jueves, 28 de noviembre de 2024

Happy Beach Club

 


Happy Beach Club

Aquellas vacaciones pudimos escaparnos en familia a la playa, al típico pueblo pequeñito de la costa mediterránea que en verano multiplica su población. Repleto de chiringuitos de playa, bares, restaurantes, discotecas y la novedad de ese año: el Happy Beach Club, a orillas de la playa y cuya publicidad aparecía en todas la revistas femeninas de tirada nacional. No resultaba de mi interés, entre otras cosas por los precios desorbitados de sus servicios y consumiciones.

Así que los días transcurrían por la mañana en la arena de la playita, ducha, comidita, una buena siesta y paseo al caer el sol para picar algo y vuelta a empezar al día siguiente en una nueva rutina.

Disfrutaba de broncear mi cuerpo por la mañana junto a mi marido y mi hijo en la tumbona en la playa. Como es normal en mis veranos, también apreciaba la mirada de algunos hombres que me miraban con deseo, situaciones que aunque vergonzosas al momento, a posteriori te levantan la autoestima. Es lo que tiene la playa, te anima a desinhibirte de algunos complejos de tu cuerpo. Al menos por mi parte durante los días de playa, como te diría yo, te animas a ponerte vestidos veraniegos más fresquitos, muchas veces sin sostén debajo, abuso más de llevar tangas por prenda interior, transparencias y en general prendas y tops que no se me ocurriría ponerme en mi ciudad habitual y mucho menos para ir a trabajar.

Debo confesar que hace ya un par de veranos mi marido y yo compramos una tabla de paddel surf. Aprovecho los ratos en los que voy a remar sobre la tabla y me alejo de la orilla para deshacerme del top y minimizar que el bronceado no me deje marca de tirantes. Es mi pequeña travesura a espaldas de mi marido.

Recuerdo que era viernes al mediodía cuando recibí la llamada de mi compañera Laura. Laura era una compañera de trabajo del mismo departamento que yo, tomábamos el café juntas en el grupo de la empresa y muchas veces nos contábamos nuestras cosas. Es una buena compañera y mejor profesional, me llevo muy bien con ella. Ella tiene veintiocho años, es cinco años más joven que yo, digamos que desde que se incorporó a la oficina siempre ha sido como una relación de hermanas. Siempre me pide consejos de sus problemas y yo disfruto ejerciendo de consultora. Me recuerda mucho a mí cuando tenía su edad.

Sé que entró en la empresa porque alguien de su familia conocía a los jefazos, proviene de familia adinerada y siempre ha sido algo pija a la hora de vestir. Por eso no me sorprendió cuando me llamó al móvil.

.-Tía, ¿tú no estabas veraneando donde han abierto el Happy Beach Club, ese que anuncian en todas las revistas y redes sociales?- me preguntó tras las tres o cuatro frases de cortesía.

.-Si claro- respondí.

.-Jolín, menos mal, tenemos que quedar mañana- dijo anunciando sus intenciones.

.-Si, bueno, vaya ¿vas a venir?- quise saber que lío se llevaba en la cabeza.

.-Pero que pava eres tía. Te cuento lo que me ha pasado, tengo dos entradas para el Happy Beach Club, iba a ir con Vane, pero va la pava y me dice que no puede, así que pensé…¿no es allí donde me dijo mi compi que se iba a veranear?. Por eso te llamé, tienes que venir conmigo.- me dijo de golpe y porrazo.

.-Bueno.., esto…, yo- titubeé, no me hacía mucha gracia la verdad su plan.

.-Por fi, por fi, por fi, es el acontecimiento del verano y no me lo puedo perder- me suplicó por teléfono. Imaginé lo que eso suponía para ella y no me lo perdonaría nunca.

.-Bueno, está bien, déjame que lo hable con mi marido, mañana es sábado, esto trastoca nuestros planes, tendrá que cuidar de nuestro peque- quise guardarme la baza de echarle la culpa a mi marido por si me arrepentía.

.-Genial tía, ponte guapa, el sitio es guay, las invitaciones son de pase nocturno, así que quedaremos a las once de la noche, te digo el hotel y me pasas a recoger. Eres la mejor. Te quiero Sandra- y colgó.

Sinceramente creí que mi marido se lo tomaría peor, pero fue él quien me animó a salir de fiesta con mi compañera de trabajo.

Al día siguiente bajamos a la playa como todos los días, supongo que al ser sábado había mucha más gente que entre semana. Cuando me tocó el turno de salir en la tabla procedí con mi ritual de remar en top less. La sensación siempre me ha resultado muy agradable, la brisa del mar acariciando mi cuerpo, sentirme libre, el calorcito del sol, en fin, un ratito para mí sola. Ese día también había mucha más gente dando vueltas con las tablas, así como motos de agua y embarcaciones.

Reconozco que entro en una especie de trance cuando doy paletadas en pie sobre la tabla surcando las aguas y sintiendo la brisa del mar acariciando mi cuerpo. Por eso no me percaté de que había un par de muchachos que me seguían allí donde remase. Sus intenciones no parecían otras que disfrutar de la visión de mi cuerpo. Fijándome bien era la única chica en top less remando y enseñando medio culo, pues la braguita del bikini era generosa. Incluso pude apreciar sus erecciones bajo sus bermudas. Me hizo gracia la situación. En otras circunstancias me hubiera molestado pero por lo que fuese lejos de disgustarme me gustó ser el objeto de deseo de aquellos dos muchachos. Reconozco fui un poco traviesa y disfrute provocándolos. Surgió mi vena exhibicionista y pasé un rato agradable enredando con ellos.



Por lo demás el día transcurrió de lo más normal y monótono, vamos, lo que buscamos cuando estamos de vacaciones. Fue al despertar de la siesta cuando mi marido me recordó la cita con Laura. Le envíe un mensaje a mi compañera para corroborar lo de ir al beach club y ella me devolvió una llamada. Me indicó que sí, que estaba alojada en el único hotel de cinco estrellas y que pasase a buscarla a las diez de la noche. Me preguntó que pensaba ponerme de vestido y le indiqué que tampoco nada del otro mundo a lo que ella entró en pánico.

.-Retira lo de venir a las diez, pásate a las nueve y miramos que vestido te puedo dejar- me dijo sin admitir una negativa por respuesta y sin dejarme replicar. En unas pocas frases más terminamos la conversación sin darme opción a oponerme.

Así que tras dar el paseo de la tarde y picotear algunos pinchos con mi marido y mi hijo me presenté a las nueve en la habitación 301 del hotel de Laura tal y como me indicó.

Tras las presentaciones y charla de rigor iniciales pasamos a la acción. Laura me sacó de su armario los dos o tres vestidos que había pensado para mí. Yo hubiera elegido uno algo más largo de falda y menos escote, pero una vez me lo probé ella lo descartó. A su manera me obligó a elegir un petite black dress Carolina Herrera muy atrevido para mi gusto. La parte superior eran unos tirantes super finos, por lo que quedaba descartada por completo la opción de llevar sostén. No me gusta se aprecien los tirantes y por tanto el tipo de sostén que llevaba – el típico color carne- que tan poco atractivo resulta. Como Laura tiene algo más de pecho que yo, la tela me quedaba un poco holgada, al menor descuido enseñaba la teta. La espalda quedaba desnuda hasta la altura de la falda, una falda tan corta que tenía la sensación de ir enseñando el culo a nada que me agachara. Hacía tiempo que no me ponía minifaldas tan minis y no estaba acostumbrada. Además conforme andaba o me movía la fina tela del vestido ascendía por mis muslos de tal forma que cada poco debía andar bajándome la falda para no enseñar el color de mis braguitas. Vamos, que me sentía desnuda a pesar de estar vestida. Para colmo insistió en ponerme unos tacones de al menos 10 centímetros negros a juego.

Ni me reconocí cuando me miré en el espejo. Francamente parecía otra muy distinta, para nada iba con mi estilo y así traté de hacérselo entender.

.-Laura no creo que para tomar unas copas me tenga que vestir así, si casi parezco una puta- había sido divertido jugar a ponernos vestidos y tal, pero a la hora de la verdad no me veía. Tenía la sensación de que las tetas se me iban a salir en cualquier momento y de que iba enseñando el culo y las bragas. Además, no solo yo me veía excesivamente provocadora, estoy segura que si me viera mi marido con ese vestido me tacharía de puta, y es que yo también lo creía. Sobre todo cuando al salir de la habitación a espacios más iluminados como el ascensor, me percaté que la fina  tela del vestido se trasparentaba al trasluz a pesar de ser negra.

.-Mira tía, te lo explico, yo tengo que pillar como sea esta noche, ese local va a estar lleno de niños ricos a los que conocer y tú tienes que estar tan espectacular como yo o de lo contrario me los espantarás, así que vete poniendo pibón por lo que pueda pasar esta noche. Ese vestido vale mucho como para que se lo ponga una cualquiera. Tenemos que ser el centro de atracción de todos los hombres para elegir nosotras, ¿lo entiendes?. Tienes que estar espectacular- me aclaró sus intenciones.

Visto lo visto en esta ocasión me dejé aconsejar por ella, parecía conocer muy bien este tipo de fiestas. Nunca me había maquillado tanto y mucho menos maquillado hasta el escote. Me miré en el espejo por última vez y me alegré de haber escogido un tanga negro esa noche por prenda interior, de lo contrario se hubiese transparentado todo. Laura me dejó también alguna que otra pulsera de oro para adornar mi cuerpo y sobretodo un collar con una cruz de brillantes incrustados.

.-Laura esto es demasiado, no creo que haga falta todo esto- dije mostrando mis objeciones a tanta sofisticación una vez más.

.-Oh, venga, tenemos que estar espectaculares, no podemos ser menos-me rebatía. Al final terminé cediendo a sus pretensiones, sobre todo cuando bajamos al garaje del hotel y comprobé que su papi le había dejado un espectacular mercedes para acudir a la fiesta.

.-Pero si está aquí al lado, podemos ir andando- protesté por última vez antes de que Laura me replicase de nuevo.

.-No querrás que te vea tu marido con mi vestido, ¿verdad?- se mofó de mí y de mi recato durante todo ese rato, en especial cuando comprobé en el mismo ascensor que la tela llegaba a transparentarse marcando mis curvas y mi silueta.

Y lo cierto es que Laura tenía razón. Comencé a darme cuenta de sus sabios consejos nada más llegar a la entrada del club. El mercedes de papi no era ni de los mejores coches que esperaban a que los aparcacoches del club los llevasen al parking. Como no podía ser de otra manera la alfombra roja hacía el paseíllo de los VIP mientras veía que al otro lado del cordón dorado gente sin invitación hacía fila para entrar. Era todo como muy exclusivo, muy de película.

Laura enseñó su invitación VIP y el portero muy amablemente nos dijo:

.-Encantado de su visita a nuestro club, la invitación se corresponde con la reserva de una cama balinesa, concretamente la 22. Acompáñenme- y dicho esto nos hizo indicaciones para que lo siguiésemos.

Recorrimos el hall de entrada y recepción y nos adentramos paralelamente a una serie de piscinas y jacuzzies, giramos por el espacio entre varias de ellas hasta llegar a una de las muchas camas balinesas al otro lado de las piscinas donde el portero nos indicó que la botella de Moët Chandon estaba incluida en la invitación.

.-Esto es una pasada, esta guay ¿no crees?- me dijo Laura nada más aposentarnos en nuestro espacio reservado dispuesta a descorchar la botella de champagne.

.-La verdad es que sí- dije observando el ambiente. Desde luego en mi vida había estado en un sitio como ese y seguramente ni lo volvería a estar.

Algo más relajada pude comprobar que las instalaciones tenían como forma de “L” invertida. La parte más alargada era una sucesión de distintos vasos en plan spa y jacuzzis. A un lado las camas balinesas y al otro lado de las piscinas, durante el día, se adivinaban distribuían las tumbonas individuales recogidas para la noche. La parte más ancha en cambio hacía de restaurante durante el día y discoteca por la noche. La zona trasera más pegada al mar estaba lo suficientemente oscura como para que los que quisieran hacer travesuras pudieran esconderse entre los andadores. Bancos con sillas y mesas entre jardines, con setos y secretos, e incluso un embarcadero en el que se veían un par de yates y amarres disponibles para alguno más.

Tanto a Laura como a mí nos gustó observar el ambiente desde nuestra posición. Era todo muy “pijo” y sofisticado. Todo el mundo parecía salido de una serie californiana con cuerpos esculturales.

La cama 21 estaba vacía y en la 23  dos parejas que parecían amigos entre los cuatro charlaban entre ellos al igual que nosotras dos.

Me fijé en ellos más que en ellas, impecablemente vestidos, todos con sonrisa de anuncio, ropa cara, camisas de marca, relojes de joyería, desde luego nada que ver con mi marido que no se había puesto una camisa durante todo el verano, siempre en camiseta.

Ellas destacaban por los vestidos, las joyas y sus cuerpos perfectos. Ni una gota de grasa, cremas caras, mucho channel y horas de gimnasio para lucir espectaculares en este tipo de fiestas. Ni que decir tiene que parecían todas niñas salidas de una pasarela de moda. Laura tenía razón si pensaba que nuestros vestidos eran atrevidos, todas lucían generosos escotes y mostraban sus largas piernas. Parecía una fiesta de revista a lo Marbella, Mónaco o Dubai.

Permanecimos tumbadas comentando el ambiente y nuestras cosas de trabajo mientras nos bebíamos la botella de Moët de cortesía. Reconozco que por la tarde había picado poco y que el champagne me entonó más de lo esperado. Por eso no puse objeciones cuando Laura propuso ir a la pista de baile.

Nada más ponernos a bailar fuimos el centro de atención de muchos de los hombres y muchachos que nos rodeaban. El coqueteo y las miraditas se hicieron evidentes. Resultó incluso acosador que tanto Laura como yo fuésemos de las más deseables dada la atención despertada en los machitos de nuestro alrededor. Laura parecía acostumbrada a sentir y lidiar con todos esos ojos que nos observaban con deseo. Yo en cambio en un principio me sentía fuera de sitio, no me gustaban las miradas de babosos alrededor a la caza de un descuido en mi escote o mi falda. Los roces de los cuerpos en la pista de baile se me hacían incómodos, sobre todo las tocadas de culo disimuladas. Tan sólo la alegría de mi compañera Laura y el ver que ella sí estaba disfrutando mientras bailábamos me llevaban a permanecer en aquella pista concediendo otra oportunidad a la noche. Así que decidí concentrarme en mi baile, aislarme y disfrutar de una música que sí merecía la pena. Francamente el DJ lo estaba llevando bastante bien y logró que me aislase del mundo que me rodeaba.

Al poco tiempo de estar las dos juntas bailando el primer grupo de valientes nos ofreció una copa. Bueno, más bien invitaron a Laura quien sabía manejar muy bien la situación. Yo acepté en claro papel de comparsa, así cayó el primer mojito de la noche. Al que después de una hora más o menos eran tres los mojitos que mojaron nuestros labios de pretendientes interesados. Cuando un grupo de muchachos se nos acercaban, era claro el pretendiente que aspiraba a conquistar a Laura. El resto de amigos me preguntaban cosas y entablaban conversación conmigo más bien por compromiso. Sin ser descortés con los muchachos, dejaba evidente que yo estaba por la labor de bailar y poco más.

