miércoles, 12 de marzo de 2025

Mi primera orgía

 



Todo ocurrió apenas un par de meses después de conocer a mi entonces novio y actual marido durante el viaje de fin de carrera. Si a mi pareja la conocí un mes de mayo en una conocida disco de mi ciudad, el viaje de la Universidad ya estaba programado en esas fechas con anterioridad para el mes de julio, justo tras acabar los exámenes finales.

Habíamos elegido Malta como destino, tanto por los sitios a visitar como por el precio y ocio nocturno. Seríamos más de un centenar de compañeros entre las distintas promociones, así que parte nos alojamos en habitaciones y parte en apartamentos, eso sí, todos dentro del mismo resort. Aunque conocía a casi todos los compañeros de promoción y de viaje, con quien mejor me llevaba era con mis compis Judith y Estela. Con ellas empecé la carrera y con ellas coincidí en la gran mayoría de las asignaturas de mi trayectoria curricular. Decidimos que yo me alojaría en la misma habitación con Estela mientras que Judith lo haría con su pareja Alfonso en otra habitación.

Comentar que con Alfonso coincidimos en segundo curso y desde entonces mantiene una relación un poco peculiar con mi amiga. Digo lo de peculiar porque tan pronto dicen estar juntos como tan pronto nos dicen que su relación ha terminado. Alfonso  siempre me ha parecido el típico cabrón que va a lo suyo sin importarle los demás y con apenas dos dedos de frente. Lo que no acierto a entender es porque Judith va detrás de él como si no hubiera más tíos en el mundo. Cosas del amor.

Yo acababa de conocer a mí por entonces nueva pareja y actual marido a principios de mayo y debo confesar que a los pocos días ya disfrutábamos de buenas sesiones de sexo juntos. Desde que lo conocí follábamos todos los fines de semana y alguno que otro rapidito entre clases dentro del campus. Siempre recordaré los dedos en su coche las noches antes de dejarme en casa, los polvos en su cuarto en casa de sus padres, aquella vez en los baños de la biblioteca, la vez en un aula vacía de la facultad, el del parque al aire libre…, pero sobretodo la primera vez que experimenté el sexo anal con él, algo que pese a todos mis prejuicios anteriores me gustó. Reconozco que disfruté como una perra siendo sodomizada por el culo por mi pareja. Con él descubrí el poder que tenemos las mujeres cuando le decimos a un tío lo de “quiero que me folles por el culo” poniendo carita de zorra. En ese momento puedes hacer con ellos lo que quieras. Resumiendo… que mi chico me tenía loquita.

Llevábamos ya unos días en el que todo cuanto hacíamos era disfrutar de la playa por la mañana y algún que otro viaje cultural por la tarde. Muchos compañeros pasaban de las excursiones culturales y empalmaban directamente la playa con la fiesta que siempre se hacía en alguno de los apartamentos en los que se alojaban los chicos. En cambio Estela y yo siempre nos apuntábamos a alguna visita guiada por la tarde, lo que nos dejaba lo suficientemente agotadas como  para ir a dormir después de cenar, pasando de las fiestas y borracheras.

Fueron Judith y Alfonso quienes nos animaron a que alguna noche hiciésemos un esfuerzo por ir a alguna fiesta. Especialmente los amigos de Alfonso, al que más de uno se le escapaban ciertas miraditas traviesas tanto al cuerpo de Estela como al mío las mañanas de bikini en la playa.

Comentar al respecto que cometí el error de llevarme un bikini negro de la temporada pasada y que por el uso me venía un poco holgado, con lo que al menor descuido enseñaba el culo. En más de una ocasión adiviné las miraditas de algún que otro compañero intentando captar mi descuido, incluido Alfonso.

También llevaba varios bikinis de esos cuyo top eran dos triángulos anudados a la espalda y por braguitas unos tangas que sin duda dejarían poca marca a mi regreso. No veía la hora en la que lucir el contraste de líneas en mi culito frente a mi nuevo novio. Estaba deseosa por ver su carita al comprobar las minúsculas marcas del sol en mi cuerpo.

Recuerdo que era un jueves de lo más tranquilo. Aquella tarde no teníamos programada ninguna excursión, así que decidimos bajar las tres amigas a la piscina del resort a tomar el sol y ponernos morenas.

La tarde la amenizó Judith al informarnos que la noche anterior se había enfadado con Alfonso, la verdad no nos dejó nada claro si seguían juntos o si habían cortado por enésima vez. Lo único que sé es que para poner celoso a Alfonso se atrevió a hacer top less en la piscina del resort a la vista de todo el mundo, especialmente lo hizo para lucirse delante de aquellos compañeros que peor se llevaban con Alfonso y que no hacían otra cosa que pasar por delante nuestra yendo y viniendo. Debo decir que Judith es de esas chicas de complexión relativamente gruesa con mucho pecho. Según ella Alfonso solo la quería por sus tetas, así que supongo que trató de darle donde más le dolía.

Hubo un momento de tensión en el que unos compañeros de la especialidad de Estela se acercaron a media tarde para comentarnos que ese día la fiesta ya había comenzado en uno de los apartamentos, que ellos habían salido a por hielos y más alcohol y que regresaban de camino a la fiesta. A diferencia de otras noches nos informaron que la gente iba de bañador y camiseta y que la idea no era tanto beber sino organizar juegos y pasarlo bien. Entre otras cosas porque la fiesta era junto con otro viaje fin de curso de nuestra misma carrera pero de la Universidad de Sevilla, en el que la casualidad quiso que algunos de sus alumnos estuvieran alojados en apartamentos de la misma planta, por lo que prácticamente los cuatro apartamentos de la planta del apartahotel eran una misma fiesta. Por supuesto insistieron en que nos pasásemos las tres. Sobre todo porque los cuatro muchachos no paraban de mirarle las tetas a Judith, aunque uno de  ellos, el más sinvergüenza, no paraba de mirarme el culo a mí, cosa que me sorprendió. Pude adivinar que le bastaron unas pocas miraditas para que en poco tiempo el pobre muchacho se encaprichase de mi trasero. Podía adivinar su mirada clavada en mis nalgas a pesar de estar tumbada boca abajo en la hamaca. Me hizo sentir bien que a diferencia de sus compañeros a ese chico en cuestión le llamase más la atención mi trasero en tanga que los pechos de mi amiga. Fué Estela quien se percató de la situación y se puso como un poco celosa.

Estábamos hablando con estos compañeros cuando pasó justo por delante nuestra de la piscina tanto Alfonso como sus amigos. Alfonso le lanzó una mirada de fuego a Judith que no olvidaré en la vida, como tampoco olvidaré la osadía con la que Judith le pidió a uno de los recién llegados que le extendiese un poco de crema solar en la espalda. Como no, el chico se sintió tan agraciado como si le hubiese tocado la lotería.

Mi admirador secreto se ofreció a extenderme protección solar por la espalda al igual que hiciera su amigo con Judith. Quise rechazar su ofrecimiento pero a lo que quise reaccionar ya tenía un pegote de crema en mis hombros. Resignada el chico se apresuró a sentarse a mi lado  en la tumbona y con toda la cara y descaro del mundo comenzó a embadurnarme la espalda. Para colmo el muy sinvergüenza me pidió que me deshiciese del nudo a la espalda de mi top para extender mejor la crema. Dadas las circunstancias y como estaba tumbada boca abajo no me importó.

Los otros dos amigos viendo la escena decidieron excusarse y marchar a la fiesta, dejando a Estela con cara de resignación al ser la única amiga sin pretendiente. En su mirada pude ver cierta envidia. No dejaba de mirarme cariacontecida. Se sorprendía al verme dejar acariciar por el desconocido. No entendía por qué Estela me observaba tan fijamente y sin perderse detalle de las manos del chico en mi espalda en vez de mirar a Judith. Tal vez porque Estela ya sabía que tenía novio y me miraba como recriminando mi comportamiento. Pude adivinar en su mirada sus pensamientos: “será guarra”. Estoy convencida de que se pensó de mí cualquier barbaridad. Sobre todo porque se le abrieron unos ojos como platos cuando el descarado muchacho dejó caer dos nuevos pegotes de crema en mi cuerpo, uno en cada muslo de las piernas. Con toda su cara comenzó a extender la crema, primero hacía las rodillas y los gemelos hasta que ante la atenta mirada de Estela ascendió esparciendo el protector solar por mis piernas, recorriendo el interior de mis muslos hasta que finalmente me masajeó los glúteos. Momento en el que me incorporé de mi posición anudándome de nuevo el top a la espalda y le indiqué al muchacho que ya era suficiente dándole las gracias. Judith reaccionó igual con su masajista y los despedimos hasta más ver en la fiesta.

.-Tal vez te has pasado un poco con Alfonso-, le comentó Estela a Judith una vez se fueron los chicos.

.-Que se joda-, dijo Judith evidentemente cabreada con Alfonso.

.-No creo que sea forma de solucionar las cosas-. Como siempre Estela trataba de poner cierta cordura en tan extraña situación, si bien la notaba enfadada con nosotras.

.-¿Y tú?, ¿no tenías novio?- me recriminó envalentonada por la situación.

