio pena, como pude le hice
gestos con la mano para que se acercara. Se acomodó de rodillas en la cama a
nuestro lado y a modo de compasión estiré la mano para hacerle una paja
mientras me follaban.
.-Uhmmm, joder si, siiiih- yo
misma me sorprendí porque me viniese un orgasmo tan pronto. En mi vida me había
corrido en tan poco tiempo.
Tras mis evidentes muestras de
estar a punto de correrme el desconocido se incorporó un poco más para follarme
en pie en posición vertical y no perderse el momento. Me sujetaba en volandas
con sus manos por debajo de mis caderas sin perderse detalle del balanceo de
mis pechos al ritmo de sus embestidas.
Un primer espasmo sacudió mi
cuerpo para regocijo de todos. Mientras con una mano envolvía la polla de
Eduardo y se la meneaba al ritmo de los envites que proporcionaba el de
Sevilla, con la otra quise acariciar los abdominales de quien tan
maravillosamente me estaba follando. Necesitaba comprobar que esa tableta de
músculos marcados era de verdad.
Alfonso aprovechó el espacio que
dejó libre la persona que me metía la polla tras ponerse totalmente en pie,
para acomodarse en la cama y forzar a meterme su polla en mi boca.
Esó no me gustó tanto y todo a
pesar de que el morbo de estar comiéndosela al novio de mi amiga mientras me
follaba a un tío bueno y se la meneaba a otro era indescriptible.
.-Me corro, eso es me corro,
cabrones me corrooohhh- grité al tiempo que mi cuerpo se sacudía, un escalofrío
recorría mi espina dorsal y toda mi alma temblaba de placer entre pollas a mi
alrededor y un buen pollón en mi interior. En ese momento supe que esa
experiencia cambiaria mi vida. Descubrí mi adicción al sexo.
Ahora tan solo necesitaba poder
respirar, algo difícil con la polla de Alfonso entrando y saliendo de mi boca.
Disfruté contemplando al desconocido penetrándome con golpes de cadera secos y
fuertes. Dios, justo como a mi me gusta. De seguir así seguro que me corría por
segunda vez con su polla dentro.
Quien eyaculó sin avisar fue
Alfonso. No me dio opción y no me quedo más remedio que tragarme su leche. Al
menos tras engullir su esperma por mi
garganta agradecí poder respirar.
Para mi sorpresa, nada más
comprobar todos como me tragaba el semen de Alfonso fue Eduardo quien se puso
de rodillas a mi lado. Me estrujó a una mano mi pecho más cercano a su posición
y con la otra se la sacudía desesperado hasta correrse en mis tetas a la vista
de todos. En especial de mi adonis de ojos verdes que no dejaba de taladrarme
sin dejar de observarme.
No quería perder detalle de la
lujuria en sus ojos, de nuevo quise acariciar con mis propias manos su poderoso
vientre. Empezaba a tener esa tensión en los nervios de mi cuerpo que presagia
la llegada de otro orgasmo. Ni yo misma me estaba creyendo que me fuese a
correr dos veces en tan poco tiempo. Sin siquiera acariciarme el clítoris, el
primero había sido un orgasmo exclusivamente vaginal y el segundo llevaba
camino de lo mismo. Nunca había sentido algo tan grande dilatando mi interior,
rozando por todas partes mis paredes vaginales, friccionando cada una de las
infinitas terminaciones nerviosas de mi órgano femenino. En definitiva volviéndome
loca.
.-Ummmm, siiiiih, me corrooooh-
quise alertar a mi amante para que no parase. Como buen amante que era aceleró
su ritmo.
No dejaba de mirarme a los ojos
cosa que me excitaba aún más. Me encantaba su forma de mirarme. Quería que me
viese como me corría gracias a él. Quería exhibir mi orgasmo y mi desesperación
por correrme para él, con él dentro.
.-Quiero que me mires y veas cómo
me corro para tí- pronuncié entre jadeos como pude tratando de excitarlo. Me
preguntaba cuanto tiempo podría aguantar semejante semental sin correrse pues
me hubiera gustado alcanzar mi segundo orgasmo a la vez que él. Lejos de darme
alguna pista continuaba empotrándome a su ritmo observándome para desesperación
mía.