Mientras los pretendientes entraban y salían al albedrío de Laura me pude ver a dos muchachos que en cambio no dejaban de mirarme concretamente a mí fijamente. Me resultó curioso esa fijación por contemplarme y reírse. En una ocasión en que los sorprendí observándome se dieron un codazo entre ellos al tiempo que ambos asentían afirmativamente con la cabeza.

.-Que sí, que sí, que es ella- escuché que le decía el uno al otro, lo cual despertó mi interés por saber a qué podían hacer referencia.

.-Perdonad, ¿os conozco de algo?- me acerqué a ellos como tigresa dispuesta a salir de dudas y de tanta tontería.

.-Conocer, conocer, no nos conocemos, pero yo soy Luis y este Miguel- dijo el más osado haciendo las presentaciones al tiempo que ambos intercambiaban dos besos conmigo.

.-¿Y se puede saber ahora que ya nos conocemos dónde nos podíamos haber visto antes?- quise salir definitivamente de dudas.

.-Claro que sí, ¿no recuerdas?, esta mañana, nos encanta el paddle surf, ¿a ti también no?- dijo el tal Luis en plan gilipollas provocando que me sintiera avergonzada. Al muy cerdo se le caía la baba de saber que la hermosa mujer a la que por la mañana le había visto los pechos y el culo la tenía delante de sus ojos.

.-Pues no, no recuerdo- fingí tratando de restarle importancia al mismo tiempo que me sentía desnudada con su mirada. En esas llegó Laura algo celosa al ver que por una vez en todo ese tiempo era yo y no ella el centro de atención. Quiso comprobar lo que sucedía.

.-Hola, ¿no vas a presentarme a tus amigos?- me preguntó para meterse en la conversación.

.-Guau!!, hoy es nuestro día de suerte- dijo Miguel que era algo más educado – nosotros somos Miguel y Luis, encantado de conocerte- pronunció antes de propinarle los besos de rigor a Laura en la presentación. Se notaba que se gustaban a primera vista.

Tras unas pocas palabras más de cortesía enseguida nos pusimos a bailar. En el reparto Miguel se lo montaba con Laura mientras a mí me tocó con Luis que no dejaba de desnudarme con la mirada. Resultó ser bastante baboso. El muy cerdo aprovechaba cualquier excusa para tocarme y rozarse conmigo más de la cuenta. Menuda noche de m… se planteaba por delante. Luis aprovechaba la más mínima oportunidad para toquitearme. El culo me lo tocó cuanto quiso, pero fue en un sutil roce a uno de mis pechos cuando decidí salir de allí. Lo sentía por Laura pero aquello ya era demasiado. Vale que no era la primera vez en mi vida que me manoseaban de esa manera y tampoco era para montarle un numerito al chaval. Así que en vez de darle una bofetada que era lo que se merecía decidí excusarme con ir al aseo y poner aire de por medio.

Me fui al baño enfadada conmigo misma, entre otras cosas quise refrescarme la cara, retocarme el maquillaje y aplicarme más lápiz labial rojo. Fue al mirarme en el espejo cuando me percaté que había perdido el colgante de oro que me había dejado Laura. Entré en verdadero pánico. No sé cuánto podía costar el collar pero desde luego de pagárselo - y no contemplaba otra opción - haría un roto en mi maltrecha economía familiar. Además de tener que darle un montón de explicaciones a mi marido. ¡Dios mío estaba pérdida!. La histeria se apodero de mí tras comprobar en el espejo del baño que el colgante no lucia en mi escote.

Cuando regresé a la pista de baile por suerte no vi a Laura, ni a Luis ni a Miguel. Casi que me alegré de no tener que explicárselo. Lo último que deseaba era tener que aguantar al niñato y su sonrisita. Traté de disimular mi desesperación, más que bailar me dediqué a ir buscando por el suelo por si veía el colgante. Incluso les pregunté a un par de camareros por si alguien se lo había encontrado y gentilmente entregado a los trabajadores del club. Pero ni rastro del colgante. Llegué a pensar si Luis me lo podía haber robado, pero no encontraba a ninguno de los tres. Habían desaparecido como el colgante.

Desanimada al no encontrarlo decidí acercarme hasta la cama balinesa del inicio de la noche, era mi última esperanza. Pensé que tal vez Laura estuviese allí y quién sabe si lo tendría ella. Pero nada de nada. Cuando llegué hasta la cama balinesa ni Laura ni atisbo a primera vista del colgante. Me puse a buscarlo como loca entre los diferentes cojines. Me percaté del espectáculo que debía estar dando con posturas imposibles y con un vestido tan corto cuando escuche una voz masculina proveniente de la cama 21 de al lado pronunciar:

.-¿No estará buscando este colgante?- su pregunta sonó a música celestial para mis oídos. Máxime cuando me torné a ver al hombre que había emitido tan dulces palabras con cierto tono francés y vi que efectivamente mostraba el colgante de Laura entre sus manos.

.-Oh, sí, gracias, no sabe cuánto se lo agradezco- dije poniéndome en pie frente aquel tipo muerta de vergüenza por el espectáculo que debía haber dado en mi desesperada búsqueda sin ser consciente de ello hasta ese momento. Ese tipo de seguro me habría visto los cachetes del culo en alguna postura y quién sabe si hasta los pechos.

.-Permítame que se lo coloque, las cosas bellas siempre deben ir juntas- contestó galantemente.

Antes de que pudiera reaccionar a mi vergüenza, aquel hombre se había situado detrás de mí y recogiéndome el pelo a un lado como si fuese una princesa de cuento, me estaba colocando él mismo el collar para mayor de mi tranquilidad. Debo reconocer que cuando lo hizo, sus manos rozaron mis hombros de forma sutil y agradable. Hasta tal punto que se me puso la piel de gallina. Un escalofrío recorrió mi cuerpo de abajo arriba.

.-De verdad, no sabe cómo se lo agradezco- me repetía al tiempo que tocaba y miraba el colgante en mi cuello sin creerme que lo hubiera recuperado. Mis nervios comenzaban a minorar y me sentí más relajada.

.-Permítame entonces que la invite a una copa y me daré por agradecido- me sorprendió su invitación tan directa y descarada con tal peculiar acento. Eso sí, todo en un tono cortés y galán que me sorprendía y contrastaba después de tanto baboso.

Fue entonces cuando me fijé en los detalles que hasta el momento habían pasado inadvertidos por los nervios. Quise mirar de abajo arriba y detenidamente al tipo que me había salvado prácticamente la vida. Al menos me había librado de dar explicaciones a mi marido y a Laura. Aquella voz y esas manos pertenecían a un apuesto caballero entorno a los cuarenta y pico años, unos diez años mayor que yo, elegantemente vestido de lino blanco. Mallorquinas, pantalones blancos no muy arrugados, camisa cuello Mao y decorado tan solo con un Patek Philippe en su muñeca. Más que suficiente para demostrar que tocaba dineros.

.-Perdona que no me haya presentado, mi nombre es Hugo- dijo al tiempo que se quitaba las gafas de sol tras las que escondía unos ojos negros que le conferían una mirada cautivadora. Me propinó dos besos en las mejillas a modo de auto presentación. Su aroma a Van Cleef me llegó antes que el roce de nuestros rostros. Al hacerlo deslizó su mano por mi espalda acariciando mi piel desnuda y provocando un nuevo escalofrío que erizó mis pezones al instante.

De nuevo me sentí abrumada por su iniciativa directa. El típico tío que se veía seguro de sí mismo y siempre consigue lo que quiere. En mi caso, como casi siempre que me veo acosada salté a la defensiva.

.-Muchas gracias por haber encontrado el colgante, de verdad, te lo agradezco muchísimo pero no tienes por qué invitarme a esa copa. No quiero hacerte perder el tiempo pero soy una mujer casada. Estoy segura de que tienes otras muchas chicas a las que invitar esta noche- y dicho esto quise marchar de allí en busca de Laura para dar por terminada la fiesta. Ya había tenido demasiadas emociones.

Pero de nuevo aquel hombre de piel extremadamente bronceada, cuya sonrisa con los dientes más blancos que hubiera visto nunca y pelo ligeramente engominado, anticipándose a mi reacción dijo:

.-De que es usted una señora felizmente casada no me quedó ninguna duda desde el primer momento en que la ví…- pronunció al tiempo que cogía mi mano y a modo de reverencia real me daba un beso en el torso justo, en el sitio en el que lucía mi anillo de compromiso.

.-…pero al menos podrías decirme tu nombre antes de rechazar mi invitación- pronunció al tiempo que él mismo se sentaba en la cama y sin soltarme de la mano hacía indicaciones para que me acomodase junto a él en el cojín. Inevitablemente no me quedó otra que seguir sus gestos y terminar sentándome a su lado.

.-Está bien tú ganas-. Me presenté y acepté su invitación mientras me acomodaba en el diván a su lado y doblegaba mi voluntad haciéndome cambiar de opinión.

Como si todo estuviera orquestado nada más sentarme apareció un camarero con una champanera y una botella de Krug Grande Cuvee, acto seguido procedió a descorchar la botella y hacer los honores de servir las dos copas. Me quedé impresionada, había mirado la carta al sentarme con Laura y aquella botella costaba más de 400 euros, mucho más que el Moët de la invitación.

.-Me habían dicho que tu amiga y tú habíais pedido champagne, pensé que te gustaría- dijo de nuevo con acento disimulado chocando su copa con la mía iniciando el brindis. Ambos bebimos el primer sorbo sin dejar de mirarnos a los ojos, desafiantes, como aceptando algún misterioso reto, por su forma de brindar y de llevarme hasta ese primer trago deduje que estaba tratando de coquetear conmigo.

Era evidente por sus gestos que trataba de seducirme a pesar de haberle hecho saber que estaba casada y sin la menor intención de serle infiel a mi marido. No parecía importarle. Además, su táctica estaba clara: trataba de impresionarme.

“Cuidado Sara que estás jugando en otro nivel al que estás acostumbrada”, me dije mentalmente mientras aceptaba su invitación y le daba el primer sorbo al carísimo champagne sin apartar la mirada de los ojos a aquel tipo.

Lo miré, me miró. “¿Por qué iba un tipo como él invitar a una mujer como yo?” me pregunté mientras saboreaba el champagne en medio de un silencio que me intrigaba.

Reconozco que acepté su invitación y traté de justificarme en parte porque tenía curiosidad por adivinar sus intenciones, por otra parte porque me hizo sentir única al ser escogida entre tanta niña mona y finalmente porque bien pensado su compañía podía ser lo mejor que me podía suceder en esa absurda noche al menos hasta que diese con Laura. Además tenía la curiosidad y podía resultar interesante conocer como había conseguido el reloj que lucía como un trofeo en su muñeca o saber cómo podía permitirse una botella tan cara.

.- Ya veo que te has informado muy bien- interrumpí el silencio algo nerviosa e inquieta por la situación mientras lo observaba con más detenimiento y  le tendía mi copa para que la rellenase de nuevo.

.- Oh, no…, simplemente cuando me he encontrado el colgante le he preguntado al camarero que viene a servir las camas por las personas que habían reservado la cama de al lado, y es cuando he podido saber que debía pertenecer a una de las dos bellas señoritas que él mismo había atendido –dijo explicándose con su peculiar acento y una sonrisa en su soleado rostro.

Lo contemplé mientras se explicaba. Deduje que era el típico tío que manejaba bien la información, se notaba además que estaba acostumbrado a que todo el mundo le obedeciese y en especial a que ninguna mujer se le niegue. Emanaba riqueza, rasgos duros, dominante,… vamos todo un seductor, bien mirado hasta guapo, mayor que yo pero interesante. De nuevo me preguntaba por sus intenciones mientras lo miraba a los ojos desafiante. Mirada que siempre me devolvía. Me preguntaba si era verdad cuanto decía, pero sobretodo me preguntaba si lo que realmente quería era seducirme y acostarse conmigo.

.-Déjame adivinar, supongo que le habrás dado una buena propina al camarero por informarte..-  interrumpí mi oración para cruzar las piernas tratando de acomodarme, por supuesto él no se perdió ningún detalle de mi maniobra mientras yo continuaba con mi argumentación. Su mirada se cruzó con la mía, lo sorprendí mirándome las piernas atrapado en mi anterior gesto y por supuesto se alegró porque bebiese deprisa.

.- Bueno para serte sincero tu amiga y tú estáis espectaculares. Es difícil no fijarse en vosotras. Sobre todo tú, estás muy linda esta noche- se confesó apurando también su copa para rellenarlas de nuevo.

.-Puede que tengas razón, me dejé llevar por el entusiasmo de mí compañera, fue ella quien me convenció para ponerme su vestido y arreglarme, si por mí hubiera sido hubiese venido en vaqueros- le expliqué mientras me rellenaba la copa. 

.- Ahora entiendo…acabo de arruinar una noche de chicas- quiso saber.

.- Así lo creía yo también, pero para serte sincera ahora mismo no sé dónde está mi amiga- le seguía la conversación.

.-Al menos…¿estáis alojadas juntas?, supongo- continuó haciendo preguntas.

.-Oh no, ella ha venido de hotel, somos compañeras de trabajo, yo llevo unos días con mi marido y mi hijo en un apartamento- de repente tuve la sensación de que le estaba dando demasiada información a un tipo que parecía saber manejarla bien.

.-Espera, espera…a ver si lo entiendo…entonces…¿tú marido no sabe que estás aquí y que te vestiste tan espectacular para esta ocasión?- preguntó al tiempo que se servía su copa.

En esas que una juguetona gota de la condensación de la botella cayó sobre mi rodilla, mejor dicho, entre mi rodilla y medio muslo descuidado hasta el inicio de la falda. Hugo se apresuró a quitarla con la misma servilleta que arropaba el cava en un gesto de caballerosidad. Su contacto inocente me erizo la piel, el tiempo pareció detenerse, la conversación quedó interrumpida por una fracción de segundo. De nuevo lo miré y me miró. Sus ojos negros se clavaron en los míos.

.- Por supuesto que mi marido sabe que estoy aquí con mi amiga. Pero mira que sois simples los hombres. ¿Qué importancia tiene eso?. ¿No hay nada malo en eso?. Para empezar ha sido divertido probarme los vestidos de mi amiga, para nosotras lo de probarnos ropa es como un juego. Y sí, tienes razón, me ha gustado verme …¿cómo has dicho…,espectacular?. Pues sí, apetece de vez en cuando. ¿Acaso a ti no te apetece arreglarte de vez en cuando?, no sé, ponerte traje, ropa nueva… - le respondí tratando de hacerle entender que pese a que pudiese llamar la atención nada tenía que ver con la fidelidad hacia mi esposo.

.-Supongo que tienes toda la razón. Siento haber sido tan “simple”- pronunció con cierto rin tin tin en su entonación ligeramente ofendido por mis palabras pero sin dejar de observarme detenidamente en cada  uno de mis gestos.

.-Perdona que sea tan simple pero entonces…¿qué espera una mujer que se viste tan espectacular de una noche como esta?- me preguntó ahora algo más serio.

.-Simplemente divertirme- respondí mientras le sonreía dulcemente tratando de hacerle entender que no tenía nada que hacer conmigo, que estaba felizmente casada y que si lo que pretendía era acostarse conmigo perdía el tiempo.

Su actitud cambió de repente.