.-¿Yo que hecho?- pregunté sin entender a que venían a cuento sus reproches.

.-Joder, no te habrás dado cuenta porque estabas tumbada boca abajo pero el cerdo que te acariciaba tenía una erección de caballo-, me informó.

.-Será cabrón!!- exclamé. -¿Por eso no dejabas de mirarlo?- quise saber.

.-Pues claro, menuda herramienta marcaba el tío bajo el bañador y tú sin enterarte- nos informó Estela ya entre risas.

.-Podías haberme avisado- apuntilló Judith entre risas. De repente volvíamos a ser las tres amigas riéndonos de la situación.

.- Serás cabrona- ahora era yo quien recriminaba a Estela su pasividad ante los hechos.

.-Con lo a gusto que te veía. Espera que se lo cuente a tu novio- ser rió Estela de mi ingenuidad amagando con hacerme chantaje.

.- De esto ni una palabra a mi chico- les advertí a ambas de que lo sucedido debía quedar entre nosotras.

.-Tenía pinta de que todos iban a la fiesta- apuntilló Estela queriendo cambiar de tema y regresando a la sensatez.

.-Eso es chicas- exclamó Judith con cierto tono maléfico – tenemos que ir a la fiesta-, concluyó.

.-Oh no, yo paso de fiestas- se apresuró a decir Estela cosa que yo también agradecí.

.-Vamos chicas tenemos que ir. No podéis dejarme sola. Os necesito- suplicó Judith.

.-Paso de tus líos- insistió Estela.

.-¿Tú que dices?- me preguntó Judith buscando mi apoyo en la contienda.

Yo miré a ambas, en esos momentos me sentí como el rey Salomón tratando de imponer justicia y buscando una tercera vía.

.-Supongo que por acercarnos no perdemos nada, ahora bien yo todavía voy mojada de agua del último baño, así que no creo que por mi parte tarde mucho en regresar a la habitación a ducharme y secarme. Vamos, te acompañamos un ratito y nos vamos. ¿Os parece bien así a las dos?- busqué el acuerdo entre las tres.

.-Por mi bien, solo necesito que me acompañéis un momento- dijo Judith.

.-Venga vale, pero yo también quiero volver pronto a la habitación a ducharme y secarme- alegó Estela.

Así que para allá que fuimos las tres. Estela se puso por encima el vestido de gasa con el que bajaba todos los días a la playa. Como siempre recatada a su estilo. Judith tan solo llevaba un pareo que le tapaba el culo en la parte inferior, se notaba que le gustaba lucir el top y presumir de tetas de las que sin duda estaba orgullosa. Por mi parte había bajado a la piscina con una camiseta que me había dejado mi chico en recuerdo. Era lo suficientemente larga como para hacer la labor de vestido pero lo suficientemente corta como para que dejase al aire media nalga, por lo que al llevar tanga se podían ver asomar mis cachetes del culete por debajo de la tela.

Nada más llegar al apartamento un amigo de Estela hizo de anfitrión y nos indicó dónde estaba todo. Enseguida nos guió hasta la cocina del apartamento, hacía la labor de bar y se almacenaba alcohol por todas partes, entre varios chicos nos prepararon y ofrecieron unos combinados. Así me tomé el primer ron con cola de la noche, que cayó entre charlas y presentaciones. Repartí más besos de presentación en ese momento que en toda mi vida.

Enseguida apareció Alfonso con sus amigos y como no podía ser de otra forma Judith desapareció tras él, por lo que quedé sola en la fiesta con Estela y sus amigos. Con el transcurso de la tarde nos presentaron a unos cuantos compañeros de carrera con los que no había coincidido nunca o en muy pocas asignaturas así como a otros chicos de Sevilla.

La charla fue agradable, sobretodo burlándonos de los profesores más odiosos de la carrera, de las tonterías de ambas universidades y demás chismorreos. Así es como me tomé en poco tiempo tres o cuatro rones con cola charlando con colegas prácticamente desconocidos hasta entonces. Creo que mucha gente ya estaba totalmente desfasada por el alcohol a nuestro alrededor, comenzaba a entrar la noche y mucha peña ya estaba totalmente borracha. Algunas de las chicas incluso iban enseñando sus pechos levantando sus camisetas a modo de flash mientras el chico que hacía la labor de reportero oficial de la fiesta tomaba las fotos, se notaba que algunas iban pedo perdidas. Por suerte yo tan solo iba algo contenta a pesar de haber bebido unos cuantos combinados. A esa altura de la noche y pese a que nos pidieron varias veces a Estela y a mí que enseñásemos nuestros pechos, tan solo levantamos nuestras camisetas enseñando a lo sumo el top del bikini. De lo que sí me percaté es que me fotografiaron varias veces por la espalda, supongo que intentando capturar el cachete de nalga que asomaba por debajo de la camiseta de mi chico. Pero nada que no hubiera enseñado en la piscina. Incluso diría que escuché algún murmullo y comentario entre los chicos del tipo “es el mejor culo de toda la fiesta”.

Fue en uno de esos momentos en que estábamos varias personas charlando en corrillo cuando vino uno de los compañeros de Estela con los que coincidimos anteriormente en la piscina para avisarnos que se necesitaban dos personas para jugar a no sé qué juego de cartas en la mesa del salón. Me percaté en ese momento que desde hacía un rato Estela conversaba interesadamente con un único interlocutor mientras el resto de chicos del grupillo se dedicaban a entretenerme. Me quedó claro que Estela quería seguir acompañando a Álvaro –que así se llamaba su ligue- se jugase a lo que se jugase.

Por mi parte alegué que no tenía ni idea de jugar a las cartas y que sería un estorbo, pero Estela me dejó claro que quería seguir con Álvaro y me suplicó poniéndome ojitos que la acompañase a la mesa de juego. Noté por su mirada tonta y sus toqueteos que se estaba encaprichando con el tal Alvarito. Tuvo a su favor que llevábamos un tiempo de pie charlando y tenía ganas de descansar un rato, así que terminé cediendo a la proposición de sentarnos alrededor de la mesa a jugar a las cartas.

Sucedió que estábamos más comensales que sillas, así que como fuimos de las últimas en llegar Álvaro sugirió que Estela se podía sentar sobre sus piernas y que yo hiciese lo mismo sobre el regazo de Eduardo, casualmente el muchacho que me extendió crema en la piscina a media tarde. Esa fue la primera vez que recordé su nombre. A pesar de sentirme en una encerrona por parte de los chicos no quise montar ningún numerito y consentí sentarme en sus piernas, así pues estábamos ambos en la misma silla dispuestos a jugar a las cartas.

Recordar que Estela llevaba un vestido veraniego, que aunque de gasa y fino, seguía haciendo la labor de vestido. Yo en cambio tan solo llevaba la camiseta que me había dejado mi novio, por lo que no olvidaré el momento en el que me senté frente a la mesa sobre la pierna izquierda del tal Eduardo. Al igual que muchos de los presentes el muchacho vestía tan solo bañador y camiseta, por lo que al acomodarme sobre él, la piel desnuda de mis nalgas apenas cubierta por el tanga contactó directamente con los pelillos de su pierna. Enseguida apreciamos un contraste de temperatura entre ambos cuerpos. Su pierna caliente como el fuego templaba el frescor de la piel en mis nalgas.

.-Imposible que pierda, hoy es mi día de suerte- pronunció sonriéndome estúpidamente nada más sentarme sobre su regazo y comprobar la suavidad de mi piel en su pierna, casi  al mismo tiempo que me ofrecía una litrona de ron con cola a compartir entre ambos. Estaba claro que pretendía emborracharme.

Recordé los comentarios de Estela en la piscina sobre la erección que mostró el muchacho y maldije mi suerte. Miré a Estela y Álvaro quienes estaban justo enfrente nuestra y ambos me devolvieron la mirada entre sonrisas cínicas confirmándome que nada había resultado casualidad en el reparto de parejas.

Se produjo una especie de duelo de miradas entre Estela y yo. Me quedó claro que Estela se estaba burlando de mí a su manera. Mientras nos mirábamos la una a la otra iniciaron el reparto de cartas para comenzar la partida, así que prácticamente se terminó jugando en parejas -en total siete parejas-, y tal vez por eso no le dí mayor importancia a tener que sentarme sobre la pierna de Eduardo aceptando con naturalidad el reto de mi amiga.

“Estás muy equivocada si piensas que me voy a levantar” fue mi última mirada a Estela antes de centrarme en las cartas

Eduardo amablemente me pidió que fuese yo quien sujetase las cartas mientras él escogía a una mano, una u otra carta en función de la baza y la jugada. Con su mano izquierda me sujetaba rodeándome de la cintura para que no me cayese de la silla. Por el momento todo más o menos normal. Conforme avanzaba la partida trataba de explicarme las jugadas y las diferentes opciones implicándome en el juego. Era un buen maestro y efectivamente tenía mucha suerte pues al parecer nos llegaban buenas cartas.

Tal vez por la suerte del principiante ganamos la primera partida. Ambos lo celebramos bebiendo del litro de ron con cola que compartimos apurando entre ambos casi la mitad de la litrona.