.- Voy a tocarme un poquito para
que veas como me corro con tu polla dentro- me excitaba exhibirme para él,
estaba como loca, totalmente desinhibida. Nada más acariciarme el clítoris otro
escalofrió sacudió mi cuerpo ante su atenta e impertérrita mirada. Pude ver
cómo le llamó la atención el balanceo de mis pechos y decidí exagerarlos en la
medida de lo que podía.
.-Joder siiii, como me gusta tu
polla dentro- trataba de excitarlo con palabras que pronunciaba entrecortadas
por los jadeos cada vez más próxima a mi orgasmo.
.-Que bien follas cabrón, follas
muy bien- casi era yo misma quien más se excitase con mi propio comportamiento.
El continuaba empotrándome sin decir nada, tan solo me observaba.
.-¿Te gusta?,¿te gusta follarme?-
esperaba que al menos me dijera un sí por respuesta. En cambio fui yo a quien
se le escapó un sí desgarrador.
.-Siiih, siiiiih,siiiiiiih- grité
mientras me corría por segunda vez a la vista de todos.
Mi cuerpo tembló tanto que
incluso llegué a perder el contacto entre el colchón y la cama. Mis espasmos
resultaban exagerados pero resultaban sinceros e incontrolables. No recordaba
un orgasmo tan intenso en mi vida, ni tan siquiera el anterior. Es más por unos
segundos no recordé nada, mi cuerpo perdió la noción del tiempo por unos
segundos donde todo mi ser era una explosión de feromonas y endorfinas.
A lo que recuperé el aliento y la
consciencia me pude ver a mi macho moviéndose despacio en mi interior
controlando el ritmo. Al fin abrió la boca para preguntarme de la forma más
ridícula posible:
.-¿Puedo correrme dentro?- quiso
saber con la carita de niño bueno más tierna que he visto en mi vida.
.-Joder no!!!- grité al tiempo
que lo sorprendí sacándome su polla de dentro.
Me miró, lo miré. Su cara fue un
poema al verme que me retiraba y alejaba. Adiviné por su mirada que el chaval
estaba completamente compungido. Deduje por su expresión que el pobre estaba a
punto de explotar. Entendí se había aguantado todo este tiempo por este motivo.
Joder, debía agradecerle tanto. Sopesé una buena mamada pero no sé por qué
pronuncié otra cosa:
.-Córrete en mi culo- pronuncié
para sorpresa de todos. La cara del chaval fue todo un poema, pero la de
Alfonso y Eduardo mucho más todavía.
.-Lo has oído bien. Quiero que me
rompas el culo y te corras dentro de mi- pronuncié esta vez acercándome al
muchacho para darle un pico en la boca.
El pobre no reaccionaba.
.-Alfonso, ve al baño y tráeme la
crema hidratante que he visto en el lavabo junto al neceser de Judith- le
ordené. Ni tan siquiera se lo pensó dos veces, obedeció sin rechistar.
Eduardo se sacudía su polla como
un mono mientras le preguntaba al entonces desconocido:
.-Bueno chaval, si me la vas a
meter por el culo lo mínimo que puedo saber es tu nombre- le dije mientras le
agarraba la polla dispuesta a chupársela un poco para que no perdiese vigor.
En esas que Eduardo aprovechó
para acomodarse al lado del chaval.
.-Oscar, me llamo Oscar- Balbuceó
evidentemente nervioso.
.-Bien Oscar, ¿se lo has hecho
alguna vez por el culo a alguna chica?- quise saber.
El pobre tan solo negó moviendo
la cabeza a un lado y a otro, era incapaz de articular palabra.
.-Chúpamela a mi también- me interrumpió
Eduardo tratando de sacar ventaja de la situación.
Lo miré con desprecio pero me
sentí generosa. Resultó curioso y excitante chupar dos pollas a la vez
alternando una y otra. Comparar tamaño, dureza y sabor. Me puso muy cerda.