.- Caray, no sabes cuánto me alegra oírte decir eso, mejor que sea así, me dejas más tranquilo, por un momento pensé que tu amiga y tú habíais venido a la caza de algún tío que las mantenga de por vida. Créeme estos garitos están llenos de mujeres buscavidas. Ahora me queda claro que estás felizmente casada y lo que buscas es tan solo pasar un buen rato. Sabes…yo también he salido a divertirme y nada más, me alegro que coincidamos en algo y que no tenga que preocuparme por tus intenciones- pronunció algo más relajado mientras hacía señas al camarero para que nos sirviese otra botella de Krug.

.- Bueno, a mí también me agrada saber que solo buscamos divertirnos esta noche, por un momento pensé que estabas tratando de acostarte conmigo- me sinceré también mientras chocaba mi copa con la suya a modo de brindis apurándola de un trago antes de que trajeran la segunda botella. Ambos bebimos sin dejar de mirarnos a los ojos. Unos ojos que volvían a retarse.

"Eres muy descarado, Hugo, se te notan las ganas por acostarte conmigo, pero tienes la suerte de que tu compañía sea lo mejor que me pueda suceder en esta absurda noche, además…tienes la suerte de que el champagne está buenísimo y de otro modo que no sea a costa de tu compañía no me lo podría permitir", pensé mientras lo miraba a los ojos y saboreaba el estupendo caldo.

Y es que pese a sus palabras, su mirada me desnudaba de arriba abajo. Estaba convencida de que quería seducirme, llevarme a la cama y acostarse conmigo. Lo negaba pero era evidente. Reconozco que despertó mi curiosidad, me gustaba el juego. Lo de tontear con él, comprobar sus contradicciones. ¿Realmente era tan rico o era tan solo un farol?. Dudas, dudas, dudas,… quise satisfacer al menos mi curiosidad, así que tras unos breves comentarios de cortesía comencé a querer saber de él.

.- Entonces, ¿eres de por aquí?, ¿vienes a menudo? —pregunté en un momento dado de la conversación.

.- En realidad no, nací en un pueblecito cerca de Paris, mis padres sí son ambos nacidos en España y de ahí que tenga doble nacionalidad, pero para serte sincero, no tengo claro de dónde soy. La mayor parte de mi vida me la paso viajando de lugar en lugar- respondió.

En esas me rellenó la copa y aprovechamos para cambiar de tema. Así pude saber que era empresario de una empresa auxiliar del mundo de la automoción y que al parecer le iba bastante bien. Divorciado, actualmente “single” como le gustaba definirse a él, sin hijos, y poco más, pues en el intercambio de preguntas contrariamente al resto de los hombres le gustaba más escuchar que presumir.

Entre otras cosas empezamos a charlar sobre el club y sobre las distintas prendas que vestía cada uno. Fue bastante interesante. Nos reímos de cuántas chicas estaban allí mostrando sus encantos y cuántos hombres estaban parados sin saber qué hacer.

Hasta que poco a poco empecé a hablar de mí. Así es como él pudo saber más detalles de mi monótona vida de ama de casa y trabajadora de oficina sin ninguna proyección en una multinacional. Le contaba mi vida y yo misma me daba pena al reconocer que mi existencia carecía de aliciente alguno. Sin duda habíamos llegado al peor momento de la noche. No paraba de hablar de mi marido, mi hijo y mis problemas. De vez en cuando me ponía la mano en la rodilla para alentarme, un gesto de humanidad que le agradecía en esos momentos.

Supongo que no me importó cuando en un gesto cariñoso me cogió de la mano y me dijo:

.-¿Te gustaría bailar?- preguntó al tiempo que terminábamos nuestra segunda botella y desviaba la atención sobre mi trágica vida y cuanto lo estaba sermoneando.

.- Estoy convencido de que muchos hombres se pondrán celosos al verme bailar con una mujer tan increíblemente sexy como tú- concluyó para animarme mientras yo me lo pensaba.

“Sexy, ¿había dicho sexy?, eso es que me seguía viendo sexy a pesar de haberle soltado el rollo de mi vida” pensé mientras nos incorporábamos a la pista de baile. Reconozco que supo animarme con sus piropos después de mi pequeño bajón. Me parecía increíble que aquel tipo quisiera seguir la noche conmigo después de soltarle una buena chapa con mis problemas.

Para colmo Hugo era un buen bailarín. Lo tenía todo. De vez en cuando me cogía de las manos para bailar, aunque también era una forma de indicarles al resto de machitos de la disco que estaba con él y que hicieran el favor de no molestar. Por mi parte me esforcé por mostrarme “sexy” y bailar provocativamente para él. Había logrado levantarme el ánimo y era lo menos que podía hacer por ese tipo. Resultaba curioso que recuperar mi dignidad como mujer implicase mostrarme como un objeto de exhibición por su parte ante otros tipos. Se notaba le gustaba presumir ante los otros hombres de mi compañía y yo procuraba satisfacer su ego en agradecimiento por haberme aguantado.

Al margen de todas esas tonterías, francamente disfruté de su compañía. Hacía tiempo que no gozaba tanto bailando con un hombre. Tal vez desde la Universidad. Mi marido nunca baila, siempre se apalanca en la barra del bar. Hugo era distinto en ese sentido. Había conseguido animarme después de haber puesto en evidencia mi aburrida y vulgar existencia y tanto a él como a mí nos gustaba disfrutar de que en esos momentos estuviera tan espectacular y sexy.

Inevitablemente con los giros y pases se sucedían los roces y las caricias. Nunca había llevado un vestido con la espalda desnuda, y lo único que recuerdo era el escalofrío que producía en mi cuerpo el tacto de su mano en mi piel.

Si me acariciaba en la zona baja de mi espalda porque se acercaba a rozarme el culo, y si lo hacía en la zona alta porque me rozaba el inicio de mis senos desde la espalda. Además, se hizo evidente que si bien al principio de los bailes me dejaba llevar la iniciativa, con el transcurso de la música fue él quien poco a poco imponía su estilo. Lo tenía todo fríamente calculado.

Creo que fue precisamente esa sensación, la de dejarme llevar y dominar, con la que poco a poco me estaba llevando a su terreno. Definitivamente Hugo era un buen seductor, tanto dentro como fuera de la pista de baile.

Recuerdo que en cierta canción me puse a perrear y mover el culo de forma vulgar delante suya. Eso le puso nervioso y en cambio yo disfrutaba de ver que perdía el control. Sin Intención por mi parte y fortuitamente al final de la canción pude notar su miembro rozando mi trasero. De repente yo también comencé a sudar. El roce de sus partes íntimas produjo un calor incontrolable que se apoderó súbitamente de mi cuerpo mientras Hugo me abrazaba por mi espalda. Estaba sofocada y acalorada de tener su cuerpo pegado al mío. Entonces pude sentirlo, mi cuerpo había reaccionado con una familiar humectación preparatoria en mis bragas. Conocía esa sensación y debía detenerla. Aquel tipo había logrado que mi cuerpo reaccionase contrariamente a mis sentimientos. Hugo era una excelente compañía, pero tuve miedo cuando me percaté de la alerta que estaba mandando mi cuerpo. Esa parte incontrolable de mi cuerpo que tan sólo yo era capaz de advertir. Pensé que era el momento de parar.

.-¿Por qué no nos acercamos a la barra a beber algo?. Estoy sudada y tengo sed. Necesitaba un descanso después de tanta caricia y roces sutiles, embriagada por el baile. Pero sobretodo necesitaba parar los estímulos. Creo que incluso Hugo lo agradeció, el roce derivó en un momento tenso.

Nada más llegar a la barra yo me acomodé en un taburete de esos altos mientras Hugo pedía las consumiciones. Los tacones me estaban matando. Él prefirió permanecer en pie a mi lado. “Un gin tonic y un mojito” pidió. Al poco de chocar nuestras copas y brindar puso su mano suavemente sobre mi rodilla mientras charlábamos de tonterías. Ya lo había hecho antes en el diván mientras le contaba mis penas y por eso no quise retirársela. Pero reconozco que su mano en mi pierna aceleraba la humectación que había surgido entre mis piernas. Tuve que realizar un esfuerzo por apartar las sensaciones a un lado y centrarme en la conversación.

Hugo me hizo sentir bien. Era agradable ese grado de complicidad entre ambos. Realmente estaba disfrutando de su compañía. Ahora era él quien me contaba anécdotas divertidas de su vida. Me hacía reír. El alcohol ingerido ayudaba en parte. Supongo que estuve un rato distraída sin noción real del tiempo hasta…hasta que a lo que quise darme cuenta su mano acariciaba no solo mi rodilla sino que se deslizaba poco a poco acariciando mi muslo.

De repente se había ido la chispa y regresado la humedad a mis bragas. Yo estaba inmersa en una montaña rusa donde mis sensaciones y sentimientos subían y bajaban en fracciones de segundo.

Miré fijamente su mano en mi pierna. Mi cuerpo se puso tenso al comprobar que aquella mano no me acariciaba inocentemente como me pensaba. Hugo se estaba excitando comprobando la suavidad de la piel en mi pierna. Como buen seductor Hugo se percató de que hasta ese momento yo había consentido su caricia sin prestarle mayor atención, inocente e inconsciente, pero a partir de esa mirada aquella caricia lo cambiaba todo.

De nuevo lo miré, me miró y sin saber por qué le sonreí.

Le sonreí y eso le bastó para atreverse con todo el descaro del mundo a deslizar su mano por mi pierna hasta el inicio de la tela de mi falda. Me hizo cosquillas a la vez que un escalofrío recorría mi cuerpo. Las cosquillas me llevaron a sonreír de nuevo y él lo interpretó como que podía ir más allá del límite de la falda. Su mano llegó a perderse por debajo de mi falda en una declaración de intenciones. Tuve que descruzar y cruzar las piernas para atrapar su mano entre mis muslos. No podía consentir su maniobra descarada en posición tan visible en medio de la barra a la vista de todo el mundo.

Tuve la sensación de que su mano era como un hierro candente atrapada entre dos trozos de mantequilla. Desprendía un calor que abrasaba en medio de mis muslos. Pude sentir una vez más esa sensación humectante en mis bragas ya incontrolable. Me encontraba en ese estado en el que tú misma lo hueles. ¡Estaba empapada ahí abajo!.

Por suerte sonó mi teléfono rompiendo la situación. Al abrir el bolso comprobé que era mi marido quien llamaba. De repente Hugo y yo volvíamos a ser dos seres distintos.

.-Hugo, tengo que irme un momento mi esposo me llama- Me excusé mientras me ponía en pie para alejarme de la barra y el ruido.

Me alejé varios metros de Hugo al tiempo que me preguntaba cómo podía manejar la situación. Por un lado mi marido que me reclamaba; lo típico de es muy tarde, ven pronto, nuestro hijo pregunta por ti, y todas las frases de celos encubiertos típicas de estas situaciones.

Por supuesto que mientras hablaba con mi esposo al teléfono dudaba entre quedarme o irme.

Quedarme porque francamente me lo estaba pasando bien a pesar de la situación algo incómoda con Hugo justo antes de la llamada. Además, aún no sabía nada de Laura, debía localizarla.

Irme, porque tal vez los argumentos que escuchaba de mi marido fuesen razonables y ya valía por esa noche. Ya había tenido mi dosis de adrenalina por esa noche.

Mientras hablaba con mi esposo podía ver a Hugo indicándome que se dirigía de nuevo hacia la cama balinesa donde un camarero se apresuraba a preparar otra botella de champagne. Sin duda una oferta tentadora. Sobre todo porque mi marido empezó a ponerse celoso y estropeó el momento con su especial habilidad. Hubiesen bastado unas palabras algo mimosas por su parte y hubiera salido de ese club disparada a casa con la intención de hacer el amor con él. Siendo sincera conmigo misma estaba caliente y necesitaba follar con él. Pero basta que me digan lo que tengo que hacer para que haga lo contrario.

“Será mejor que vuelvas a casa. Tienes un hijo que te reclama” encima puso al crio como excusa, que forma de tirarlo todo al traste. Le hubiese hecho el amor hasta dejarlo exhausto, pero como casi siempre tan solo metió la pata hasta el fondo.

Así que algo molesta con mi esposo decidí volver y al menos tomarme otra copita de Krug con Hugo hasta que apareciese Laura. Lo último que deseaba después de todo era regresar a casa vestida tan “espectacular” y que mi marido me montase otra bronca tras la llamadita.

La conversación con mi esposo terminó mal. No me pidió que regresase, me lo ordenó y de la forma más ruin y miserable que podía hacerlo. No hay nada que peor me sepa. Vamos, que si antes de la conversación dudaba entre quedarme o irme, ahora ya lo tenía claro.  

Antes de acudir donde Hugo necesitaba pasar por el baño, sosegarme y ver si de paso encontraba a Laura en el camino. Fue al orinar cuando pude comprobar una tibia mancha en mis braguitas. Era imposible. ¿Cómo?. Yo no me lo había planteado en ningún momento aunque mi cuerpo reaccionase de otra manera.  

Me arreglé de nuevo un poco frente al espejo. Tampoco quería regresar corriendo donde Hugo, quería que sufriese de impaciencia. Me gustó ser traviesa y saber que tenía el poder sobre ese tipo. Mientras me peinaba y retocaba mi lápiz de labios no dejaba de pensar en lo que acababa de comprobar. Necesitaba razonarlo: el alcohol, los roces, las caricias, las miradas, el entorno, la situación, el perfume, su presencia, su autoridad,…era todo química hormonal, tan sólo química, nada de sentimiento. Pese a la pequeña discusión mis sentimientos por mi marido eran claros. Hugo era solo un entretenimiento hasta dar con Laura. Consideré la humedad de mi tanga como daños colaterales y nada más.

Regresé dónde Hugo un poco nerviosa y emocionada, pensando: "Dios, ¿pero por qué estoy haciendo esto?". Enseguida encontré la respuesta. Simplemente porque ir vestida de manera tan espectacular en un club de ligue era más que una locura para una mujer casada como yo. Y si hay algo que me encanta hacer en este mundo son esas pequeñas locuras. Me lo tomaba como un juego. Además, ¿a quien no le gusta sentirse alagada?, en ese sentido Hugo sabía hacer como sentirte una auténtica princesa y en esos momentos lo necesitaba.

Ya en la distancia pude ver que Hugo fijaba su mirada en mis piernas mientras caminaba hasta su posición. Sin duda debía adivinar mi figura al trasluz con la fina tela del vestido. Pude ver su deseo en su mirada mientras me acercaba.  Se le veía sonriente y seguro de sus posibilidades al comprobar que la mujer casada a la que llevaba cortejando toda la noche regresaba tras acariciarle descaradamente las piernas y tras conversar con su marido. Se pensaría que regresaba dispuesta a acostarme con él. Pobrecito. Si supiese lo mucho que me gustaba jugar con él. Lo único que me atraía era el peligro en el que estaba derivando la noche. El reto. La adrenalina de saber que tarde o temprano tendría que rechazar a Hugo una vez más, porque estoy segura de que intentaría algo conmigo. ¿Cómo?, ¿cuándo?, la curiosidad podía más que la cordura. Ese parecía ser el juego.

Nada más llegar a su posición se incorporó para tomarme de la mano y ayudarme a sentarme a su lado, todo muy en plan galán,  esperé unos momentos antes de decir una palabra:

.-Oye, Hugo, lo siento, tuve que atender esa llamada- pronuncié tratando de disculparme por haberlo hecho esperar.

.-No tiene importancia, sabes…me alegro de verte, por un momento pensé que en realidad te habías ido- dijo mientras rellenaba de nuevo las copas.