.-Te lo dije- me susurró en la oreja en plan cómplice –contigo a mi lado es imposible que pierda- concluyó su comentario. Comentar que el resto de parejas también se susurraban las jugadas al oído para que el resto no escuchase las cartas que tenían, por lo que era más o menos normal los cuchicheos entre las parejas.

Me sonrió y le sonreí mientras chupaba de las pajitas de la litrona. No apartó la vista de mis labios succionando las pajitas. Estaba claro que el juego empezaba a ponerse calentito. Quien tampoco se perdió detalle fue Estela del otro lado de la mesa. Le devolví la sonrisa a mi amiga en plan “Me lo estoy pasando divinamente, para que te enteres”.

Se repartieron las cartas y comenzó una nueva partida. Ahora era yo quien entendiendo un poco más las reglas del juego jugaba sin más ayuda de Eduardo que consultar la jugada. Para eso nos susurrábamos el uno al otro en la oreja las diferentes opciones tratando de que no nos escuchasen el resto de jugadores. Ahora era yo quien robaba, quien jugaba y quien tiraba el descarte ilusionada por haber ganado la primera partida. Nunca había jugado a las cartas y mucho menos ganado nada. Mi entusiasmo le permitió a Eduardo liberar su mano derecha con la que jugaba para acariciarme la rodilla por debajo la mesa. De momento la otra mano permanecía alrededor de mi cintura evitando caerme de lado.

La complicidad del momento quiso que cada vez que iba a coger una mala carta Eduardo me presionase un par de veces con su mano en mis muslos justo por encima de la rodilla en señal de jugada errónea, por lo que rectificaba de carta hasta acertar sin apenas hablarnos y revelar nuestras jugadas al resto de jugadores. Ganamos la segunda partida y esta vez apuramos a bebernos lo que quedaba en la litrona del ron con cola. Eduardo le pidió a un colega que nos trajese otro litro de ron con cola y de nuevo otro cruce de miradas con Estela. Estaba claro que pretendían emborracharme. No me importó, empezaba a pasármelo bien.

En la tercera partida Eduardo continuó haciéndome señales con la diferente presión de su mano en mi muslo, salvo que ahora entre turno y turno aprovechaba mi entusiasmo en el juego para acariciarme las piernas algo más arriba de la rodilla. En esas circunstancias no me importaron sus furtivas caricias a sabiendas que tarde o temprano intentaría llegar hasta el límite de lo decente y tendría que detenerlo, pero por el momento me lo estaba pasando bien y quise permitir que él también se lo pasase bien. A decir verdad las caricias hasta el momento tampoco eran para montar un numerito, es más tenía su punto picante, y además todos lo estábamos pasando bien riendo y bebiendo.

Perdimos la tercera partida pero ganamos de nuevo la cuarta, por lo que sin querer me fui convirtiendo en el centro de atención de la mesa por la suerte de las cartas. Detalle que Eduardo aprovechó para meterme mano, acariciando ya descaradamente mis piernas a sabiendas que yo me esforzaba por tratar de disimularlo frente al resto de jugadores, quienes atribuían mi risa floja a la bebida y la suerte de mis cartas. Reconozco disfruté de la situación siendo malota, haciendo creer que me reía por el juego, cuando el verdadero motivo es que Eduardo me provocaba cosquillas con sus caricias. Me burlé de Estela y de sus miradas.

La mano de Eduardo subía y bajaba por mi muslo a su antojo, hasta que en cierta ocasión tuve que cerrar mis piernas atrapando su mano entre mis muslos a la altura ya casi de mi braguita, allí donde mi piel es más suave y más tierna todavía. Su mano era como un trozo de hierro candente que abrasaba aprisionada entre mis piernas. Sus caricias empezaban a ser peligrosas. Ya no porque alguien pudiera verlas, especialmente Estela, sino porque empezaban a provocar que mi cuerpo reaccionase contraria a mis sentimientos. Que los pezones los tenía erectos desde hacía un tiempo lo quise achacar a la humedad del top tras el último baño, pero tras la maniobra de Eduardo por alcanzar la tela de mi braguita dude que no se debiera a sus caricias. Tenía que impedirlo. Como  juego había estado bien, pero era hora de marcar los limites.

.- Como no quites la mano de entre mis piernas te la corto- le susurré entre dientes al oído de igual modo a cuando comentábamos alguna jugada.

.-Estoy dispuesto a sacrificar partes de mi cuerpo por una caricia tuya- me respondió susurrándome de nuevo en el oído al tiempo que continuaba acariciándome las piernas. Mi mirada le dejo bastante claro que mis piernas bajo la mesa era todo cuanto podía tocar por esa noche. No me gustó la mirada sádica que me devolvió. Nuestra pequeña batalla comenzó entonces por la retaguardia.

La mano que antes me rodeaba por la cintura descendió descaradamente hasta acariciarme mi culo desnudo únicamente cubierto por la tira del tanga. Sentir su mano tan descaradamente sobando mi culo hizo que me sorprendiese tremendamente por su osadía, tanto que incluso puede que me humedeciese de golpe en ese instante. Me atacó por ambos frentes mientras yo trataba de disimular jugando a las cartas entre risas tontas y movimientos que se antojaban sospechosos. Quise pensar una vez más, que el resto de gente que se encontraba alrededor de la mesa justificaban mi comportamiento debido al alcohol ingerido por todos y mi racha de cartas. Además me hacía la tonta extremadamente bien.

.-Saca tu mano de mi culo si no quieres que te pegue un bofetón delante de todo el mundo- le susurré de nuevo a Eduardo al oído mientras disimulaba frente al resto de la mesa con una sonrisa de oreja a oreja.

.-No puedo, es que tienes un culo super suave, merecerá la pena acariciarlo aunque me des el bofetón- me provocó devolviéndome el susurro.

.-Eres un cerdo- le recriminé de nuevo en otro susurro manteniendo la sonrisa.

.-Lo sé. Lo soy, ¿creí que te gustaba?- me retaba al mismo tiempo que continuaba con sus caricias.

.-Tengo novio- le advertí tratando de amedrentarlo.

.-Podías habérmelo dicho en la piscina- me retaba mientras continuaba acariciándome.

.-Que sepas que hiciste el ridículo- traté de mofarme de él.

.-Pues a ti también pareció gustarte- me chinchaba.

.-¿Pero tú que te has creído?- le recriminé.

.- Vamos guapa, no trates de disimular, los dos sabemos lo que estás deseando- me susurró esta vez más cerca de la comisura de mis labios tratando de buscar un beso que no llegaba.

.- Eres un poco creidillo tú- trataba de hacerle entender que no tenía ninguna posibilidad.

Eduardo aprovechaba que era yo quien jugaba las cartas para meterme mano entre mis mulos tratando de alcanzar la tela de la braguita que cubría mi coño a la vez que me sobaba el culo a conciencia con su otra mano. En esas circunstancias yo era incapaz de concentrarme en el juego y perdí varias partidas seguidas.

.- De momento ya te tengo entre mis piernas, aunque no como quisiera- continuaba incitándome al mismo tiempo que me acariciaba las piernas.

.-Sigue soñando- le decía, aunque lo cierto es que sus caricias y su insistencia comenzaba a gustarme.

.-Antes de que acabe la noche estaré empotrándote contra la pared- soltó a lo bruto sin medir sus palabras.

.-Eres un burro- le seguía el juego.

.-Vas a gritar tanto que te vas a quedar afónica- se envalentó a decirme burradas.

.-Veo que eres todo un caballero que sabe cómo tratar a las damas- trataba de burlarme de él.

.-Después de mi sabrás lo que es el vacío- me dijo esta vez provocándome la risa floja por sus soeces. Fue en ese momento en que levanté la cabeza para ver como al otro lado de la mesa Estela y Álvaro se comían la boca el uno al otro. Los miré, me miraron. Eduardo también contempló el juego de miradas.

.-Al parecer tu amiga es más lanzada que tú- me susurró de nuevo retomando nuestra guerra dialéctica.

.-Ella no tiene novio- le recordé.

.-Por suerte tu novio no está aquí está noche. Tranquila, sabré guardar el secreto- continuó jugando conmigo.

En esas estábamos cuando me tocó jugar la baza a las cartas. Eduardo aprovechó la situación para que con la mano que me sujetaba por la espalda comenzase a acariciar mis nalgas oculta tras mi propio cuerpo. Osó avanzar decididamente por debajo incluso de la tela de mi tanga con la intención de tocarme en el mismísimo coño. No se me ocurrió otra forma de frenar su descarado avance, a la vez que disimulaba lo que ocurría al resto de la mesa, que en una maniobra totalmente inesperada para él juntarle ambas piernas rápidamente y sentarme de lleno sobre su regazo en lo que viene a ser una postura de “reverse cowgirl”.

Fue todavía peor. Eduardo hace tiempo que tenía una erección de caballo. Evité el avance de su mano pero me clavé yo misma su dureza en medio de mis nalgas. La pude sentir dura y palpitante aplastada por todo mi peso. Me acordé de las palabras de Estela en la piscina y adiviné porque se sorprendió de la erección de Eduardo. Por lo que pude advertir en mis propias carnes el chaval no estaba para nada mal dotado.

Eduardo me miró sonriéndose, yo lo miré y disimulé.