Al fin apareció Alfonso con el
bote de crema que me entregó en mano. Lo abrí con urgencia para rociar una
buena cantidad sobre la polla de Oscar. Me hizo gracia sentir su respingo por
el contraste de temperaturas. Me esmeré en embadurnarle bien la polla de crema
a la vez que se la meneaba un poco con mis propias manos para mi regocijo.
Una vez Oscar tuvo la polla bien
empapada de crema, y como estaba sentada en el borde de la cama, me incorporé a
coger el almohadón. Lo tiré al suelo a los pies de la cama y poniéndome de
rodillas en el suelo contra el colchón le hice indicaciones a Oscar para que se
acomodase detrás de mí.
.-Empuja cuando te diga, y si te
digo que pares, ¡paras!, ¿está claro?- le quise dejar bien claro las normas por
si acaso.
Nuevamente asintió con la cabeza
incapaz de articular palabra.
En esa posición fui yo quien
cogiendo el bote de crema me embadurne un par de dedos y comencé a dilatarme y
lubricarme yo misma mi esfínter ante la atenta mirada de todos.
.-Vosotros dos, dejad de
meneárosla y sujetarme de las manos- ordené a Eduardo y Alfonso para que me
retuviesen por los brazos.
Obedecieron alucinando.
Yo en
esa posición sumisa a cuatro patas me sentía tremendamente excitada, movía
ansiosa las caderas en círculos, buscando que él siguiera una y otra vez
jugando con mi esfínter.
Yo me recosté definitivamente
sobre el colchón con los brazos en cruz para que mis mejores amigos me
sujetasen exponiendo mi esfínter ante un tercer desconocido.
.-Vosotros sujetarme fuerte de
los brazos, no quiero arrepentirme de lo que estoy haciendo y sujetarme aunque
parezca que no me gusta- les ordené. Por un momento temí me fuese a doler más
de lo esperado y no fuese capaz de soportarlo. Ahora no podía echarme atrás.
.-Vamos Oscar, supongo que sabes
lo que tienes que hacer- le dí permiso para proceder.
Enseguida pude notar el contacto
de su prepucio en mi esfínter. Oscar me separó las nalgas a dos manos para
verlo todo mejor. Es natural, todos los tíos salen de serie sabiendo la teoría
de como encular a una chica.
.- Eso es empuja, despacio, hasta
que hayas metido tan solo la punta, luego paras o te mato- le advertí.
Por suerte Oscar estaba duro como
una piedra, lo que siempre facilita las cosas. Hizo caso.
Empujó con fuerza y para su
sorpresa mi esfínter dilató gracias a la crema y su polla se abrió paso con
relativa facilidad en mi ano.
.-Aaaaaaaah- no pude evitar
chillar al sentir como me dilataba tan certera y repentinamente.
El pobre Oscar se asustó temiendo
haberme lastimado y se salió.
.-Buf- resoplé un par de veces.
.- Lo has hecho muy bien,
campeón. Prueba de nuevo. Recuerda parar cuando me hayas metido tan solo la
punta. Necesitaré un poco de tiempo hasta dilatar- le hice saber.
Oscar era un buen alumno y
procedió según le ordené.
De nuevo me separó las nalgas con
las manos, expuso mi ano, acercó su prepucio y empujó.
.-Aaaaaaah- otro nuevo chillido
salió de mi boca. Esta vez Oscar me hizo caso y aguantó en mi interior.
.-Eso es, muy bien- lo felicité.
.-Tan solo necesito unos
segundos- le advertí mientras mordía las sábanas.
Me concentré en todas y cada una
de las sensaciones que los infinitos nervios de mi esfínter me transmitían.
Podía apreciar mi ano contrayéndose una y otra vez tratando de expulsar al
intruso. Sabía que si controlaba esas contracciones el calor abrasador que
desprendía su polla cedería, el escozor mitigaría y el dolor inicial se
pasaría.
.-¿Qué se siente?- le preguntó
Eduardo a Oscar.
.-Calor, mucho calor, y que está
muy apretado. Me oprime la polla por todos lados- trató de explicarse.
.-Que suerte tienes cabrón-
pronunció Alfonso quien tampoco se perdía detalle.