Hugo se quedó allí pensando en su suerte, sonrió y me miró. Estoy segura de que tras mi regreso mentalmente me estaba quitando el vestido y llevando a la cama. Pronto tomamos esa bebida y luego continuamos hablando durante unos veinte minutos o así, bebiendo y por qué no, coqueteando el uno con el otro.

Hasta ahí todo más o menos según mis planes. Hugo era un hombre de conversación fácil y agradable.

En algún momento me debí preguntar cómo sería estar en la cama con él. Empezaba a encontrarlo atractivo. Madurito, debía tener sus experiencias acumuladas. Consentía pícaramente su mano en mi rodilla la cual sorprendía acariciándome de vez en cuando. Nuestras miradas se cruzaron varias veces en el punto donde su mano comprobaba la suavidad de mi piel. Sabía que ir más allá de los límites razonables estropearían de nuevo la noche y por eso se mostró comedido, cosa que agradecí.

Hugo me contaba anécdotas divertidas haciéndome reír. Me sentía feliz y por un rato logró que me olvidase de mis problemas. No sé ni cómo ni porqué, pero en un momento dado me comentó que conoció a una mujer  que solo alcanzaba el orgasmo si llevaba los zapatos puestos. Cualquier tipo de zapatos pero con zapatos. Su forma de contarlo era graciosísima. Entre otras cosas porque desconocía ese fetiche en las mujeres. Pensaba que los fetiches eran cosas de los hombres. Fue en ese momento cuando empecé a preguntarme mentalmente con cuantas mujeres podía haberse acostado aquel tipo. Lo miré detenidamente, me pareció un tipo fuerte. Quise imaginármelo como un macho al que le gustaba empotrar a las mujeres. Algo egoísta, de esos que buscan su propio placer, te dejan a medias y luego si te he visto no me acuerdo. Estaba medio convencida de que para Hugo las mujeres eran tan solo un trofeo. No lo veía un hombre tierno en la cama sino todo lo contrario.

Mi alocada cabecita quiso que me imaginase a ese hombre utilizando mi cuerpo para su propio placer. Usándome a su antojo, tratándome como a una más de sus amantes. Sexo y solo sexo. Nada de arrumacos, dulzura y cariño. Solo mi cuerpo y su placer. Sin querer las caricias de su mano en mi pierna se vieron correspondidas con mi mano sobre su pantalón de inmaculado lino blanco. Me percaté de que había cruzado y descruzado mis piernas un par de veces mientras tenía esta clase de pensamientos. Algo me había delatado. De algún modo Hugo sabía interpretar mis gestos. Conocía a las mujeres y lo demostró.

Seguro de adivinar mis pensamientos Hugo apuró de un trago su copa y me miró fijamente. Al tiempo que una mano ascendía por mi pierna con la otra mano me giró la cara para acariciarme el rostro suavemente por debajo de la barbilla y besarme en los labios. Nada más notar la presión de sus labios le retiré la boca al tiempo que lo retenía por su muñeca impidiendo el progreso de su mano por debajo de mi falda. Entre otras razones para asegurarme que no descubriese la humedad de mis bragas.

—Lo…, lo.., lo siento —se disculpó balbuceando como un niño pequeño que rompe un juguete al ver mi reacción y comprobar que se había equivocado. Lo detuve. No estaba preparada para serle infiel a mi esposo.

.-Creo que he bebido bastante, será mejor que me vaya a casa- pronuncié mirando a un lado y a otro temiendo que alguien conocido nos hubiera visto. Y lo cierto es que mientras pronunciaba estas palabras me di cuenta que en verdad no quería que acabase la noche, y menos de esa manera. A decir verdad no me importó que me besara. Es más, el contacto de sus labios parecía agradable. A lo que realmente tenía miedo era a que alguien conocido nos hubiera visto.

Hugo como siempre parecía leer mis pensamientos y adivinar mis inquietudes. Tal vez por mis gestos de mirar a un lado y al otro le evidencié mi temor, pues de nuevo supo interpretar muy bien la situación. Le dejé claro su error.

.-Siento haberlo estropeado, ¿qué te parece si nos acercamos a mi coche te dejo una tarjeta y quedamos en otra ocasión que podamos coincidir?. Me gustaría verte en otra ocasión. Me dijiste que veraneabas a menudo por aquí y que habías venido en el coche de tu amiga, puedo acercarte a casa o dónde me digas- me sugirió él mismo para terminar la velada. Ese si me pareció un buen final.

Como me pareció buena idea, asentí con la cabeza tímida y dubitativamente. Hugo me tomó de la mano hasta la salida comportándose en todo momento de nuevo como un verdadero gentleman, luego hizo un gesto al aparcacoches que enseguida desapareció para aparecer al volante de un espectacular Porsche Panamera.

Francamente quedé impresionada cuando otro portero del local me abrió la puerta. Si bien desde que intentó besarme el silencio se apoderó entre nosotros, ver aparecer semejante carruaje me llevó a preguntar:

.-¿Este coche es tuyo?- cuestioné alucinando. De nuevo me hizo sentir especial, la princesa del cuento. Lo sabía, sabía llevar los momentos.

.-Sí, lo es, sube- dijo acomodándose al volante sin darle la más mínima importancia a su coche.

.-¿Estas tratando de impresionarme?- pregunté nada más subir.

.- Tanto se nota- pronunció provocando la risa de ambos por la forma en que lo dijo arrancando el vehículo.

En el primer semáforo aproveché a echar un whatsapp a Laura.

“No te he visto desde hace un buen rato. Me voy a casa. Dame ok en cuanto puedas”

Su respuesta me llegó enseguida.

“Perdona estoy ya en el hotel. ok”

“¿Sola?” quise saber.

“Con compañía”

“¿Lo conozco?”

“Estoy con Carlos y Miguel. ¿Te apuntas?”

“Creo que no”

“Tú te lo pierdes, me lo voy a pasar muy bien con estos dos J

“Pasaré dentro de un rato a por mis cosas antes de ir a casa. Te avisaré antes.” le escribí preocupada por recoger mi ropa e informándola que le daba cierto margen de tiempo para que hiciera lo que dios sabe que pensase hacer con esos dos muchachos.

“Seguro que no quieres venir???” insistió.

“Mejor no. Pásatelo bien. OK. Besos”

“Gracias compi”

.-¿Todo bien?- me preguntó Hugo al comprobar que chateaba con alguien.

.-Oh sí, sí, todo bien. Simplemente me preguntaba dónde podía estar mi amiga-le comenté.

.-¿Y bien?- se preocupó.

.-Si, al parecer ella ha conocido a un par de chicos y está con ellos- respondí mientras releía los mensajes.

“Estoy con Carlos Y Miguel” pensé en su mensaje mientras me despedía. “¿Acaso se lo estaba montando con los dos?” Quise pensar que simplemente estarían bebiendo algo los tres en la habitación. No me imaginaba a Paula teniendo sexo con dos tíos a la vez. ¿O tal vez sí?. Conociéndola no era tan descabellado. ¡Caray con la mosquita muerta!.

Lo único cierto es que los asientos de esos coches caen un poco bajos y que al sentarme mi falda se había subido generosamente enseñando mis piernas hasta casi el inicio de mis braguitas. Como había estado descuidada chateando con Laura ni me había percatado de las miraditas de Hugo a mis muslos y de las sutiles caricias de sus manos cada vez que tocaba el cambio de marchas. Fui consciente casi al mismo tiempo que detuvo el coche. 

-¿Dónde estamos?- pregunté a Hugo una vez levanté la cabeza del móvil para comprobar que estábamos en las puertas del hotel en el que se alojaba mi amiga Laura. Por un momento incluso pensé si me había equivocado al decirle la dirección a la que acercarme. A esas alturas de la noche y con el alcohol ingerido no pensaba con claridad. Tal vez le dijese el nombre del hotel en algún momento y Hugo programase el GPS. Siquiera antes de que pudiera salir de dudas Hugo se anticipó a decir:

.-¿Pensé que sería buena idea pasar por mi hotel a tomar una última copa de champagne?- esperó a mi respuesta haciendo un esfuerzo por no mirarme a las piernas.

Lo miré por un momento dubitativa. Pude comprobar su mirada de deseo devorando mi cuerpo. Sopesé los pros y los contras en apenas unos segundos.

-Bueno, puede que esté bien. Pero una copa y me marcho- le advertí aceptando su invitación a pesar de que sabía intentaría algo de nuevo. Sería interesante saber cómo, pero por el momento necesitaba ganar tiempo pensando en poder regresar a la habitación de Laura y recoger mi ropa.

De llegar a casa y verme mi marido con ese vestido, los tacones y los joyeríos se pensaría cualquier barbaridad cuya solución pasaría por un montón de explicaciones. Así que no sería mala idea hacer tiempo con Hugo, pasar por la habitación de Laura, devolverle sus cosas, recuperar las mías y regresar a casa.

La sugerencia de Hugo no me pareció tan mala idea, así que acepté.

De nuevo me abrieron la puerta del coche al llegar al hotel, era algo a lo que no estaba acostumbrada y empezaba a pillarle el gusto a lo de ir de señora. El hotel ya lo conocía, atravesamos la recepción rápidamente intentando evitar las miraditas del personal, de verme así vestida seguro que a esas horas se pensaban que era una puta de lujo o algo por el estilo. Subimos del hall a la habitación en silencio, el rato del ascensor se me hizo eterno, lo que me impresionó nuevamente fue el cartel de la habitación de Hugo: “Suite principal” ponía.

Guauu!!, la habitación era impresionante, nada que ver con la de Laura, tenía varias estancias, incluso resultaba mucho más grande que mi piso. Tan solo la terraza ya disponía de piscina tipo “infinitive” privada, en el baño había un enorme jacuzzi y todo cuanto pudiera imaginar. Tras el reconocimiento inicial en el que parecía una niña en noche de reyes decidí asomarme al balcón. Necesitaba algo de aire fresco. Reconozco que las vistas desde su habitación eran impresionantes. Me acerqué a la barandilla dispuesta a contemplar la bahía, el mar y las olas. Incluso levanté los brazos en plan Titanic para sentir la brisa acariciando mi cuerpo.

Hugo se acercó por detrás de mí y me extendió una nueva copa de champagne para que lo probase.

.-Ten, éste es Veuve Clicquot. Espero que te guste- pronunció al tiempo que me lo ofrecía posicionándose a mi espalda. Yo permanecía de frente a la barandilla contemplando la panorámica. A pesar de servirme la copa no quise perderme las maravillosas vistas.

.- Las vistas son espectaculares- pronuncié al tiempo que degustaba el nuevo champagne.

.-Lo son- pronunció Hugo en clara alusión a mi presencia mientras pegaba su cuerpo al mío por mi espalda. Luego me abrazó rodeándome a un brazo por detrás mientras con la otra mano recogió mi pelo a un lado y me propinó un par de tiernos besitos en la piel desnuda de mis hombros.

Entre la brisa de la noche y su tacto en mi espalda un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. De repente pude notar mis pezones erectos y sensibles como nunca lo habían estado antes, hasta el punto que me dolía el simple roce con la tela del vestido. Las piernas me temblaban y mi pulsación se aceleraba.

.-Hugo, no, por favor, no sigas por ahí, no lo estropees, recuerda que estoy casada no voy a dejar que sigas por ese camino. Vamos, por favor, no lo estropees- susurré sin mucha convicción  por mi parte pues permanecía inmóvil en mi posición consintiendo de algún modo sus caricias con mi pasividad.

.-Vamos princesa, estamos solos, tu y yo. Nadie nos ve. Sé por qué estás aquí, todo lo que quieres, lo que esperas y sabes que sólo yo puedo dártelo - me susurró en la oreja por detrás de mi cuerpo alternando sus palabras con suaves besitos en mis hombros desnudos para reacción de mi piel y todo mi cuerpo.

Nerviosa apuré de un trago mi copa paralizada, indecisa, muerta de miedo y deseo reprimido que impedían reaccionase. Todo estaba sucediendo muy deprisa. Me esperaba más juego, más tiempo. Hugo estaba yendo muy deprisa y yo necesitaba más tiempo.

.-Lo que pase entre nosotros quedará entre nosotros- pronunció esta vez al tiempo que sus besos subían por mi nuca y su cuerpo me presionaba contra la barandilla de tal modo que pude sentir su dureza clavada en mi culo a través de las telas de nuestras ropas. Estaba siendo muy directo.

Me ruboricé al instante nada más sentir su miembro rozando mi cuerpo. Me sentí abrumada, casi acosada.

.-Yo…esto…yo no…- titubeé mientras me giraba para excusarme de frente con la mirada baja puesta en el suelo pues me resultaba incapaz de mirarlo a los ojos.

.-Oh, sí, tú sí, claro que te lo mereces- pronunció con su peculiar acento, mientras alzaba mi rostro acariciándolo suavemente con su mano por debajo de mi barbilla para robarme un tierno beso en los labios.

Mi cuerpo comenzó a temblar, no sé si del frió de la noche, del miedo o la emoción.

.- A parte de tu belleza desconozco el motivo por el que el destino nos ha puesto el uno frente al otro esta noche, pero no desperdicies esta oportunidad- dijo sonsacándome un par de picos en la boca ante mi pasividad. Inevitablemente el roce de sus labios provocó el descontrol del poco juicio que me quedaba.

.-Hugo yo no, recuerda estoy casada y no quisiera…- no me dejó terminar la frase, esta vez me besó con lengua y me rodeó con sus brazos en un gesto totalmente atrevido y decidido.

Yo continuaba paralizada incapaz de pensar con coherencia. ¿No era eso lo que estaba esperando toda la noche?. ¿Qué se supone que debía hacer ahora?....¿salir corriendo?. No, no, no…era lo único en lo que podía pensar. No a huir, no a lo que estaba sucediendo, no a ir a casa vestida así, no a sus besos, al menos no por ahora, no.., no, no a todo. No en ese momento, tal vez de otro modo, de otra forma, no tan precipitado…

Las cosas se estaban sucediendo más deprisa de lo que yo era capaz de asimilar y razonar. Mientras mi cabecita negaba los acontecimientos, sin saber ni cómo ni porqué, lo cierto es que mi boca le correspondía inconscientemente a sus besos.

Porque lo cierto es que Hugo besaba muy bien, francamente me estaba llevando dónde quería. Podía sentir mis pezones en punta y la incipiente humedad en mis bragas mientras su lengua exploraba mi boca. Cada segundo contaba. Hugo lo sabía.

Contra la barandilla del balcón, bajo las estrellas, a la luz de la luna, fui incapaz de oponer resistencia cuando su mano se posó directamente en mi culo y comenzó a masajear mis glúteos como si le fuese la vida en ello. Pese a todas mis contradicciones me sentía en la gloria besada y sobada por ese desconocido hasta la fecha.

Joder…Sí!!!.

Sí, sí, sí. Era eso lo que quería. Ahora lo tenía claro. Aquel hombre me estaba besando con pasión. Una pasión que hacía tiempo no experimentaba. De algún modo me sentí especial dejándome acariciar por Hugo. Como por arte de magia desapareció cualquier remordimiento que pudiera tener, pues todas y cada una de las sensaciones que me provocaban las caricias de Hugo eran placenteras. Seguramente la dopamina segregada por mi cuerpo explosionó en cada resquicio de mi alma ganando la batalla a la conciencia.