.-Apuesto a que te has llevado una sorpresa- me susurró él en el oído.

.-¿Yo?, ¿por qué?-  fingí a pesar de que me sorprendió su dureza y su tamaño sin entrar en comparaciones y tratando de minimizar los acontecimientos.

.-No trates de disimular, he visto tus ojos abiertos como platos nada más sentarte encima de mí- quiso provocarme.

.-¿Acaso pasa algo?- continuaba disimulando como dando a entender que no sentía nada.

.-Vamos, por la cara que has puesto, estoy convencido de que acabas de mearte en las bragas- me dijo esta vez.

.-¿Tú crees?. A lo mejor eres tú quien tiene problemas- pronuncié decidida a hacerle pasar un mal rato.

Podía sentir sus palpitaciones a través de su bañador en mi piel. En cierto modo me alegró saber que había sido yo quien provocase semejante estado en ese chico. Por un momento quise ser malota, así que disimuladamente comencé a moverme adelante y atrás sobre la polla de Eduardo, máxime cuando comprobé que el pobre se retorcía de gusto y que ahora era yo quien llevaba el control de la situación. De repente se habían cambiado las tornas y era él quien tenía que disimular frente al resto de comensales.

Era un lap dance encubierto en toda regla.

.-Veo que sabes moverte muy bien, espero que seas igual de buena en la cama- me provocó una vez más.

Lo vi retorcerse de placer con cada leve movimiento mío encima suyo.

.-¿Algún problema?- quise provocarlo.

.-Vas a hacer que me corra- me advirtió.

.-Seguro que ni mojas el bañador con esa cosita- me burlaba de él.

Creo que de haber continuado cinco minutos más moviéndome de esa manera el pobre muchacho efectivamente se hubiese corrido en las bermudas. Reconozco me comporté como una auténtica calientapollas y pese a que pensé que nunca en mi vida me comportaría de esa manera tan sucia, en esos momentos debo reconocer lo estaba disfrutando. Sé lo que ese pobre muchacho estaría pensando en su cabecita “Menuda guarra de tía”. Y lo cierto es que tenía razón, nunca había calentado tanto a un tío de forma tan descarada. Pensé que se lo tenía bien merecido por gilipollas, el pobre estaba a punto de estallar. Debo reconocer que la situación se tornó excitante para ambos, también para mí, me sentía como domina sometiendo a su esclavo.

Mi intención era  que el muy cerdo de Eduardo se hubiese corrido en el bañador. Me hubiera gustado ver su cara llegado ese momento. Sobre todo cuando me levantase de su regazo delante de todos en medio de la partida y le pidiese que fuese a la cocina a traerme algo de beber. No le quedaría otra que levantarse con su bañador mojado a la vista de todo el mundo haciendo el ridículo.  Desde luego que se le hubiese estado bien empleado por abusar de mi amistad con Estela.

.-¿Crees que a tu novio le gustará saber lo que estás haciendo cuando se lo cuente?- me provocaba por su parte una y otra vez.

.-Lo que quiero ver es tu cara cuando tengas que levantarte a la vista de todo el mundo. Quedarás como el cerdo que eres- le hice saber.

.-Pues que sepas que si sigues así lo vas a conseguir- parecía no importarle hacer el ridículo delante de todo el mundo.

Por suerte para él alguien dijo de dejar de jugar y todos parecimos tener ganas por concluir definitivamente las partidas y bailar.

Nada más levantarnos fui yo quien corrió al baño a calmar los nervios, además había ingerido el suficiente ron con cola como para tener la necesidad de orinar. Por suerte no tuve que esperar para poder encerrarme en el baño.

Nada más bajarme la braguita del tanga pude apreciar algo de moco en el centro del refuerzo de la tela del bikini. Joder, no lo quería reconocer pero me había puesto cachonda con tanto toquiteo y sintiendo la polla de Eduardo clavada en mi culo apenas separada por las telas de nuestras ropas. Sopesé masturbarme en el baño para relajar mi tensión pero lo descarté al escuchar gente fuera apurando por entrar. Reconozco que me acordé de mi novio en esos momentos por un instante, pero tampoco quise darle mucha importancia a lo sucedido, seguro que estos días en la distancia él también estaría tonteando con alguna guarra que aprovechase mi ausencia para rondarle. Además tampoco había pasado nada malo, un calentón y punto. No sería la primera vez ni la última que tontease con algún chaval. Una también tiene derecho a divertirse de vez en cuando y no ser la ridícula princesa de los cuentos. Las chicas malas también van al cielo, dice el refrán.

El caso es que decidí lavarme la cara y adecentarme un poco pues iba más perjudicada de lo que pensaba. Me percaté que el top de mi bikini estaba húmedo como para temer coger un resfriado, así que decidí quitármelo y dejarlo tendido dentro de la ducha de ese apartamento para que se secase. Sentí algo de calor al liberar la humedad de la tela del bikini, de lo que no me percaté es que la tela de la camiseta también andaba mojada y en salir del aseo y sobretodo con más luz, se transparentaban mis pezones a través de la tela mojada. Dado mi estado de falta de cordura me dio exactamente igual. Mis signos de embriaguez aumentaban por segundos tras levantarme de la mesa y era ya evidente mi borrachera. El muy cabrón de Eduardo había conseguido su objetivo de emborracharme, pero no  me había dado cuenta de ello hasta levantarme de la mesa. Nada más salir del baño traté de encontrar a mis amigas pero ni rastro de Judith ni de Estela.

Quien sí parecía estar esperándome a la salida del aseo era Eduardo, quien nada más encontrarme se sorprendió de verme aparecer con la camiseta mojada sin top del bikini y transparentándose mis pezones erectos. Me gustó su mirada a mis pechos. Estaba claro que el muchacho se moría de ganas por acostarse conmigo. Eran evidentes sus ganas por follar conmigo. Qué queréis que os diga, que a nadie le amarga un dulce, que a todas nos gusta sentirnos atractivas y deseadas. Y aunque Eduardo resultase ser un poco más baboso de lo que me hubiera gustado todavía entraba dentro del rango de lo tolerable. Me las había visto con tíos y en situaciones mucho más asquerosas y repugnantes. Creí poder sobrellevar la situación hasta que apareciese Estela e irnos a la habitación.

Eduardo enseguida me animó a bailar con él, cosa que agradecí al no ver a mis amigas. Vamos que en mi estado de incoherencia pensé algo así como mejor con él que con algún otro desconocido.

Mientras bailábamos me metió mano por todas partes. Aprovechaba cualquier excusa para perrear y clavarme su dureza en mi trasero. Yo me movía retorciendo mis caderas a ritmo de twerking contra su cuerpo. Advertí que a Eduardo le costaba mirarme a la cara y solo fijaba su vista en mis pezones erectos por la humedad de la camiseta. Reconozco en cierto modo que me gustó jugar con él. Provocarle, seguirle el juego, hacerle creer que tenía sus posibilidades aunque en ese momento fuera tan solo un pasatiempo para mí. Pobrecito, se creería que estaba dispuesta a dejarme follar por él cuando lo único que esperaba era hacer tiempo hasta encontrar a Estela e irnos a nuestra habitación.

En esas que reconocí a Judith entre el bullicio de la gente. Ella también me vio. Se sorprendió de verme en mi estado. Creo que mi amiga nunca me había visto tan borracha. Ni tan borracha ni tan desinhibida y calentorra. Me advirtió de mi comportamiento y me recriminó que estaba llamando la atención. Me recordó tenía novio. Agradecí que me salvase de mi misma. Era una buena amiga. También se molestó por la actitud de Eduardo y le recriminó se aprovechase de mi estado. Tiró de mi cuerpo arrastrándome por la muñeca hasta uno de los sillones del salón y le hizo indicaciones a Alfonso para que fuese por una botella de agua.

Recuerdo que me hizo beber mucha agua mientras charlábamos de nuestras cosas hasta que en un momento dado quedé adormilada a su lado en el sillón. Entre otras cosas porque con el paso del tiempo yo era incapaz de articular palabras y tras la llegada de Alfonso comenzó a charlar cada vez más con él hasta que poco a poco iniciaron besarse y morrearse. Al parecer ya se habían reconciliado otra vez.

Entre nubes y vagos recuerdos tengo la consciencia de abrir los ojos por un momento para comprobar que Judith y Alfonso ya no estaban sentados a mi lado en el sillón. A cambio estaban unos chicos que a pesar de haber coincidido con ellos en varias clases apenas nos habíamos hablado nunca. Es más, los había ignorado por mi parte al ser considerados los “nerds” de la facultad. Recuerdo abrir los ojos para comprobar que hablaban de mí y de la borrachera que llevaba encima, si bien sus palabras eran como ecos con retardo ininteligibles en mi cabeza. Me había emborrachado. Tal vez la mayor tajada de mi vida hasta el momento. Lo veía todo nubloso y era incapaz de articular una frase con coherencia.

Quedé adormilada otro rato y lo único que recuerdo eran caricias de varias manos en mi cuerpo. Manos que me acariciaban las piernas e incluso los pechos entre risas estúpidas.