Efectivamente mi ano poco a poco
comenzó a adaptarse a la polla de Oscar. Fui yo quien ante la atenta mirada de
todos comencé a moverme tímidamente adelante y atrás sodomizándome yo misma al
ritmo que quería.
.-Joder que gusto. Se siente
mejor que incluso por el coño- informó Oscar a sus colegas.
.-¿Te gusta?- le pregunté
hundiendo mi cara contra el colchón tratando de sobrellevar mis sensaciones.
.-Joder si, es mucho mejor por el
culo- pronunció Oscar. Sus palabras me alentaron a soportar como fuese mi dolor
e ir introduciéndome poco a poco su polla en mis intestinos, hasta que
finalmente pude sentir el contacto de sus huevos chocando contra mi coño. El
roce de sus testículos contra mis labios vaginales me hizo saber que estaba
toda dentro. Demoré unos segundos las sensaciones satisfecha por haberlo
conseguido. Había resultado relativamente fácil. Oscar era un buen alumno.
.-Esta bien Oscar, es tu turno.
Agárrame bien por la cintura y muévete. Quiero que me folles por el culo igual
que me follabas el coño. ¿Lo entiendes?- dejé de moverme para sentirme
sodomizada al antojo de Oscar.
Oscar hizo caso y aferrándose a
mis caderas comenzó a moverse.
.-Eso es fóllame el culo- grité
al tiempo que de nuevo se apoderaba cierto dolor de mi cuerpo.
.-Más fuerte, joder, métemela más
fuerte- provocaba a Oscar para que me empotrase más deprisa.
.-
¡¡Eso es, asíii, fóllame el culo, fóllamelo bien!!- le incitava.
.-¿Te
gusta esto?- me preguntó Oscar.
.- Me
encanta joder, ¡¡¡me encanta!!!, ¡¡¡fóllame más fuerte!!!- lo provocaba como
podía.
.-
¿Te gusta follarme el culo?- le preguntaba entre embestida y embestida.
.-
Si, si siiih, joder que culo más rico tienes- pronunciaba Oscar fuera de sí.
.- Dime
que te gusta follarme el culo, llámame cosas, ¡¡insúltame!!- estaba
completamente enloquecida.
.-
¿Qué quieres que te diga?- preguntó Oscar sorprendido.
.- Lo
que quieras, llámame puta, zorra, guarra...¡¡estoy a punto de correrme!!- le
hice saber.
.-Serás
puta- pronunció Oscar.
.- Eso es, quiero más, quiero que
me partas en dos, que me revientes. No quiero que me guste, lo oyes, más fuerte
joder – lo incitaba obteniendo resultados.
Oscar comenzó a follarme cada más
fuerte, y cuanto más fuerte lo hacía, más fuerte le pedía.
.- Eso es, fóllame por el culo,
así, deprisa-. El ritmo de Oscar resultaba frenético.
.-Azótame vamos, dame nalgadas en
el culo- le ordené.
.-Splash, splash, comenzó a darme
manotazos en el trasero.
.-Tú- ordene a Eduardo –tírame
del pelo hacía atrás hasta que me duela-.
.-Y tú, haz el favor de
pellizcarme los pezones- le ordené a Alfonso.
Me corrí, me corrí de saberme la
tía más puta que esos tres chicos conocieran jamás. Sabía que no habría ninguna
mujer que me superase.
Por suerte Oscar tampoco tardó
mucho en correrse en mi interior. Pude sentir su leche quemando en mis
entrañas. Las contracciones cuando me la sacó hicieron que su semen resbalase
por mis muslos.
.- Ahora iros a ducharos a la
piscina. Necesito descansar. Y de esto ni una palabra a nadie – quise zanjar el
tema.
Los tres muchachos se recolocaron
sus bañadores como buenamente pudieron y abandonaron las habitación en
silencio.
Yo me quedé adormilada hasta el
día siguiente. Concretamente hasta que Judith apareció por la puerta y me
preguntó que tal había pasado la noche anterior.
Simplemente le dediqué una
sonrisa al saber que se la había chupado a su novio.
Besos,

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