Deseo, fuerza, peligro, confusión, tentación, fantasía… no sabría definir la cantidad de sentimientos súbitos en aquel momento pero era incapaz de detener lo que estaba sucediendo. Incluso por un momento deje de sentirme la princesa del cuento para transformarme en la chica mala de la película. También me gustó.

Poco a poco fui adquiriendo conciencia de que me estaba besando y dejando manosear con otro hombre que no era mi marido. Me hizo sentir cerda, muy cerda, incluso la palabra puta se cruzaría por mi mente en esos momentos. Otra parte de mí en cambio trataba de justificarse alegando que por el momento sólo eran besos y caricias, todavía no podía considerarse una infidelidad para con mi esposo. Empezaba a pensar que tendría que detener aquello de alguna manera o de lo contrario se me iría de las manos.

Hablando de las manos…

Sin querer la copa de champagne resbaló de mi mano incapaz de sostenerla por los nervios y cayó al suelo rompiéndose en añicos. Ni tan siquiera el ruido logró despistar a Hugo de su objetivo, el cual me presionó aún más contra la barandilla, clavando ahora su dureza en mi vientre evidenciando que era yo y solo yo, todo lo que le importaba en ese momento. Es más, me sobaba tan fuerte el culo, se aferraba tanto a mis nalgas, que en una de esas maniobras me clavó tanto los dedos en mis cachetes que de no ser por la ropa a poco me introduce un dedo por mi ano.

Juro que nunca me habían acariciado con tanta pasión, es más sentir su dedo presionando contra mi esfínter provocó que me volviese loca. Ese tema era tabú con mi esposo pues ambos lo considerábamos poco higiénico y sin embargo en esos momentos el mero hecho de saber que ese hombre no dudaría lo más mínimo en meterme un dedo por el culo me hizo perder la razón además de hacerme sentir tremendamente zorra. Es más, por la forma en que me clavaba sus manos en mis nalgas parecía que fuese su verdadera intención de no ser por la ropa que se lo impedía.  

Un tímido gemido se debió escapar de mi boca al tiempo que mis piernas flaqueaban de imaginar que pudiera suceder. Como estaba apoyada de espaldas contra la barandilla y también percibía cierto vértigo y peligro, para no caer, lo rodeé con mis brazos alrededor de su cuello al tiempo que quise llevar la iniciativa en la guerra de lenguas que se desataba en nuestras bocas.

Hugo me apartaba la boca de vez en cuando para besarme en el cuello, el escote, las mejillas, la oreja, y los hombros convirtiéndome en objeto de su deseo, todo sin dejar de manosear mi culo a su antojo jugando con su dedo alrededor de mi esfínter conocedor de que su caricia me enloquecía. Me sentía tan zorra como deseada. Yo buscaba su boca en el juego. Él buscaba mi cuerpo.

De repente se detuvo, se distanció un poco para mirarme a los ojos. Me sorprendió su cese tan inminente. Nuestras miradas se cruzaron. Comprobó en el brillo de mis ojos mi deseo. De nuevo vino a mi retirándome el pelo a un lado con urgencia para recorrer con su lengua mi cuello desnudo, lamer mi orejita y descender de nuevo por mi cuello para jugar con su lengua buscando intencionadamente el tirante de mi vestido.

Pude comprobar como al sentir su lengua recorriendo mi cuello mojé mis bragas al instante. En esos momentos era toda suya. Reconozco que lo de la lengua por mi cuello me puso más cerda todavía. Mi marido nunca me había lamido de esa forma. Vamos, ni lamido, ni besado ni manoseado. Estaba claro que Hugo quería saborear cada poro de mi piel.

Mientras Hugo me besaba los hombros y mordisqueaba mi cuello arrancándome tímidos gemiditos de placer, se atrevió a deslizar uno de los tirantes descubriendo la parte superior del vestido y desnudando uno de mis pechos. Descendió con su lengua desde el hombro por mi escote sin dejar de saborear mi piel ni un solo momento, hasta alcanzar esa zona donde el top del bikini hace que la piel de mi seno cambie de color. Se demoró en chuparme el pezón para desesperación mía.

.-Uhmmm, siiih- gemí en voz alta cuando se introdujo mi pecho en su boca.

Me gustó agarrarlo fuerte por el pelo mientras su lengua jugueteaba con mi pezón. Siempre he sido muy sensible en los pechos y sentir el cálido aliento de su boca en contraste con la brisa de la noche estimulaba hasta lo impensable las sensaciones que experimentaba mi cuerpo en aquel balcón.

Oh Dios!!, estaba fuera de control. Era todo tan placentero que era incapaz de detenerlo. Por un momento volví a pensar en mi marido, pobrecillo, lo sentía por él pero en esos momentos me daba igual, mejor dicho, me podían las ganas de ver como otro hombre que no era él disfrutaba del sabor y ternura de mi pecho.

Es más, yo misma bajé el otro tirante de mi vestido invitándolo a alternar un pecho y el otro. Era mi forma de hacerle saber que podía hacer conmigo lo que quisiera. Me comía los pechos con verdadero deseo y eso me excitaba. Estaba a mil de ver a ese hombre devorándome las tetas de esa manera.

Jugó a su antojo con mis pechos. Los chupaba con la boca abierta como un pez que engulle a otro más pequeño, los masajeaba, me pellizcaba entre sus dedos, lo chupaba, movía su lengua alrededor, arriba, abajo, a un lado al otro,…oh dios, iba a conseguir que me corriese tan solo por la forma en que jugaba con mis pezones.

De repente se detuvo. De nuevo quiso comprobar el brillo de mis ojos: lo encontró. Sin mediar la más mínima palabra tiró de mi cuerpo por la muñeca y me arrastró al interior de la suite. Me puso de espaldas a un tresillo cercano al ventanal en el que puede apoyarme ligeramente. Manteniendo siempre cierta distancia entre nuestros cuerpos me bajó definitivamente la parte superior del vestido para dedicarse a contemplar mis pechos desnudos y expuestos. Comprobó su movimiento arriba y abajo al compás de mi respiración agitada. Se regocijó de verme tan excitada y por unos instantes caímos en una absurda retroalimentación, cuanto más me miraba más me excitaba y viceversa.

.-Son preciosos- pronunció excitadísimo al tiempo que se acercó de frente hasta mi posición, introdujo su mano entre mis piernas, ascendió acariciando mis muslos hasta levantar sin pedir el menor permiso la falda del vestido, y atreverse a acariciarme en todo el coño por encima de las bragas.

Todo en apenas un instante.

.-Llevo deseando esto toda la noche- dijo al tiempo que comprobaba la humedad incipiente entre mis piernas y me acariciaba por encima de las bragas. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo de abajo arriba nada más sentir su mano en mi coño. Nadie que no fuera mi marido me había tocado ahí y mucho menos de esa manera, tan brusco, tan violento, sin permiso pero sobretodo con tanta decisión. Como si mi sexo fuese suyo, le perteneciese y pudiera tomarlo cuando quisiese.

Oh Dios mío. Está haciendo conmigo lo que quería.

Me miró fijamente a los ojos para comprobar mi excitación y con todo el descaro del mundo agarró a dos manos por el lateral mis braguitas y buscando las costuras las rasgó primero de un lado y después del otro. Me las arrancó de mi cuerpo con total pasividad por mi parte. Las tiró al suelo con rabia y sin darme opción a rechistar me penetró con un dedo sin la más mínima duda de que lo aceptaría.

.-Uhmmm- abrí los ojos como platos y gemí en voz alta al comprobar como su dedo profundizaba en mis entrañas.

Desde novios con mi actual  marido que nadie me hacía un dedo y menos de esa manera tan directa y posesiva. Me sentí como una adolescente, recordé cuando mis anteriores novietes me hacían algún dedo a escondidas entre los portales antes de llegar a casa.

Con el fin de evitar mirar a Hugo a los ojos avergonzada por mi docilidad me dediqué a contemplar la imagen de mis braguitas en el suelo a la vez que yo misma arqueaba mi cuerpo facilitándole la labor de penetrarme con los dedos. A esas alturas ya eran dos los que abrían mis labios vaginales.  Ninguno decía nada, tan sólo nos mirábamos el uno al otro mientras me dejaba follar por sus dedos.  Entonces pude verlo en sus ojos…

"Ya está, ya eres mía, y voy a follarte como te mereces" adiviné sus pensamientos mientras nuestras miradas se retaban una vez más en la noche.

“Cabrón” pensé, “no sé cómo lo has logrado tan fácil, hijo de puta, pero lo has conseguido” lo retaba con la mirada. “Espero que merezca la pena” suplicaba con mis ojos clavados en los suyos buscando mi necesidad de terminar con un orgasmo.

Tras regocijarse con mi facilidad apartó de nuevo su vista a mis pechos desnudos, suavemente apartó mi pelo que cubría mi cara para disfrutar con mis muecas de placer y de nuevo me pellizcó en un pezón, mientras se inclinaba para chupar el otro. Reconozco que estaba entregada totalmente perdida en la locura del momento. Mi coño poco a poco se adaptaba a sus dedos con los que intentaba alcanzar lo más profundo de mi ser mientras su boca babeaba por mis pechos.

Desde luego me sentí rara, expuesta y entregada a aquel desconocido. Mi cuerpo hacía un rato había sobrepasado por culpa de sus dedos mágicos ese límite en el que ya no hay marcha atrás y tienes la necesidad de culminar en un orgasmo sea como sea. Hugo lo sabía.

Sus movimientos y sus besos cada vez eran más bruscos y violentos. Comenzó a escucharse el chapoteo de su mano en mi coño, cuyos dedos entraban y salían de mi ser penetrándome con fuerza. Me estaba rompiendo el alma y mis principios se habían hundido en mi interior junto a sus dedos. Era incapaz de detenerlo porque de seguir así me iba a correr en segundos. Su trato rudo, su ímpetu, sus ganas por poseerme me estaban doblegando a su voluntad.

Oh Dios mio!!. De seguir así me iba a correr. Me iba a correr en manos de otro hombre que no era mi marido. Me acordé de él. Ahora sí empezaba a comprender que le estaba siendo infiel a mi esposo, al menos tenía claro que no debía decirle nada si quería conservar mi matrimonio y la felicidad de mi hijo. Iba a ser mi secreto de por vida. Contrariamente a todos mis principios tampoco era tan intenso en mí ese sentimiento de culpa. Al menos la sensación de pecado era mucho más placentera. Lo sentía mucho por mi marido pero el sentirme infiel, porque no algo putilla y sobretodo utilizada al antojo del hombre que tenía enfrente, hacía que perdiese la poca razón y dignidad que me quedaba para mi propio placer.

Hugo me observaba y como adivinando nuevamente mis pensamientos me cogió de la mano en la que lucía mi anillo de compromiso y tras besarme el torso tiernamente justo en mi alianza guió mi mano hasta su entrepierna obligándome a acariciar su polla por encima del pantalón.

Pude sentir su polla, estaba dura, muy dura y atrapada en sus pantalones. Joder, hacía mucho que no tocaba otra polla que no fuese la de mi marido. Era indescriptible sentirla palpitando entre mis manos. Me agradó poder acariciar su polla y sin el menor recato, disfrutando del momento, yo misma comencé a mover mi mano instintivamente arriba y abajo comprobando su dureza y su tamaño.

—. Eso es, así,  ¿te gusta?,— me guiaba e incitaba a tocarle por encima del pantalón para excitación de ambos.

Hugo poco a poco se estaba transformando. Conforme aumentaba su grado de excitación más brusco se volvía perdiendo esa caballerosidad y elegancia inicial. Me estaba desconcertando.

Lo entendía, a mí también me estaba cambiando el deseo. No pude evitar actuar como una zorra facilona. Deslicé mis dedos lentamente a lo largo de su erección. Podía sentirla a través de la fina tela de su pantalón. Era larga, gruesa, y la sentía tentadora mientras nos besábamos a la vez que frotaba mi coño con sus dedos.

De repente…no pude evitarlo:

.-Hugo- susurré su nombre entre jadeos.

.-No sé cómo lo has conseguido pero me corro- musité con la voz entrecortada antes de que un primer espasmo recorriese mi cuerpo.

.-Joder si…, me corroooh, me corroooh- advertí mientras cerraba los ojos y me abandonaba a mi propio placer. Mi cuerpo se sacudía adelante y atrás mientras mi vientre se contraía junto a la respiración y el movimiento de mis tetas.

Hugo detuvo cualquier tipo de caricia para deleitarse con mi orgasmo. No quería perderse ni un detalle de mis muecas de placer y mis convulsiones. Quiso comprobar cada detalle de las acciones de mi cuerpo.

.- Sih, siiih, siiiiih- esta vez un escalofrío recorría mi dorsal de abajo arriba haciendo que moviese mis caderas adelante y atrás buscando sus dedos al tiempo que me temblaban las piernas.

“Oh!!, Dios, me he corrido, joder. ¡¿Tan pronto?!”. Pensé mentalmente con la última sacudida de mi cuerpo mientras abría los ojos y recuperaba el aliento.

Hugo no dejaba de mirarme, mejor dicho de admirarme. Se deleitaba con mis gestos. Mi cara debía ser sin duda un poema. Contemplar mi orgasmo era sin duda una victoria en su orgullo para un tipo como él. Yo en cambio me sentía avergonzada.

.-Ahora mismo estás preciosa- pronunció al tiempo que me sostenía el rostro a dos manos y me propinaba un beso algo guarro con lengua en mi boca.

Desde luego que su actitud era directa, exigente, dominadora. Sabía lo que quería y lo tomaba. En esos momentos tenía claro que yo era el objeto de sus deseos y estaba allí para complacerlo. Podía pedirme lo que quisiera que aceptaría gustosamente. Y claro que Hugo lo sabía..

.-¿Estás bien?- me preguntó comprobando que me recuperaba.

.-Uhm, uhm- asentí sin atreverme a pronunciar palabra avergonzada por haberme corrido tan pronto.

.-¿Puedes hacerme un favor?- argumentó jugando con mi pelo por la parte posterior de mi cabeza.

.-Uhm, uhm- volví a contestar sin querer pronunciar un claro “si” temiendo lo que me iba a proponer.

.-Ya sabes lo que quiero- pronunció recogiendo mi pelo en una coleta tipo cola de caballo y ejerciendo cierta presión para que me agachase.

No sé por qué, pero tenía razón, estaba lo suficientemente caliente y desatada como para querer complacerle, pero sobre todo estaba tentada por saber cómo sería su polla. Con otro beso profundo, con los ojos cerrados dejándome penetrar con su lengua en mi boca, cedí traviesamente a sus pretensiones y desabroché lentamente el cordón que retenía su pantalón a la cintura dispuesta a satisfacer mi curiosidad y su urgencia.

Sabía que si desabrochaba sus pantalones y liberaba aquel monstruo luego sucedería lo que sucedería. A pesar de mis reticencias estaba dispuesta a ello, necesitaba verla con mis propios ojos a pesar de saber que tendría que pagar un precio. Di por supuesto que tendría que comerle su miembro. No me parecía tan mala idea acabar la noche viendo eyacular a ese tipo. De hecho ver salpicar a un hombre su esperma siempre me ha excitado. Es para mí como un momento mágico.

Un pensamiento fugaz me hizo recordar de nuevo a mi marido, esta vez con cierta nitidez. Hasta el momento era tan solo una especie de remordimiento en mi cabeza.  

“Lo siento mucho” pensé, pero necesitaba hacer lo que estaba haciendo. Necesitaba chupársela a ese hombre que ahora estaba a mi merced. Necesitaba devolverle a Hugo el placer que me había dado.