Desperté de nuevo alertada por la voz de Judith reprochando el comportamiento de mis acompañantes al tiempo que escuchaba como le ordenaba a Alfonso que me cogiese en brazos y me llevase a su habitación, quise entender que por estar más cercana que la mía. Al menos eso entendí de la discusión entre ambos.

Lo último que recuerdo de es que caí a peso bomba sobre la cama de una habitación que por el desorden no parecía ser la que compartía con Estela. Poco me importó que no fuese mi cama, necesitaba dormir.

Cuando desperté por primera vez era ya de noche, la cabeza me dolía a rabiar. Miré a mi alrededor y efectivamente deduje que estaba en la habitación de Judith y Alfonso según mis últimos recuerdos. Saqué fuerzas como pude para ir al baño. En el camino me encontré un montón de bragas y ropa interior tirada por el suelo. Oriné otra vez y bebí tanta agua como pude. Rebusqué en el neceser de Judith y encontré pastillas de paracetamol. Me sorprendió ver condones tamaño XXL entre sus pinturas, geles y pintalabios. Pensé que algo de ibuprofeno tampoco  me vendría mal para mitigar cuanto antes el dolor de cabeza y la resaca.

Me miré en el espejo del baño. Estaba hecha una  mierda. La camiseta estaba empapada a la altura de los pechos transparentándose mis pezones y su aureola. Eso y haberme paseado desnuda a la vista de todo el mundo era prácticamente lo mismo. Me la quité antes de tumbarme de nuevo sobre la cama. Necesitaba dormir más. Sólo pensaba en dormir, dormir y dormir.

De regreso a la cama tuve que quitar otro montón de ropa de encima de las sábanas. No había más que ropa de Alfonso y Judith por todas partes. Si bien la primera montaña de ropa era de Judith, la segunda lo era de Alfonso. Especialmente tuve que retirar su ropa interior. Me llamó la atención que Alfonso utilizase slips y no sé por qué me vino a la memoria los boxers de mi novio. Lo cierto es que mi chico estaba impresionante en calzoncillos. Me acordé de él al tumbarme sobre la cama. Lo echaba de menos. Desearía que estuviese allí conmigo, en mi estado seguro que terminábamos follando en algún lugar prohibido del hotel como tan solo él sabe follarme. La simple idea de imaginármelo empotrándome contra la pared de la habitación me ponía cachonda, tenía que calmar mi calentura de toda la noche. Me lo imaginé celoso por haberme paseado semidesnuda delante de todo el mundo. Sé sobradamente lo bestia que se pone cuando se enfada conmigo. Tiene mejor sexo. Así que sin querer comencé a acariciarme bajo las sábanas hasta el punto que recuerdo llegué a quitarme el tanga y tirarlo al suelo imaginando que era mi chico quien me lo arrancaba ansioso por metérmela y follarme. El simple roce de las sábanas me excitaba. Me imaginaba sus nalgadas recostada boca abajo sobre su regazo a modo de castigo insultándome y reprobándome mi comportamiento a la vista de todo el mundo. Duro, necesitaba de sexo duro para calmar mi estado de embriaguez.

Me imaginaba reproches del tipo “si tú me has humillado delante de mis amigos ahora me toca a mí humillarte” a la vez que me obligaba a arrodillarme a sus pies para chupársela. Eso ya lo había probado antes y debo decir que me encantaba mirarlo a los ojos desde abajo. Contrario a lo que se piense yo tengo el bastón de mando en esas situaciones, nunca mejor dicho.

Enseguida me vino el primer espasmo de mi cuerpo. Tuve que elevar mi pelvis varias veces para contener las primeras sacudidas. Comencé a temblar. Toda yo estaba hipersensible. Con los temblores se sucedía el balanceo de mis pechos rozando con las sábanas.

Joder!!!, creo que en mi vida había estado tan cachonda. No ahogué mis gritos. Si había alguien fuera que pudiera escucharme que me escuchase, me daba igual, necesitaba con urgencia culminar mi orgasmo. Me toqué el clítoris a una mano mientras con la otra me follaba yo misma a dos dedos. Todo mi cuerpo temblaba en espasmos a punto de correrme. Me pellizqué los pezones y jugué con el anillo de mi esfínter llegando a introducirme por mi ano tan solo la yema de otro de mis dedos. Fue suficiente.

.-Joder…siiih,…siiiiiiih,….SSIIIIIIIIIIH!- terminé gritando al tiempo que mi cuerpo convulsionaba de placer y una descarga eléctrica como hacía tiempo no recordaba recorría mi espina dorsal desde la punta de mis dedos del pie hasta mis cervicales.

Quedé dormida exhausta y extenuada desnuda bajo las sábanas tratando de recuperar la respiración.

Lo siguiente que recuerdo es el ruido de unas llaves al otro lado de la puerta de la habitación y las voces de Alfonso, Eduardo y un tercer chico que no lograba reconocer.

A lo que quise reaccionar la puerta se abrió y por los pasos deduje que los tres muchachos entraban dentro. Permanecí quieta, haciéndome la dormida, agradeciendo haberme cubierto con la sábana de la cama pues todavía estaba desnuda tras masturbarme.

.-Lo que te decía, por culpa de esta tía borracha he discutido de nuevo con Judith, se ha ido a dormir con su amiga Estela y me ha dejado con esta zorra en mi cuarto. Lo peor es que me ha jodido el polvo de esta noche, así que hazme el favor de sacarla de mi cuarto y llevártela donde quieras. Lo único que quiero es poder traer de nuevo a Judith y follar como Dios manda-. A pesar de hacerme la dormida deduje que las palabras de Alfonso iban dirigidas especialmente a Eduardo.

Decidí continuar haciéndome la dormida a modo de absurda táctica de defensa. Consideré no era momento de hacer como que despertaba. Además de estar desnuda y muerta de vergüenza las palabras de los chicos habían despertado mi curiosidad por las intenciones de Alfonso para con mi amiga.

.- Joder, si supieras lo que me ha calentado la muy puta, lleva toda la noche calentándome la polla, y justo en el momento en que la tenía a huevo para follármela llega tu novia tío y me jode el plan- pronunció Eduardo quitándome la sábana que me cubría el cuerpo para dejarme desnuda a la vista de los tres, deduje que lo hizo con la intención de cogerme en brazos y llevarme a otra habitación según los planes que se venían haciendo.

De repente creí morirme de vergüenza.

Por supuesto todos se llevaron una grata sorpresa. Yo traté de disimular mi desnudez y mi vergüenza como pude en esos momentos. Tuve que hacer un esfuerzo por no moverme y delatarme, debía continuar fingiendo estar profundamente dormida según mi plan. En mi absurdo raciocinio pensé que tras contemplarme como Dios me trajo al mundo me taparían y me dejarían continuar durmiendo, que desistirían de sus planes. Además cada una de sus frases hasta ahora habían despertado mi curiosidad.

.-¡¡¡Joder si está completamente desnuda!!!- exclamó Alfonso tras comprobar que efectivamente estaba como mi madre me trajo al mundo tirada boca abajo sobre su cama.

.-¿Qué hacemos ahora?- preguntó Eduardo al resto sorprendido como todos por verme sin ropa.

.-No podemos ir por los pasillos con ella desnuda, fijo que tenemos algún problema- concluyó Eduardo en su argumentación.

En esos momentos pensé que mi táctica daría resultado. No podía ser de otra manera. Imaginé su cara de idiotas al verme mi culito desnudo. Aunque hubiera sido gracioso verlos debía permanecer inmóvil y esperar a que se fueran.

.-Joder que putada. No me lo puedo creer- exclamó Alfonso maldiciendo su suerte.

.-Tenemos que despertarla- argumentó el tercer chico al que no lograba reconocer por su voz.

Por un momento entré en pánico. “¿Despertarme?, ¿desnuda?. No, no, no eso no podía ser, me moriría de vergüenza” pensé. ”Por favor, que me tapen de nuevo y se vayan” rezaba mentalmente para que sucediese aquello que yo creía más lógico: que me dejasen tranquila.

.-Lo mejor será que la vistamos antes de despertarla- se apresuró a decir Eduardo antes de que escuchase ningún otro ruido en la habitación.

.-Si pero…¿dónde coño esta su ropa?, entre tanto desorden no hay quien encuentre nada- preguntó el tercer muchacho.

.-¿No recuerdas que bragas llevaba esta guarra?- preguntó Alfonso a Eduardo quien no dejaba de insultarme por haberle aguado la fiesta contagiando con su lenguaje soez al resto de amigotes.

.-¡Qué coño voy a recordar!. ¿Y tú?, de entre todo este lío ¿no sabes cuál puede ser?- le devolvió la pregunta Eduardo a Alfonso.

.-Ni puta idea de cuáles pueden ser. Lo que si tengo claro es que como aparezca con unas bragas de Judith me corta la polla- respondió ante la pasividad de los tres.

Relajada la tensión inicial de sorprenderme con el culo al aire, sus comentarios me resultaban ahora graciosos. Imaginaba a un Alfonso debía estar desesperado por sacarme de ahí. ¡Que se joda!. Sólo pensaba en follar con Judith, si le estaba fastidiando el plan que se aguantase o se hiciese una paja.

.-Anda, mira a ver si pueden estar en el baño- le ordenó Eduardo al desconocido quien por los ruidos deduje se alejaba en dirección al aseo dejando a la temible pareja junta.

Una vez desapareció el desconocido fue como si incrementase mi sentimiento de vergüenza al permanecer desnuda delante de los otros dos, en especial de Alfonso, la pareja de Judith, quien además no dejaba de meterse conmigo de manera casi enfermiza. Al menos podían molestarse en cubrirme con la sábana de nuevo, pero muy a mi pesar parecían disfrutar con la visión de mi culito desnudo.

Quise pensar que por suerte tan solo me habían visto el culo. Me consolaba pensando que mostraba poco más que lo que ya había enseñado en la piscina o en la playa con mis tangas, y agradecí estar tumbada boca abajo.

Tras la desaparición del tercero y más sensato se produjo un incómodo silencio, al menos para mí. Mi instinto me decía que no había buenas vibraciones en la habitación. Dada la situación preferí continuar haciéndome la dormida hasta que se fuesen o encontrar el momento en el que despertar. Estaba tensa, no me gustaba el silencio ni saber que se tramaban. Pese a mis nervios premonitorios todavía mantenía la esperanza de que me dejasen continuar durmiendo y todo quedase en un mal recuerdo.

.-Joder que buena está la zorra- pronunció Alfonso entre susurros nada más alejarse el tercero hacia el baño. Me llamó la atención que dijese eso de mí tan abiertamente delante de su amigote.

.-Que ganas tenía de follármela antes de que llegase tu novia y me jodiese el plan- le respondió Eduardo a Alfonso también entre susurros. No sabía si no querían despertarme con su voz o si no querían que el tercer amigo se enterase de la pervertida conversación entre ambos.

.-Nos ha jodido el polvo a los dos- le respondió Alfonso.

.-Y que lo digas. Antes mientras bailábamos se ha dejado tocar de todo, el culo el coño…incluso la muy zorra me sobado la polla- continuó vanagloriándose Eduardo.

Lo que si recuerdo es que de repente un escalofrío recorrió  mi espalda. Supuse me estarían observando descaradamente, babeando, como cerdos que eran.

.-Que suerte la tuya cabrón, lo cierto es que está buena la hija de puta, me entran ganas de tocarle ese culazo que tiene- murmulló Alfonso para incremento de mi sorpresa.

.-Pues no te cortes, seguro que la tía ni se entera- susurró de nuevo Eduardo sentándose a un lado de la cama, al tiempo que pude sentir su peso sobre el colchón y su mano acariciando mi muslo por la cara interna ascendiendo hasta sobar mi nalga desnuda.

Actuó rápido, sin darme opción a nada, salvo porque instintivamente tensé mis nalgas y acto seguido simulé despertar tímidamente. Apenas un gesto de disimulo amenazante por mi parte, me percaté que no podía darme la vuelta y amagué continuar haciéndome la dormida. De girarme, me verían desnuda de frente, así que opté por aguantar fingiendo sueño pese a las caricias furtivas de Eduardo.

.-Cuidado la vas a despertar- le alertó Alfonso preocupado.

Eduardo ignoró sus palabras y continuó acariciándome. Deduje que unas simples palabras no iban a detenerlo una vez comprobó la suavidad de mi piel.

.-No te preocupes, esta tía no despierta hasta mañana, menuda borrachera lleva- susurró Eduardo quien comenzaba acariciarme descaradamente la nalga frente a su amigo regocijándose ante mi pasividad y confirmando mis temores.

.-¡Que cabrón eres!- pronunció Alfonso sentándose del otro lado de la cama y acariciándome también el culo imitando a su amigo.

Eso sí que no me lo podía creer. Me estaban sobando a dos manos. Los muy sinvergüenzas se estaban aprovechando de mi indefensión. Juro que me hubiera levantado a partirles la cara a los dos, pero el sentimiento de vergüenza me tenía paralizada.

“Serás cabrón, que estás con Judith y te estás aprovechando de su amiga” descargué mi rabia contra Alfonso por su comportamiento tan ruin mientras no me quedaba otra que continuar haciéndome la dormida. Ansiaba que las caricias de esos cerdos terminaran cuando regresase del baño el tercero en discordia. Parecía sin duda el más sensato y en quien depositaba mi confianza y todas mis esperanzas. Comenzaba a ser una especie de superhéroe en la sombra para mí.

Efectivamente mis vibraciones eran correctas…

.-Joder!!!. ¿qué coño hacéis?- preguntó el tercero nada más entrar en la habitación y sorprender a sus amigos sobándome el culo con descaro. Efectivamente estaba siendo mi salvación, de enterarme quien era ese muchacho desde luego que estaba dispuesta a devolverle el favor en cuanto pudiera.

.-Chiisstt, calla!!. La vas a despertar- le espetó Alfonso al recién incorporado tratando de que bajase el tono de voz.

.-Sois unos cabrones- susurró de nuevo el tercero en voz baja obedeciendo las indicaciones de los otros dos.

.-¿Tú has visto lo buena que está esta zorra?- pronunció Eduardo sin dejar de sobarme el culo y la cara interna de mi muslo más cercano a su posición.

.-Llevo esperando esto mucho tiempo- dijo ahora Alfonso quien introdujo su mano entre mis muslos para acariciar ya no solo mi culo, sino buscando alcanzar  mi coño. Atreviéndose a hacer lo que Eduardo llevaba un tiempo amagando y no se atrevió: deslizar su mano por todo mi coño.

.-¿Qué coño dices tío?- le criticó de nuevo el desconocido en un tono de voz más cerca del susurro que de un reproche. Desde luego el único coherente.

.-Como lo oyes. Que llevo desde que la conocí soñando con montarme un trio con esta puta y mi novia- pronunció Alfonso para sorpresa de todos incluyendo la mía. No me podía creer lo que acababa de escuchar, aunque por otra parte no me sorprendió tanto. Me dejó claro que era un auténtico gilipollas, pero sobretodo no lograba entender que hacía Judith perdiendo el culo detrás de semejante cabrón.

Era evidente que el tío era un cerdo y un cínico. Tenía claro que a Judith la tenía más por follamiga que por novia, pero de ahí a meneársela pensando en mí era otra cosa. “Sera cabrón” pensé nuevamente “no sé cómo pero esta me la pagas”. De momento el muy cerdo tenía la suerte de su lado pero tenía claro que iba a pagar caros sus comentarios y atrevimiento.

.-¿Qué tal si nos divertimos un poco?- pronunció Eduardo para mayor sorpresa mía todavía e intriga del resto.

.-Será mejor que nos vayamos y la dejemos dormir. Nos podemos meter en un buen lio si despierta- pronunció el tercero tratando de poner algo de sensatez una vez más en toda esa locura.

.-¿Qué estás diciendo imbécil?. ¿Lío por qué?. ¿No hemos hecho nada malo?. Ninguno de nosotros ha desnudado a esta tía, que yo sepa no ha dicho “no” a nada hasta el momento. No estamos en España y además…- hizo un suspense en sus palabras.

.-¿En qué coño estás pensando?- preguntó Alfonso a Eduardo notablemente excitado en su voz queriendo saber de sus intenciones.

.-Que esta zorra lleva calentándome los huevos toda la noche y necesito descargar como sea- pronunció Eduardo al tiempo que notaba como se bajaba de la cama y dejaba de acariciarme.

Con los ojos cerrados y tumbada boca abajo desde mi posición no supe que estaba haciendo ni cuáles eran sus intenciones, hasta que el tercero en discordia me alertó:

.-¿Qué carajo haces tío?. Haz el favor de vestirte y dejar de meneártela- anunció el desconocido para mi total sorpresa y desagrado.

Al parecer el muy cerdo de Eduardo se había quitado el bañador y la camiseta y se estaba pajeando al pie de la cama mientras me miraba desnuda. Seguí haciéndome la dormida boca abajo pero las palabras del tercero fueron claras para deducir lo que estaba pasando.

.-Cierra la puerta y haz el favor de callarte o salirte- pronunció Eduardo –esta tía está borracha perdida y no se entera de nada. Lo único que quiero es sacudírmela a gusto. Estoy que reviento. Si nadie dice nada no tiene porqué enterarse de nada y creo que me merezco desahogarme, además…¿quién me impide estar desnudo en la habitación de mi amigo?- terminó de explicarse Eduardo.

En verdad no podía verlo pero ahora podía escuchar el ritmo de su mano sacudiéndose la polla al lado de la cama.

.-Eres un cabrón- le increpó el único que parecía sensato y de quien tenía que averiguar quién era para darle las gracias.

.-Oye, oye, que es ella la que está desnuda en el cuarto de Alfonso. A saber porque se habrá metido desnuda en la cama. Ya estaba así cuando hemos entrado y de eso somos testigos los tres. A lo mejor pretendía sorprender a Alfonso y tirárselo. ¿Te imaginas Alfonso que la tía se hubiese desnudando pensando en follar contigo?. Seguro que ella también quería un trio contigo y su amiga-. El muy canalla trataba de que Alfonso le siguiera el juego con los argumentos más ruines y rastreros que nunca hubiera imaginado.