Para con mi matrimonio no me sentía culpable de nada pues daba por sentado que todo acabaría con la felación. Sin penetración todo sería un simple recuerdo que guardar en secreto y nada más. Una travesura.

Así que allí estaba yo, dispuesta a chupársela a Hugo y acabar con esa incalificable noche hasta el momento. Lo planeé de tal forma que si al igual que mi marido Hugo necesitaba un tiempo de recuperación tras eyacular, ese sería el momento en el que me excusaría, me vestiría y todo concluiría de una forma para recordar toda mi vida.

Sólo sé que mientras pensaba en ello a la vez me sentía muy guarra desnudando a todo un hombre de su edad. A pesar de recordar a mi marido, no pude resistir la tentación de disfrutar  de mi travesura. Era como una diosa jugando con los sentimientos terrenales de los hombres.

.-¿Quieres que te la chupe?- le pregunté a media voz en un plan muy guarra sorprendiéndome a mí misma para excitación tanto suya como mía.

Hugo tan solo me miraba contemplando el momento disfrutando que me comportase de esa manera tan vulgar.

Tragué saliva sabiendo lo que venía, tratando de ahuyentar ese extraño sentimiento entre culpa y lascivia. Pero quería más, estaba dispuesta a más, necesitaba más de ese hombre. Necesitaba algo diferente a toda una vida de rutina. Necesitaba otro sexo distinto, algo más animal, más pasional y desde luego Hugo me estaba llevando por buen camino.

.-Por favor, ¿puedes ponerte de rodillas? - pronunció para irritación mía, buscando el provocarme para acto seguido besarme de nuevo en la boca y recoger mi pelo en una coleta. Ejercía cierta presión valiéndose de su fuerza para que me arrodillase a sus pies en el suelo. Estaba claro lo que pretendía.

Yo hubiera preferido que me llevase a la cama, o al menos hacerlo en una posición algo más cómoda. Por un momento sopesé la opción de negarme a sus pretensiones. Hugo como adivinando mis dudas ejerció más presión en mi pelo recogido a lo cola de caballo y me obligó a arrodillarme a sus pies. Estaba claro lo que quería y como lo quería. De nuevo pensé en decirle que fuésemos a la cama o dirigirme yo misma hacia el dormitorio sin estropear el momento con palabras, hacerle entender que podía ser algo más “romántico” pero no pude. Hugo exigía mi especie de pago, y estaba claro que deseaba se la chupase arrodillada a sus pies. Comenzaba a tirar de la raíz de mi pelo y hacerme daño.

”¿Querías algo distinto no?. Pues empieza” me dije a mi misma.

Así que sin dejar de mirarlo a los ojos me arrodillé a sus pies. De una forma u otra, a esas alturas de la película, decidí que iba a satisfacer a ese hombre.

Recuerdo que me dolieron las rodillas y las primeras sensaciones eran algo humillantes para mi ego. Pero contrariamente a esos sentimientos tenía curiosidad por descubrir ante mis ojos la polla de Hugo. Nunca antes había llegado "hasta el final" cada vez que me arreglaba para salir de fiesta con las amigas, ni siquiera había llegado a creer se diese esa posibilidad antes de esta noche, pero este disparatado "juego de seducción y provocación" con el que llevaba tonteando toda la noche e incluso media vida, me había atraído y conquistado por completo, me había atrapado y necesitaba llegar a su conclusión. Necesitaba ver como Hugo se corría, necesitaba ver como ese hombre eyaculaba de la misma forma en que él había contemplado mi orgasmo.

Así que allí estaba yo, arrodillada a los pies de un hombre unos diez años mayor que yo dispuesta a bajarle los calzoncillos y chuparle la polla.

Dudaba.

¿Era eso lo que realmente quería?. Necesitaba convencerme mientras demoraba el momento. Había transcurrido toda la noche comportándome de una manera tan distinta a como soy realmente que ahora necesitaba ser esa persona distinta.

Tras la desesperación de Hugo finalmente deslicé sus calzoncillos dejándolos caer al suelo y desnudé su pene ante mis ojos. Su polla cimbreó erecta frente a mi cara. No pude apartar la mirada del miembro que lucía orgulloso ante mí rostro.

Lo miré a los ojos, me miró. Nuestras miradas se cruzaron con su polla de por medio. Pude contemplarla bien. Limpia, sin mucho pelo alrededor y recortado, bien descapullada, dura, venosa, buen tamaño, puede que algo mayor que la de mi esposo pero no se llevaban mucho. En esos momentos no me importó. Lo que realmente me llamó la atención fue comprobar que apenas había contraste con el color de su piel alrededor. Me hizo pensar que Hugo tomaba el sol desnudo.

.-¿Te gusta?- preguntó Hugo acariciándome el pelo con sus dos manos regocijándose del momento.

.-Si- dije mientras me mordía los labios sin poder apartar mi mirada de su polla. Estaba como hipnotizada.

.- Por favor, no uses las manos- ordenó mientras acercaba arrogantemente su pene a mis labios pintados con carmín rojo.

Con cierto recato y pudor acerqué mi boca para propinarle un tímido besito en la misma punta de su prepucio. De repente su olor más íntimo penetró mi nariz e impregnó todos mis órganos retronasales. Un fuerte olor a macho al que supe me adaptaría penetró en mis pulmones, tan solo necesitaba mi tiempo.

Tras ese primer contacto quise mirarlo de nuevo a los ojos. Pude ver a un Hugo regocijándose con mi pudor y retorciéndose de impaciencia. Sin duda le excitaba comprobar que a pesar de ser una mujer casada mi habilidad en practicar sexo oral era nula o escasa. Hugo no era tonto, y dedujo que si bien chuparla a un hombre no era lo que más me agradaba había accedido en cambio a comérsela a él. Quise hacerle entender que estaba dispuesta a satisfacerlo.

.-Vamos Hugo, dilo, di lo que tienes que decir, no tienes porque ser amable conmigo- pronuncié mientras me agarraba a sus caderas para no caerme y me decidí a lamerle la polla en toda su longitud, desde la base hasta la punta. Así un par de veces. De abajo arriba y de arriba abajo.

Evité intencionadamente introducirme su polla en mi boca. Quería desesperar a Hugo hasta el punto de hacerle perder su educación.

.-Chúpamela- ordenó al fin y accedí.

Comprobé su sabor ligeramente salado y amargo al mismo tiempo justo antes de introducirme tan sólo su puntita en el interior de mi boca y comenzar a jugar con mi lengua y los pliegues de su prepucio.

.-¿Te gusta?. ¿Te gusta cómo te la chupo?- quise provocarlo.

.-Uhm, siiih- se le escapó un gemido de su boca. Me excitó que se excitase y accedí a introducirme un poco más de su polla en mi boca.

.- Eso es, así, sigue, sigue chupándome la polla —respondió él dándome a entender que iba por buen camino.

Decidí esforzarme por hacerle una buena mamada, posiblemente la mejor de mi vida entre las pocas que le había hecho a mi marido, así que agarré su miembro por la base y comencé a pajearlo al mismo tiempo que cabeceaba arriba y abajo atrapando su polla con mis labios.

Queriendo o sin querer el caso es que la mano con la que le sacudía la polla era la mano en la que relucía mi anillo de bodas. Comprobé que a Hugo le excitaba contemplar la alianza entre mis deditos recorriendo la longitud de su miembro. De algún modo le excitaba saber que la recatada mujer de otro hombre se estaba comportando como una puta para él.

Pude apreciar su excitación a modo de palpitaciones que su polla daba en el interior de mi boca. Hugo mientras se entretenía en enredarme el pelo a dos manos. No podía verme en ningún espejo pero me adivinaba totalmente despeinada con aspecto de furcia.

.-Eso es, chúpamela hasta el fondo, métetela más- sugirió al tiempo que notaba comenzaba a impacientarse por la forma en que movía su culo contra mi boca. Por un momento me gustó saber que estaba perdiendo su caballerosidad gracias a mi mamada.

Su culo. Por primera vez, con los ojos cerrados y mientras le chupaba la polla, deslicé la mano con la que me aferraba a sus caderas para no caerme hasta sus nalgas suaves y duras. Me gustó, me gustó acariciarle el culo mientras se la chupaba. Me sentí sucia, guarra, algo puta por disfrutar de ese momento. Nunca antes había gozado de esa manera. No tenía que representar ningún papel. Podía ser como quisiera ser. Y estaba claro que a Hugo le gustaba así. Paradójicamente estaba sacando lo peor de mí, que en esos momentos era lo mejor que me podía suceder.

Quise detenerme para tomar algo de aire y mirar a Hugo a los ojos. Necesitaba ver la cara de quien me estaba transformado. Para colmo un hilillo de baba se quedó conectando su polla y mi boca confiriéndome un aspecto de zorra chupapollas inaguantable. Yo misma me veía como una puta cualquiera arrodillada a sus pies chupándosela. Máxime, cuando pude fijarme que su piel venosa estaba algo teñida del rojo de mis labios.

Como siempre Hugo se adelantaba a mis sentimientos e iba un paso por delante obteniendo más a su placer de mi condición de esposa desenfrenada.

.-¿Te gusta?, ¿te gusta chupármela?. Apuesto que también te gusta que te traten como la zorra que eres…-  cuestionó al tiempo que me propinaba un par de tímidas bofetadas a cada lado de mi cara.

.- Plash, plash- Nunca me habían abofeteado de esa manera y Hugo lo sabía. Simplemente había provocado los hechos esperando a mi respuesta. No lo hizo fuerte, estoy segura que lo hizo tan solo para averiguar mi reacción. No sé si me gustó. Desde luego me hizo sentir humillada y no me lo esperaba. Estaba claro que aquel gesto no era con la intención de provocarme un dolor físico. Buscaba un dolor íntimo. Él era el macho y yo una hembra a la que tomar.

¿Estaría dispuesta a aceptarlo?.

En respuesta y para tratar de tomar la iniciativa por mi parte me abalancé sobre su polla dispuesta a hacerle correr y terminar cuanto antes. Traté de metérmela hasta el fondo sin mucho éxito. Por un momento dude si la deriva que estaban tomando los hechos me gustaba. Nunca me había planteado la posibilidad de que me abofetearan aunque fuera sin dolor. No me lo esperaba de alguien como Hugo que se había mostrado como un caballero toda la noche. Francamente estaba desconcertada y decidida a acabar con todo lo más rápido posible.

Hugo, adivinando en todo momento mis pensamientos y reacciones me sujetó por la cabeza con sus dos manos y comenzó a culear tomando la iniciativa. Literalmente comenzó a follarme la boca. Con esa maniobra yo era simplemente una boca abierta en la que mover su polla. No podía hacer nada más que tratar de respirar. Al principio sus movimientos eran cortos y suaves, pero conforme se excitaba cada vez me la metía más hasta el fondo, de tal forma que llegó a provocarme arcadas y nauseas así como dificultad al respirar. Su polla llegaba a traspasar la campanilla en mi garganta. A poco vomito.

Empezaba a no resultarme agradable. Me estaba sintiendo utilizada y humillada. De repente todo había dejado de ser deseo y pasión para convertirse en impotencia y degradación. Estaba siendo manejada a su antojo. Para colmo me retiró la boca un par de veces tirándome del pelo para que dejase de chupársela y se dedicó a restregarme la polla por la cara llegando a golpearme con ella en el rostro e impartirme otro par de bofetadas buscando claramente mi humillación.

Lo consiguió, si era lo que pretendía lo consiguió, aquello ya no me gustaba. Mi cara debía ser un cuadro de pánico pintado con mis propias babas. Yo trataba de separarme de él empujando con  mis manos contra su cadera, pero mi resistencia resultaba inútil frente a su fuerza. Para colmo mis intentos por pronunciar palabra alguna que le indicara no me estaba gustando se confundían con los sonidos guturales inevitables de tener mi boca llena de su polla.

Incluso estuve a punto de llorar pensando que todo había sido un grave error maldiciendo mi ingenuidad. En esos momentos era un juguete, un objeto de satisfacción. Me estaba humillando. Llegué a sentir vergüenza y odio a mí misma. Nunca me lo perdonaría. Sentí que violaban mi boca contra mi voluntad. Mi condición de mujer reducida a un simple agujero en el que correrse.

“Mi marido”, por primera vez pensé en él y en nuestro matrimonio. Siempre había sido un hombre tierno y complaciente conmigo. Nada que ver con lo que estaba sucediendo en esa suite, en la que por un momento temí incluso por mi integridad física.

Por enésima vez Hugo, como adivinando mis pensamientos me alivió de su presión para dejarme respirar. Tomé aire a boca llena, tratando de llenar mis pulmones. Estaba aterrorizada de haber caído en manos de algún maníaco. No me podía imaginar que Hugo llegase a ser tan pervertido y depravado.

.-Déjame adivinarlo,…¿tú marido nunca te ha follado la boca así, verdad?- dijo otorgándome la tregua justa antes de volver a retenerme por el pelo e introducirme de nuevo su polla hasta el fondo de mi garganta.

.-Glup, glup. Glup- era el único sonido que podía articular con su polla llenándome la boca.

.-Sabes…desde el primer momento que te ví quise follarme esta boquita de zorra casada que tienes- confesó torturándome de nuevo sin dejarme respirar moviendo su culo y su polla dentro de mi boca.

No sé por qué sus palabras me transmitieron cierto alivio. Al menos no era el monstruo que temí hubiera podido resultar segundos antes. Tan solo esperaba que no tardase mucho en correrse y terminar con mi vejación con la que tanto parecía disfrutar.

Para estupor mío pude comprobar que cuando estuvo a punto de correrse la primera vez, me sacó la polla de la boca para demorar el momento. Deduje que de algún modo extraño que no lograba entender aquel tipo que en un principio se mostraba seductor y caballeroso, se excitaba humillando a las mujeres sometiéndolas por la boca. Conmigo iba a ser lo mismo. Iba  a ser utilizada por ese hombre para su disfrute. Más o menos asumí mi roll hasta que a la segunda vez que me dio aire volvió a abofetearme la cara. Esta vez alternando manotazos y golpes con su polla.

.-¿Te gusta eh?, ¿te gusta cómo te estoy follando la boca?- pronunció en voz alta para su excitación y mi desesperación. A esas alturas ya era un juguete en sus manos. Deseaba que todo terminase de una maldita vez para huir de esa habitación. Caí en la trampa de pensar que me lo tenía bien merecido por andar tonteando toda la noche y me estaba encontrando mi merecido. Incluso llegué a justificar mi humillación como merecido castigo. Pero no, yo no soy así, se me ocurrió que debía humillarlo del mismo modo que él lo estaba haciendo conmigo y no se me ocurrió mejor manera que meterle un dedo en el culo mientras me follaba la boca sin compasión.

Lo hice sin la menor lástima, de improvisto y sin la menor dilatación. Hugo para nada se lo esperaba.

.-Oh dios…, joder siiiiihhhh, eres una auténtica zorra- dijo eyaculando en mi boca a placer, reteniéndome con sus dos manos para que me lo tragase todo mientras retenía el momento en su memoria.

Yo logré zafarme de él liberando mi boca de su polla. Las últimas gotas de su corrida salpicaron mi pelo, mi cara y mis pechos. Una vez se corrió del todo decorando mi cuerpo se alejó lo suficiente como para que yo tampoco pudiera torturar su ano.

.-Guau…, joder….ha sido una pasada- dijo acercándose a mí para abrazarme.