.- Eduardo tiene razón. Tan solo es una paja. No hay nada malo en ello. Si quieres puedes irte- pronunció Alfonso al tiempo que por los ruidos de su ropa deduje que también se había desnudado y al igual que Eduardo se la estaba meneando observándome desnuda del lado contrario de la cama.

.-Esto no está bien- pronunció el tercero alentando mis esperanzas de que fuera capaz de detener al par de sinvergüenzas..

.-Para no estar bien, bien que te la estás sacudiendo cabrón. Además, como se despierte y te vea ese pedazo de polla que te gastas seguro le da un susto de muerte a la cabrona- le reprocho Eduardo entre risas de los tres.

.-Joder tenéis razón, reconozco que está muy buena, resulta irresistible. Pero nos hacemos la paja los tres y nos vamos- evidenció el tercero muy a mi pesar con sus palabras que también había sucumbido a la tentación de mi cuerpo.

De repente la situación se tornó tan surrealista que no supe cómo reaccionar. Por el momento consideré que no tenía otra opción que continuar fingiendo dormir la mona a la espera de acontecimientos. Me imaginaba a esos tres cabrones meneándosela como mandriles a mi salud desnudos en medio de la habitación sacudiéndose sus pollitas. De no ser por la tensión que llevaba dentro acumulada incluso podría llegar a ser en cierto modo excitante. Tres tíos sacudiéndosela a mi salud. No estaba mal, aunque por el momento deseaba terminasen su paja cuanto antes y marchasen del cuarto según los planes del más sensato y mis esperanzas.

Por la sombra pude sentir la presencia de uno de ellos muy cerca de mi cuerpo. Enseguida supe que era Eduardo, quien con toda la cara del mundo se subió a la cama y acomodándose con ambas rodillas a cada lado de mis piernas me cerró las piernas entre las suyas. Las cosquillas de sus pelos en mi piel me resultaron familiares, máxime cuando Alfonso le alertó:

.-Ten cuidado no la despiertes- evidenció el novio de mi amiga su temor.

.-Joder que cabrón eres- murmulló el tercero al comprobar la maniobra de Eduardo.

De repente lo pude sentir. Eduardo estaba arrodillado encima de mí con sus piernas separadas a cada lado de las mías. Podía apreciar el ajetreo de su mano que hacía temblar todo el colchón. Lo peor cuando la suavidad inconfundible de su prepucio contactó con la piel desnuda de una de mis nalgas. El muy cerdo me estaba restregando la polla por todo el culo a la vez que se la meneaba.

El coraje que sentí solo lo sabía yo. Me tuve que contener para no incorporarme y montar un escándalo. Se les podía caer el pelo, tal vez incluso cárcel. Desconocía como coño estaría tipificado en lo penal, pero desde luego era una cerdada. Estuve a punto de levantarme y montarles el numerito pero…

A lo que quise reaccionar era tarde.

Mi estupor e impotencia cuando pude comprobar como un líquido viscoso y espeso salpicaba sobre mi piel. Las primeras gotas alcanzaron casi hasta mi pelo por detrás en la nuca, las siguientes ya cayeron a la altura de los riñones y las últimas sacudidas fueron vertidas en mis nalgas.

Reconozco me sorprendió lo pronto que se corrió el muy cerdo, así como la cantidad de tiempo y semen que estuvo eyaculando Eduardo sobre mi espalda y mi culo. Con mi novio apenas eran siempre unas gotas y unas pocas contracciones y por supuesto tardaba algo más de tiempo en correrse.

Comentar que si hay algo en este mundo que me pone cachonda hasta límites insospechados es ver eyacular a un hombre, es algo que me pone muy caliente, sentí no poder ver a Eduardo, reconozco no me hubiera importado verlo, total ya que estábamos. Además, por lo menos a mí el semen de un tío no me dá asco. Al menos no tengo las reticencias que me comentan mis amigas. Todo lo contrario, como digo me gusta ver eyacular a un hombre y una vez pruebas el sabor del semen te das cuenta no es para tanto.

Me sentí contradecida. Por un lado me acordé de mi novio. Lo que estaba pasando era una putada que nunca podría contarle. Por otro lado debía reconocer que hasta el momento todo tenía su punto de excitación. De haber conocido a Eduardo sin novio seguramente me hubiera enrollado con él y quién sabe si incluso llegado a tener sexo. Un mal rollo de una noche como tantos otros.

Por otro lado estaba temerosa de que las cosas fueran a mayores. Seguramente era esa sensación de vulnerabilidad la que puede se apoderase del resto, porque irónicamente me sentí también un poco culpable.

“Pobrecito” pensé mientras sentía su leche resbalar por mi piel “en verdad que lo necesitaba el muchacho”. Lo cierto es que llevaba toda la noche calentando al pobre chaval y claro…

Enseguida interrumpieron mis pensamientos con sus comentarios.

.-Joder, que cabrón, la has dejado bien regadita- pronunció Alfonso sin duda sorprendido por la escena.

Pude comprobar como Eduardo se levantaba de la cama, deduje que seguramente marchó a limpiarse al baño, para acto seguido sentir la presencia de Alfonso a la altura de mi cara casi en el borde de la cama.

No quería ni imaginar lo que ese cerdo estaría pensando. Entre abrí los ojos disimuladamente para ver qué es lo que estaba haciendo.

El muy cabrón se estaba acomodando para sacudírsela a escasos centímetros de mi cara. Me sorprendió el tamaño que ví de su polla. A dos manos y le quedaba aún todo el glande por frotar. Ahora podía entender el encoñamiento de mi amiga Judith. Por lo que me pareció ver el tío se gastaba una buena herramienta. Por la primera impresión desde luego mucho mayor que la de mi novio. No tardó en llegarme el olor de su polla a mi nariz. Estaba tan cerca que casi me rozaba la cara con su polla. Contraria a lo que podía pensar no me resultó tan desagradable. Desde luego era un aroma fuerte a polla, con ciertos matices al cloro de la piscina que mitigaban los olores más desagradables.

.-Menuda boquita tiene la muy zorra, si pudiera se la metía hasta la traquea- pronunció Alfonso al tiempo que me restregó la polla por toda la cara. Inevitablemente hice un gesto de desaprobación.

.-Cuidado, la vas a despertar- alertó el tercero. De nuevo el único que parecía con algo de sentido común. Sin conocerlo ni verlo empezaba a caerme bien.

.-Que se despierte, seguro que no ha visto una polla como esta en su vida- se regocijó Alfonso de su tamaño rozándome la comisura de mis labios con su prepucio.

Yo continuaba haciéndome la dormida como pude, pero lo cierto es que me imaginaba la escena vista desde fuera y comenzaba a humedecer mi entrepierna. Y es que en el fondo tener el novio de mi mejor amiga tratando de follarme por la boca era de lo más excitante que me hubiera pasado hasta la fecha. No lo hubiera provocado jamás, pero ahora que tenía su pedazo polla rozándose por toda mi cara me hubiera abalanzado sobre su miembro dispuesta a comérselo como seguro no se la ha comido nunca la zorra de mi amiga.

Por el resto de las palabras de Alfonso deduje que Judith apenas se la mamaba, y si lo hacía era con reticencias. En cambio si una cosa había aprendido con mi actual novio era a disfrutar comiéndosela a un tío. Superado el pudor inicial, en que el rabo ya sabe a mi propia saliva, todo es disfrutar de lo que puedo hacer con el pobrecito. Sus ojitos, su desesperación, hasta puedo adivinar los pensamientos de un tío en esos momentos: “puta”. Me encanta ese momento cuando se la mamo. A mi merced.

Si pudiera despertar, se iba a enterar Alfonso de lo que es una buena comida de polla. Seguro que no me duraba ni un minuto y entonces me increpaba con razón.

Efectivamente, según mis esperanzas Alfonso tampoco tardó mucho en eyacular. Al poco de atreverse a rozarme los labios de la boca con su polla salpicó unas cuantas gotas sobre mi cara. Lo escuché correrse entre bufidos, parecía un cerdo en la matacía. Me hizo gracia su forma de gemir. Al igual que mi novio apenas derramó unas gotas en pocas sacudidas. Eso sí, impactaron sobre mis mejillas. La pinta de puta que debía tener debía ser digna de ver. Me hubiera gustado verme en algún espejo. Pero no podía, debía fingir continuar durmiendo. Anhelaba todo hubiera terminado de esa manera y que se marchasen de la habitación de una vez por todas. Necesitaba me dejasen de nuevo sola para limpiarme y porque no, tal vez masturbarme de nuevo. La situación tenía su punto. Reconozco comencé a humedecerme tímidamente. Tal vez en otras circunstancias todo hubiera sido muy distinto.

Mi sorpresa cuando escuché la voz de Eduardo que ya había regresado del baño decir…

.-Hemos dejado al Sevillano la mejor parte de esta zorra- pronunció Eduardo poniéndome en alerta pues de él no me esperaba idea buena.

.-¿Qué quieres decir?- preguntó Alfonso recuperando la respiración.

.-Falta de correrse el sevillano. Demos la vuelta a esta zorra y que se corra en sus tetas. Quiero verla desnuda- apuntilló Eduardo.

.-No, yo no, no hace falta- dijo el tercero y desconocido del que ya sabía algo más: que venía por parte de la Universidad de Sevilla.