Mientras mi máxima preocupación era recuperarme y retomar el aliento, él aprovechó para rodearme con sus brazos, ayudarme a ponerme en pie y darme tiernos besitos en la cara al tiempo que trataba de disculparse limpiando sus restos de semen en mi rostro.

.- Lo siento. Siento si te he hecho sentir mal, lo siento de verdad, pero habrás averiguado que me excita muchísimo. Tenías que ver tu cara, estabas preciosa- pronunció al mismo tiempo que rellenaba con una jarra un vaso de agua y se mostraba de nuevo tierno conmigo.

.-Gracias. Gracias por haber aguantado, siento si en algún momento he podido ser algo brusco- dijo terminando de llenar el vaso de agua volviendo a ser esa persona tierna y galán.

Yo traté de alargar la mano para coger el vaso de agua que me ofrecía. Francamente lo necesitaba, pero justo en el momento que lo iba a hacer me lo retiró para mi asombro y preguntó:

.-¿Puedo?- pronunció sorprendiéndome.

.-¿El qué?-  pregunté aturdida por todo lo sucedido y la nueva actitud de Hugo. Francamente estaba totalmente desconcertada.

.-Me gusta el sabor de mi propia polla en la boca de una mujer, ¿a ti no?-. y antes de que pudiera hacer o decir nada me propinó un beso en la boca. Luego volvió a ofrecerme el vaso de agua del que está vez si logré beber.

Mientras bebía el vaso de agua fue Hugo quien esta vez se arrodilló a mis pies y acariciando a dos manos mis muslos me bajó el vestido que quedaba enrollado a la cintura y una vez completamente desnuda se dedicó a contemplar mi coñito a escasos centímetros de su cara. Tan cerca que incluso podía apreciar el calor de su aliento en mi sexo.

No podía dejar de pensar mientras bebía por necesidad del vaso de agua que Hugo había aprovechado las circunstancias para desnudarme completamente.

“ Joder!!, que estoy desnuda, completamente desnuda frente a este tipo. ¡¡Estoy desnuda!!” me repetía mentalmente una y otra vez mientras lo contemplaba arrodillado a mis pies. Puede que Hugo tuviera razón, tener a otra persona arrodillada a tus pies provoca cierta sensación de poder ciertamente excitante.

Lo miré, me miró. Esta vez era él quien miraba desde abajo. Sin duda le llamó la atención la fina tira de pelillos que decoraban mi pubis. Sabía lo que se estaba pensando, imaginaba que para ser una mujer casada le dediqué tiempo a mi vello púbico antes de salir de casa y no le faltaba razón.

En su ego se creería que incluso había disfrutado de la forma en que me había follado la boca. Y lo peor de todo es que en parte tenía su razón. Conforme más tiempo transcurría en esa habitación más me reconocía a mí misma que al menos nadie me había llevado hasta esos límites en todo, tanto en placer como humillación.

Lo pensé por su sonrisa al ver mi coño desnudo brillante y empapado en fluidos justo delante suya.

Podía leer sus pensamientos mientras me observaba completamente desnuda. Seguro que se pensaba que podía follarme como una zorra más de su lista. Me preguntaba si podía haber sido igual de brusco con todas sus amantes o sólo se había comportado así conmigo, lo que me llevó a preguntarme en qué momento le había hecho creer que podía disfrutar de esa manera conmigo poniéndole los cuernos a mi marido.

Cuando terminé de beber le ofrecí de nuevo el vaso de agua vacío con la intención de que lo dejase en cualquier parte lejos de mí e intentar ponerme de nuevo el vestido.

.-¿Quieres más? Preguntó mientras se incorporaba y me cogía el vaso.

Simplemente asentí con la cabeza por respuesta mientras lo miraba medio atemorizada muerta de vergüenza por mi desnudez. Podía ver como yacían en el suelo a un lado mis bragas rotas y al otro mi vestido.

Hugo tiró el vaso de cristal sobre el suelo rompiéndolo en añicos. Su gesto me resultó violento y efusivo. El ruido me asustó, reaccioné cubriéndome el cuerpo con las manos como buenamente pude. Hugo no dejada de mirarme a los ojos mientras se regocijaba en mi desnudez. Luego, con paso firme hacia mi cuerpo acomodó sus piernas entre las mías. Mi cuerpo se apoyó contra el respaldo del sillón que ejercía de taburete improvisado.

Me percaté de mi error al pensar que cuando me había preguntado si quería más, yo me refería a más agua y él estaba pesando en otra cosa.

Hugo como siempre anticipándose a los acontecimientos me agarró de la cintura y terminó por acomodarme en el respaldo del tresillo. Sin dejar de mirar a nuestros sexos acomodó la punta de su polla entre mis labios vaginales.

.-No.., no…, no Hugo no puedo- musité titubeando adivinando sus intenciones sin poder apartar la vista de su polla que lucía erecta apuntando contra mi coñito.

Hugo no contestó, ni pronunció palabra alguna. Únicamente me miró a los ojos y concentrado en separar mis piernas me besó en la boca.

De nuevo pude adivinar sus pensamientos en esa fulminante mirada: “Vendiste y exhibiste tu cuerpo vistiéndote como una puta coqueteando con todo el mundo del club incluso conmigo. Me provocaste toda la noche, y lo peor es que luego regresaste buscando un poco más fe juego después de hablar con tu esposo para venir a mi habitación y... ¿simplemente chuparme la polla? Vamos no me lo creo. Tú lo que necesitas es que te follen como Dios manda, no me vengas con eso de que no puedes”

.-Hugo espera…espera- le dije interrumpiendo impaciente su beso en mi boca tratando de hacerle retroceder ese fatídico paso que me permitiese cerrar mis piernas.

.- No puedo, lo siento pero no puedo, una cosa es chupártela y otra muy distinta que follemos, lo siento pero no puedo, quiero a mi marido – pronuncié temblando de miedo al tiempo que lo empujaba por los hombros y cerraba mis piernas. Quise que entendiera que a pesar de haberlo provocado durante toda la noche debía comprender que tan sólo era un juego para divertirnos y ya había llegado el final. Eso era todo.

Hugo me miró de nuevo a los ojos.

.- Vamos…reconócelo, lo estás deseando. Claro que puedes, es más, te lo mereces- pronunció al tiempo que separaba de nuevo con sus manos mis piernas por las rodillas y avanzaba con ese paso decisivo entre ellas hasta rozar de nuevo nuestros sexos y volver a besarme en la boca.

.-¿Te ha gustado lo de antes?. Pues ni te imaginas la de veces que recatadas y fieles esposas casadas como tú me dicen "No puedo", y luego se abren de piernas esperando que me las folle por el culo del mismo modo que hice por la boca-  me susurró al oído mientras me besaba el cuello esperando a comprobar mi reacción.

Sabía que tenía razón. En sus ojos podía ver el deseo de un hombre. Sabía que no sería la primera ni la última zorra a la que le metería la polla, pero…no podía, yo al menos no podía. No quería traicionar a mi marido. Por mucho que tal vez desease lo contrario no podía…

—¡Hugo…te estoy diciendo la verdad! —le contesté mientras yo interrumpía los besos y él volvía a besarme una y otra vez.

—Hugo, lo siento mucho, pero no puedo- le insistí mientras me besaba una y otra vez y trataba de zafarme de él golpeándolo incluso en el pecho hasta que sin poder evitarlo durante el forcejeo le propiné una sonora bofetada en su cara.

Me retiró la boca para mirarme fijamente a los ojos con rabia. A pesar de su rostro enrojecido y observando su estado de ánimo, pude darme cuenta que estaba totalmente concentrado y con toda la intención de follarme mientras separaba mis rodillas una vez más y acomodaba su cuerpo entre ellas. Me tenía en una posición vulnerable. Él estaba entre mis piernas totalmente decidido, con su polla erecta y dura a solo unos milímetros de mi coño. Sabía que estaba muy cerca, muy cerca de que todo terminase como él pretendía.

—Hugo, no podemos —repetí por enésima vez en un tono más amable tratando de relajar la tensión mientras él me agarraba fuerte por mis caderas y me atraía más cerca suyo.

En esta ocasión la punta de su pene rozó mis labios vaginales tratando de abrirse paso.

Puse unos ojos como platos al sentir su polla presionando contra mi coño. Me agarré a su cuello para no caerme y me abrí de piernas para él admitiendo que estaba dispuesta a dejarme follar pese a toda mi palabrería.

—Lo sabía—exclamó él, al tiempo que con una leve presión la punta de su polla se introducía suavemente entre mis labios vaginales.

Joder!!, se sentía tan bien tener su polla a punto de penetrarme, estaba tan excitada, me sentía tan traviesa, tan guarra, lo necesitaba tanto….

“Lo siento cari, pero no pude evitarlo” pensé en mi marido para acto seguido percatarme que Hugo me estaba follando a pelo.

—Hugo, por favor, ponte condón, por favor, por favor, por favor ¿lo harás?—jadeé desesperada sin dejar de mirar como su polla desaparecía en mi interior.

Ya estaba dentro.

.-Ooh!, Dios!!!, Joder siiih!, ¡qué rico!, me la has metido cabrón, está dentro- exclamé con los ojos en blanco aceptando su polla y agarrada a su cuello para no caer.

Hugo no dijo nada. No quiso interrumpir su momento. Tan solo me miro a los ojos mientras me penetraba. Simplemente hizo abuso de su fuerza y cogida de la cintura como me tenía me acercó más al borde del sillón, abriendo aún más mis piernas mientras su polla penetraba mi sexo.

.-Oh dios, me estás follando, me la has metido cabrón- susurré mientras miraba hacia abajo, viendo como era penetrada, comprobando con mis propios ojos lo que podía sentir en mi interior. Su polla desaparecía dentro de mi coño empapado con total impunidad.

En verdad que no me lo podía creer.

Me estaban follando. Estaba siendo penetrada por una polla que nada tenía que ver con mi marido. Y a pesar de ello se sentía divino notar como me quemaba por dentro. Era tan agradable que en contra de todos mis prejuicios era incapaz de detenerlo.

Todo lo contario. Me agarré a sus caderas rodeándolo con mis piernas, acercándolo más, buscando el mayor roce de nuestros cuerpos, ahora era yo la que quería sentir su polla cada vez más profunda en cada embestida.

—¡Hugo! —susurré su nombre una vez sentí que su bello púbico provocaba leves cosquillas en mi piel. No podía evitar dejar de mirar hacia abajo y comprobar como toda la longitud de su polla desaparecía dentro de mi cuerpecito.

—¡¿Sí?! —preguntó al oír tanta desesperación en mi voz.

—¿Puedo pedirte un favor? — le susurré.

.- Por supuesto- respondió él iniciando un tímido ritmo de cadera.

.- No Hugo, no es lo que quiero, es lo que merezco, ¡de acuerdo! No me hagas el amor, fóllame, fóllame como a una puta, ¿de acuerdo?.- le supliqué mientras deslizaba una mano hacia mi clítoris para acariciarme yo misma al tiempo que Hugo me penetraba.

.-Tranquila, te prometo que no lo olvidarás- pronunció gustándose a sí mismo tratando de retener en su memoria cada instante.

Me atrajo con más fuerza hacia él, su ritmo era más lento de lo que me hubiera gustado, a cambio empujaba cada vez con más ímpetu y más profundo como queriendo partirme en dos con cada arremetida. Podía sentir cada embestida deslizándose entre mis sensibles labios vaginales, disfrutando de mi coño totalmente empapado, incluso a mí misma se me resbalaba el clítoris cada vez que intentaba torturarlo de tan mojado que estaba mi sexo.

De nuevo una mirada suya bastó para hacerme entender lo que se pensaba de mí: “¡Menuda zorra!, ¡cómo me la estoy apretando!, ¡qué coño más rico tiene!”.

No me importó. Es más su mirada sucia aumentaba mi excitación.

—¡Eso es Hugo, fóllame!, ¡fóllame! —susurré sintiendo que continuaba tratando de penetrarme hasta el fondo de tal forma que sus huevazos rozaban mi trasero con cada golpe de su cadera. Me encantó el mar de sensaciones en el que me sumergió. Hugo estaba lleno de sorpresas, en lugar de follarme rápido y furioso como esperaba, comenzó a follarme muy lentamente. Incluso se quedó quieto, con sus bolas hundidas en mi perineo mientras disfrutaba retorciendo y mordisqueando uno de mis pezones. La tensión sexual estaba al límite.

.-Uuuhmm!!- gemí en voz alta, abrazándolo todo lo fuerte que podía con mis piernas alrededor de sus caderas mientras él embestía con fuerza en mi coño. Me golpeaba con ganas hasta el fondo, alejando mi cuerpo a base de fuerza bruta mientras me embestía como un toro furioso. Luego gracias a sus fuertes brazos me atraía de nuevo para golpearme de nuevo. A poco me tira del respaldo del sillón en el que me mantenía en equilibrio.

Durante unos segundos quiso mirar hacia abajo para deleitarse con la recatada ama de casa a la que se estaba follando a pesar de haber jurado y perjurado durante toda la noche que sería fiel  a su esposo. Me contempló tocándome yo misma desesperada por otro orgasmo. Me estaba follándo para satisfacción de su ego. Sin duda se sintió triunfador cuando me observó desesperada, acariciándome toda guarra y expuesta, ansiosa por alcanzar un nuevo climax mientras su polla me penetraba a placer.

Bajo su mirada arrogante y con sonrisa humillante, me corrí sobre su polla sin poder evitarlo.

.-Eso es siiih, siiiih, joder siiiiih- murmuré mientras mi cuerpo convulsionaba de placer. Hugo se detuvo para observar cómo era yo misma quien movía mi cadera adelante y atrás buscando auto penetrarme con su polla. Estaba desesperada por correrme.

—¿Ya?, ¿tan pronto?- se sorprendió mientras contemplaba mi orgasmo. Yo continúe convulsionando unos segundos más. Con la respiración acelerada era incapaz de articular palabra.

Poco a poco me fui recuperando…

.-Joder sí ¿y tú?- quise saber.

.-Dame unos segundos y verás- me hizo saber. Tal vez fuese el primer momento de la noche que mostró algo de debilidad. Quise apiadarme de él y traté de levantarle el ánimo. Después de todo se lo merecía.

.- No sé cómo lo haces pero necesito más, quiero que me folles una vez más. Esta noche me siento muy puta y necesito más. Recuerda, no quiero que me hagas el amor, necesito que me folles bien. ¿De acuerdo?- jadeé desesperanzada, reconociendo la realidad.

Me sentí como una potra salvaje que es sometida por el mejor semental de la cuadra.

Y con eso me sorprendió de nuevo, me bajó del respaldo del tresillo sobre el que permanecía en precario equilibrio, me volteó con fuerza de tal forma que los cojines en los que me apoyara antes ahora quedaban bajo mi estómago, mi cabeza alcanzaba el otro extremo del sillón y mi cuerpo se doblegaba de tal forma que mi trasero desnudo quedaba totalmente expuesto a su merced.

Sus piernas separaron las mías golpeándolas por los tobillos y su cuerpo se acomodó rápidamente detrás mío con mi trasero ofrecido en pompa en lo más alto del respaldo, invitándolo a hacer conmigo lo que quisiera.

Me propinó un par de palmadas que resonaron por toda la habitación y sin duda enrojecieron mi piel.

Luego se agarró a mis caderas con las dos manos, empujó hacia delante tan fuerte dentro mí que llegó a desplazar el tresillo entero conmigo encima unos centímetros. Comenzó a follarme con golpes duros y secos por detrás con algún que otro manotazo en mis nalgas. Me estabilicé como pude agarrándome a los cojines del sillón mientras él me penetraba con fuerza golpeando profundamente mi sexo.

La posición resultaba incómoda y forzada para mí. No estaba disfrutando a pesar de que en esa postura la fricción de su sexo en mi interior era mucho mayor que de frente. Deduje que él experimentaba mucho más placer, sin duda las paredes de mi coño parecían estrujar su polla como si estuviese más apretada. Pero yo no estaba cómoda.

Asumí que mi roll sería dejarme follar de nuevo como un simple agujero. Poco o nada podía hacer salvo deslizar mi mano bajo mi vientre y tratar de acariciarme yo misma.

Ahora no me importaba tanto sentirme manejada a su antojo. Es más, disfrutaba de esa pequeña humillación. De vez en cuando mi mirada se cruzaba con la suya cada vez que me retorcía de placer y lo veía bufando y resoplar como un toro.

En esos momentos lo supe. Él era el amante ideal con el que había soñado toda mi vida, Hugo era el destino, un hombre de verdad, follándome a base de bien a pelo. Duro, fuerte, enérgico. Utilizándome para su propio placer. Sin mimos. Tan sólo un hombre y una mujer sin reglas ni ley.

Con Hugo empotrándome por detrás me dí cuenta de lo egoísta que había sido toda mi vida con mi marido, siempre en busca ambos únicamente mi placer.  Mi esposo era un buen hombre que me hacía el amor más preocupado por satisfacerme que de su propio éxtasis.  Hugo en cambio me utilizaba para satisfacer su ego y mi placer en este nuevo roll era todavía mayor.

Me usaba y abusaba a su antojo. Yo me acariciaba para él jadeando en el sofá hasta que advertí una contracción en su polla, estaba a punto de correrse dentro de mi.

.- Me corroooh- advirtió lo que ya me temí.

.-No Hugo, por favor, no te corras dentro, dentro no por favor, puedo quedar embarazada, sácala, por lo que más quieras, aguanta, no te corras dentro-  supliqué al tiempo que me retorcía como podía tratando de sacarme su polla.

Hugo tiró de mi pelo provocándome un dolor insoportable y obligándome a ponerme en pie. En la maniobra su polla salió de mi interior, di por bueno el dolor si con eso había conseguido que se parase. Su cuerpo estaba pegado al mío por atrás, ambos en pie.

.-Abre tu culo a dos manos y pídeme que te folle por el culo. Quiero correrme dentro de ti- ordenó a media voz  al tiempo que me lamía la cara.

Hice lo que me ordenó. Yo misma separé los cachetes de mi trasero y exponiendo el anillo de mi esfínter le dije:

.-Oh dios, no me hagas daño, por favor- musité muerta de pánico.

Hugo adivinó que era virgen en esa parte de mi cuerpo y que a pesar de ello estaba dispuesta a complacerle.

Todavía me retenía fuerte del pelo cuando lo escuché escupir. Pude sentir su saliva resbalar por la zona baja de mi espalda y como con algún dedo de su mano libre preparaba mi esfínter para ser dilatado.

-Hay!!- solté un pequeño gritito cuando la yema de su dedo abrió mi ofrecido ano.

.-Tranquila, te dolerá mucho más- pronunció cínicamente al tiempo que me penetraba hasta la falange de su dedo.

.- Fóllame el culo pero no me hagas daño, por favor, no me hagas daño- musité temblando de miedo.

Podía sentir su dedo hurgando en mis entrañas, era una sensación extraña. Me escocía al tiempo que me quemaba.

Hugo volvió a escupir en mi espalda. Mi cuerpo volvió a temblar, mis piernas flaqueaban. Nunca me habían escupido y mucho menos de esa manera. Me hizo sentir cerda, guarra e incluso abusada. De nuevo esa sensación impregnando todo mi cuerpo. Esa sensación disminuía el dolor del pelo y el escozor de mi ano.

Pude adivinar que eran dos los dedos que Hugo me introdujo por mi esfínter tratando de dilatarme. Cerré los ojos con fuerza tratando de evitar que una lágrima se escapase surcando mi mejilla. Hugo la vio y la lamió.

.-Creo que ya estás lista- pronunció al tiempo que me reclinaba lo justo sobre el respaldo del sillón y cogiendo su polla a una mano la guió hasta ajustar su prepucio contra mi ano. Luego empujó…

.-Aaaaaaaaahhh- un chillido alto y desgarrador surgió de lo más profundo de mi garganta. Sin duda debió escucharse en otras habitaciones.

Pude sentir la punta de su polla quemando en mi interior. El sin fin de terminaciones nerviosas en la zona me evidenciaba que así era. La podía sentir dura en mis entrañas, abrasando mi carne como un hierro candente. Hugo me tapó la boca antes de que con otro golpe de cadera me sodomizase del todo.

.-MMMMMMMmmmmhhh!!- parecía una cerda en celo gritando.

.-Ya casi está- pronunció Hugo antes de que con un tercer y certero golpe de cadera me sodomizase definitivamente hasta el fondo. Pude sentir su pubis golpeando contra los cachetes de mi culo.

Oh Dios!!! Debía estar toda dentro.

Sin darme tiempo a reaccionar Hugo comenzó a moverse lentamente. Al principio me quemaba tanto por dentro y me escocía tanto el esfínter que me entraron ganas de llorar.

Hugo al ver resbalar un nuevo par de lágrimas por mi mejilla aceleró furioso su ritmo.

 

 

 

.-Hugo, por favor, córrete dentro- le rogué por todos mis medios para que mi suplicio terminase cuánto antes. Y si para ello debía representar mi papel de esposa infiel que tanto lo excitaba, por supuesto que estaba dispuesta a representarlo. No me respondió, tan sólo me propinó un par de manotazos con rabia en las nalgas y aceleró su ritmo resoplando del esfuerzo.

.- Eso es Hugo, dame fuerte, dame!- lo animaba. Estaba consiguiendo mi propósito.

Él agarró un puñado de mis mechones rubios con una mano y tiró de mi cabeza hacia atrás con fuerza mientras me embestía implacablemente. Sorprendentemente todo mi dolor se había desvanecido en algún momento o al menos se había convertido en llevadero mientras interpretaba mi papel de puta.

En esos instantes me encontraba concentrada y atenta. No quería perderme el segundo en que su polla comenzase a palpitar en mis entrañas llenándome de su leche. Esperaba expectante su climax. Estaba lista para recibirlo gimiendo y deseando el final.

Hugo me propinó otro par de palmadas en mis glúteos. Empujó más fuerte, me sodomizó hasta el fondo, resopló intensamente y se mantuvo firme en lo más profundo de mis entrañas. Sabía lo que eso significaba.

Podía sentirlo, era increíble, su polla finalmente palpitaba dentro de mí mientras se corría. Pude sentir sus espasmos en los nervios de mi esfínter y un calor viscoso agradable en mi interior. Sin duda quise retener cada sensación provocada en mi cuerpo en la memoria.

—Oh, sí, ya – Jadeó Hugo apretando más fuerte mi cintura mientras podía percibir con apreciable nitidez como su polla perdía cierta dureza en mi interior.

Esperó unos segundos hasta que se vació por completo antes de sacarme la polla. Aprecié intensamente como el anillo de mi esfínter se cerraba palpitando y atrapaba su contenido. Tuve que apretar un par de veces los glúteos para ayudar a contraer el ano. Tras incorporarme y ponerme en pie incluso aprecié parte de su semen resbalando por mi piel.

Ni me importó ni quise limpiarme. Es más, me gustó la sensación, me hizo sentir guarra, tremendamente guarra. Puta y agradecida. Hugo me había usado como objeto de placer para su polla. Era otra. Había descubierto una parte oscura de mi alma de la que en esos momentos no sabría decir si era buena o mala, simplemente que había permanecido oculta y la habían despertado. Me sentí agradecida por ello y simplemente me abracé a Hugo rodeándolo con mis dos brazos alrededor de su cuello para besarlo en la boca.

.-Gracias- le dijé sincerando mis sentimientos.

.-¿Te ha gustado?- me preguntó al tiempo que me correspondía en el abrazo y le beso.

.- Oh Hugo, nunca lo olvidaré, eres el mejor y ha sido increíble. Ya tienes otra esposa que añadir a tu lista de amantes. Te lo mereces- pronuncié antes de fundirnos en un nuevo beso con lengua.

Fue al tocarme el culo cuando Hugo descubrió su propio semen resbalando entre mis muslos.

Ambos nos reímos cuando lo comprobó con sus propias manos.

.-Será mejor que valla a por algo conque limpiarnos dijo- mientras comprobaba la viscosidad del líquido entre sus dedos y desaparecía camino del aseo.

Entonces comprobé que el vestido de Laura yacía en el suelo junto a mis bragas rotas. Me acordé de Laura, la hora y mi marido. Súbitamente deslicé el vestido por mi cuerpo, lo acomodé a mi figura, me acicalé el pelo a dos manos y traté de salir de aquella suite sin despedirme de Hugo. Antes de huir como una ladrona pude ver las típicas hojas de notas de hotel en una mesita.

Cogí mis bragas rotas y las dejé colgadas en el pomo de la puerta de entrada junto a una nota con mi número de teléfono.

Abandoné la habitación con cierta sensación de culpa decidida a llamar a la puerta de la habitación de Laura, cambiarme y acudir a casa con mi marido. Contrariamente a cuanto pudiera pensar necesitaba abrazarlo.

Una vez en el ascensor pude mirarme bien en el espejo. Pude ver el reflejo de la puta en la que me había convertido esa noche. Necesitaba mejorar mi aspecto.

Para colmo el ascensor se detuvo entre la planta de la suite y la de Laura. Entró un hombre mayor de unos 60 años que se paró frente a mí y me dedicó una sonrisa burlona. Ciertamente no sentí ninguna vergüenza, es más le devolví la mirada altiva mientras podía apreciar que ciertas gotas del semen de Hugo se escapaban de mi esfínter  que continuaba latiendo como un corazón propio.

.-Parece que saliste de fiesta anoche- comentó el viejo sin pedir permiso, algo desagradable y con ganas de provocar mi respuesta.

—Sí, lo hice—respondí sin arrepentirme.

.-Señorita…¿puedo hacerle una pregunta?- insistió.

.- Pruebe suerte – le contesté.

No preguntó nada, solo se sonrió y me miró cuestionándose el mismo un montón de cosas mientras observaba mi aspecto. Con su silencio y su mirada suscitó mi curiosidad por tratar de entender que sería aquello por lo que quería preguntar y no se atrevía. Entonces lo tuve claro. Aquel viejo baboso me había tomado por una puta, una profesional. Por un momento sentía algo de vergüenza, pero enseguida me hizo sentir orgullosa. Dios me perdone, si aquel viejo me hubiera llegado a preguntar, pero no lo hizo, y para cuando

el ascensor se detuvo, salí dejando atrás al viejo y sus dudas. Pude ver por los espejos que no dejaba de mirarme el culo.

A salir del ascensor, ya en el pasillo me di la vuelta y le dije:

.-Creo que soy demasiado cara para usted- le dije corroborando sus pensamientos a pesar de ser mentira pero admitiendo que esa noche había sido una completa zorra. Necesitaba contestarle de esa manera, me hizo sentir bien.

Llamé con los nudillos a la habitación de Laura.

.-Laura, soy yo, ábreme- susurré tras la puerta sin querer alzar mucho la voz en medio del pasillo.

Enseguida escuché ruido del interior. Me abrió la puerta en pijama, en silencio, confundida por la hora y mi presencia, evidentemente dormida.

.-Creí que ya estarías en casa- pronunció abriéndome la puerta.

Pasé al interior en busca de mi ropa en su armario. Fue entonces cuando los vi, Miguel y Luis estaban desnudos dormidos sobre la cama de Laura. Al parecer no era la única que se lo había pasado bien esa noche.

Laura entró al baño a orinar, momento en el que aproveché a quitarme su vestido para ponerme mis ropas. Durante el momento en el que quedé desnuda en aquella habitación pude darme cuenta que Miguel abrió los ojos para contemplar mi desnudez. No me importó lo más mínimo que aquel muchacho me viese desnuda, creo que incluso lo disfruté.

Para cuando Laura salió del baño ya me había puesta mi short, sin bragas debajo claro está, y mi camiseta.

.-Hablamos mañana- le dije antes de despedirme y ver como se metía en la cama entre ambos muchachos.

Salí corriendo del hotel en dirección a nuestro apartamento. Por suerte cuando llegué a casa mi hijo y mi marido todavía estaban durmiendo.

Estaba cansada. Decidí ponerme el pijama sin ducharme y sin hacer ruido. Fue al meterme bajo las sábanas cuando me fijé en el rostro de mi marido. Lo quería.

Me dí cuenta que amaba a mi marido por encima de cualquier otro hombre. Lo contemplé ahí, tan inocente, tan bueno, tan honrado conmigo. No sé si se despertó o se había hecho el dormido, el caso es que a media voz y adormilado aún preguntó:

.-¿Qué hora es?- quiso saber.

.-Temprano- le respondí al tiempo que tuve la necesidad de besarlo.

Mi marido me devolvió el beso.

.-¿Te lo pasaste bien?- preguntó. No quise responderle tan solo lo besé otra vez en la boca. Mi marido me devolvió el beso, esta vez algo más intenso que el anterior. Yo lo abracé y el me correspondió el abrazo.

Sé lo que eso significa entre mi marido y yo. Sobran las palabras. Cuando nuestros cuerpos se enredan así, digamos es su manera de indicarme que tiene ganas de hacerme el amor. Me sentí incapaz de negárselo, es más, es que yo misma tenía ganas de hacer el amor con él. Le correspondí el beso y mi esposo comenzó a acariciarme por todo el cuerpo.

Como en otras ocasiones, temerosos porque nos descubriese nuestro hijo tan solo nos desnudamos de cintura para abajo. Mi marido se posicionó encima de mí a lo misionero cubiertos ambos por la sábana. Por supuesto se puso el condón. Esa sensación a plástico en mi interior desde luego que no era tan excitante como sentir directamente la piel de su polla pero me sirvió igualmente para alcanzar mi orgasmo relativamente pronto.

.-¡¿Ya??- se sorprendió mi marido.

.-Ya cari, ya puedes- y nada más decir esto mi querido esposo eyaculó en mi interior.

Permanecimos abrazados unos segundos e intercambiamos un par de tiernos besos hasta que escuchamos algún ruido de la habitación del peque. Ambos corrimos a vestirnos completamente.

Efectivamente a los pocos segundos nuestro hijo se colaba en medio de la cama y se quedaba dormido entre nosotros.

Puede que esa mañana abrazada a mi hijo en medio de la cama fuera mi mejor sueño en mucho tiempo.

Cuando desperté comprobé que Hugo había dejado un whatsapp en mi móvil.

“Tenemos que repetirlo” ponía.

Yo borré el mensaje temerosa de que mi marido pudiese leerlo pero sí, estaba dispuesta a repetirlo, aunque eso es otra historia.

Espero te haya gustado, ya sabes: sabrosissima@gmail.com

Un beso,

1 comentario:

  1. Impresionante relato, excitante, morboso, bien llevado y bien escrito. Descripciones sugerentes y excitantes.
    Resumiendo, perfecto, redondo.

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