.-No me jodáis que no queréis ver a esta tía de frente. Además mirar el pedo que lleva que ni se entera –dijo Eduardo.

.-Que cabrón, si vas a tener suerte y todo por haber aguantado el último- pronunció Alfonso.

.-No tengo yo tan claro que no se entere de nada- pronunció el desconocido y que al parecer era de la otra universidad de la fiesta.

.-Venga ayúdame- dijo Eduardo al tiempo que entre él y Alfonso me daban la vuelta y me acomodaban tumbada boca arriba casi al borde de la cama.

Creí morirme de vergüenza. Ahora estaba totalmente expuesta a la vista de aquellos cerdos. Me hubiera cubierto de inmediato de no ser porque Alfonso y Eduardo todavía me sujetaban por los brazos después de haberme dado la vuelta.

.-Será puta- exclamó Eduardo nada más girarme y observarme desnuda boca arriba.

.-La hostia, si lleva el coño totalmente rasurado- exclamó Alfonso evidenciando la sorpresa de todos los presentes al fijarse en mi desnudez.

Entre que estaba totalmente expuesta y sus comentarios, contraria a sentir vergüenza me excitó la situación, la tímida humedad incipiente entre mis piernas de hace un rato, comenzaba a ser persistente. Me encontraba en ese estado en el que tú misma te hueles tus propios fluidos. Por un momento me sentí alabada como una diosa. Supongo se desató mi lado más exhibicionista. Lástima que tuviera que fingir seguir durmiendo para hacerme la decente.

.-Seguro que no has visto un coño así en tu vida- incitó Eduardo a Alfonso para regocijo mío.

.-Ya te dije que esta tía es muy zorra- le correspondía Alfonso en los comentarios retroalimentándose entre ambos.

.-Menudas tetas más ricas que tiene- comentó el desconocido.

.-Puedes correrte en ellas si quieres- le incitó Eduardo al compañero de la otra universidad.

.-Lo haría, pero a decir verdad tengo más curiosidad por saber cómo le huele el coño a esta tía- pronunció el desconocido al tiempo que podía sentir como trataba de acomodarse entre mis piernas. Sin decirlo era evidente que también le llamó la atención mi coñito sin un solo pelo.

¡¡Pero que les pasa a los tíos cuando ven un pubis rasurado!!. Mi novio igual, se vuelve loco.

.-Joder, y parecía tonto el sevillano cuando lo encontramos- pronunció Alfonso mientras se sucedía la escena.

En esas que pude sentir como el cuerpo de un autentico macho se deslizaba entre mis  muslos al tiempo que unas manos abrían mis piernas en el borde de la cama exponiendo mi sexo a la vista de todos.

Alguien tiró de mi cuerpo deslizando sus manos por debajo de mis nalgas para situarme al borde de la cama. Deduje serían las manos del sevillano las que me acomodaban a su antojo sujetándome por debajo de las nalgas, entre otros motivos porque otras  cuatro manos me abrían las piernas por los tobillos y esas debían ser las de Alfonso y Eduardo cada uno en su lado. El sentir seis manos en mi cuerpo ayudo a incrementar mi grado de excitación. Desde luego era una sensación morbosa e indescriptible.

De repente pude sentir el aliento del desconocido oliendo mi coño mientras el interior de mis muslos se rozaban inevitablemente con su cara. Por la posición debía estará arrodillado a los pies de la cama.

¿Cómo podía ser que las caricias de un desconocido me resultasen excitantes y agradables al mismo tiempo?. No sabía ni quien era ni si era feo o guapo. No sabía nada de él pues continuaba todo el rato haciéndome la dormida.

Me lo imaginaba arrodillado a mis pies, inhalando el aroma de mi coño y eso me hacía sentir empoderada. Tenía un desconocido arrodillado a mis pies como si fuese una diosa, el morbo era indescriptible.

.-Joder que bien le huele a la cabrona- pronunció el desconocido con su cabeza ya entre mis piernas. Incluso puede sentir el calor de su aliento en mis labios vaginales. Su proximidad empezaba a ser desesperante. Un desconocido entre mis piernas observando mi débil intimidad expuesta a su merced mientras respiraba el aroma de mis fluidos.

Joder, joder, joder…eso ya no pude resistirlo.

.-Uhm- un tímido gemido se me escapó sin querer. Mi cuerpo se retorció tímidamente de gusto y placer. Como digo, me resultaba totalmente morboso tener un desconocido entre mis piernas oliéndome el coño. Los roces de mis muslos con su pelo, con sus orejitas calientes, el contacto de la piel de mis muslos con  su carita me excitaban hasta límites que nunca hubiera imaginado. Tanto que necesitaba verlo. No podía disimularlo por más tiempo. Además debía tomar el control de la situación.

Fingí despertar y entreabrí un poco los ojos para ver la escena. Creo que el tío me vio a pesar de que volví a cerrar los ojos. Apenas un pestañeo. No pude verle bien la cara.

Juro que a poco me corro del morbo. Me resultó indescriptiblemente excitante tener a un completo desconocido con su cara a escasos centímetros de mi coño sacudiéndose su buena polla observándome desnuda. Para colmo el tío era rubito, guapito y marcaba abdominales. Parecía que le hubiese quitado Ken a la mismísima Barbie.

.-Ummmmh- No pude evitar gemir algo más intensa esta segunda vez.

.-Para mí que esta tía está humectando- pronunció el sevillano al tiempo que rozaba con uno de sus dedos mis labios vaginales.

“Humectando” pensé. “¿Quién coño dice humectando?” me hizo gracia su expresión, tuve que aguantarme la risa.

.-Diría que le brilla el coño- pronunció Eduardo.

.-¿Con que polla estará soñando, Eduardo?,¿con la tuya o con la mia?- preguntó Alfonso.

En estas que el sevillano me lamió el coño de un lengüetazo en toda mi extensión de abajo arriba.

.-MMMMMMmmmhh- De nuevo gemí en voz alta a la vez que mi cuerpo no pudo evitar retorcerse de placer. Creo que mi cuerpo me delató.

.-Esta tía sabe de puta madre- comentó el desconocido sevillano.

Sorprendiendo a todos los presentes dejó de estar de rodillas para incorporarse en pie y mientras Alfonso y Eduardo me abrían de piernas por los tobillos, el que parecía más inocente y tímido de todos, comenzó a restregarme la polla por todo mi coño. Se esmeró especialmente frotando el capuchón de mi clítoris.

.-Uuuuhmm- no pude evitar gemir otra vez en voz alta y retorcerme de placer y excitación al mismo tiempo delatándome sin poder evitarlo.

El desconocido restregó unas cuantas veces su polla por todo mi clítoris abriendo mis labios con su prepucio cada vez que subía y bajaba recorriendo su extensión.

Necesitaba verlo con mis propios ojos. Abrí los ojos y me sorprendió mirándolo. Lo miré, me miró y cerré los ojos disimulando de nuevo.

.-Por favor compañeros, decirme si está tía no está mojada- pronunció el supuesto sevillano, a lo que Alfonso y Eduardo acariciaron mis piernas desde los tobillos hasta mis labios vaginales explorando mi coño obedeciendo las indicaciones de su amigote.

.-Joder está empapada- dijo Eduardo tras atreverse a introducirme la yema de uno de sus dedos. Lo mismo hizo Alfonso con su respectiva mano, solo que él no pronunció palabra.

Aunque me mordí los labios para no levantar sospechas lo cierto es que de repente solo se oían mis tímidos gemidos en el ocasional silencio de la habitación. De Alfonso y Eduardo no se escuchaba ni sus respiraciones. La tensión se cortaba en el aire.

Resultaba evidente que estaba mojada y expuesta. Ya lo habían comprobado los tres. Mis fluidos empapaban mis labios vaginales que brillaban a la vista de todos.

.-Vamos a ver si logramos que se corra en su estado- pronunció el desconocido rompiendo el silencio y poniéndome nerviosa. A todo esto sin dejar de restregarme lo polla por todo el coño.

.-¿Qué insinúas?- preguntó Eduardo con un hilo de voz en su garganta adivinando las intenciones del de Sevilla.

.-Pues que esta tía se está haciendo la borracha cuando en verdad es consciente de todo- espetó al tiempo que a una mano acomodaba la punta de su polla entre mis labios vaginales.

.-No te entiendo- pronunció esta vez Alfonso temiéndose lo peor.

.-Que voy a follármela- pronunció el sevillano sin dejar de mover su polla a lo largo y ancho de mi coño torturándome.

Es entonces cuando abrí los ojos. Quise verlo bien. Me estaba torturando y excitando hasta límites insospechados.

De nuevo lo miré. Me miró. Tanto Alfonso como Eduardo me vieron con los ojos abiertos clavando mi mirada en el sevillano.

.-Fóllame- susurré ante la sorpresa de todos los presentes.

Alfonso y Eduardo estaban alucinando con mi despertar. El sevillano por el contrario continuó restregándome su polla sin hacerme el más mínimo caso.

.-Vamos, cabrón, fóllame- repetí en voz claramente inteligible comportándome como la puta desesperada que era en esos momentos, no me podía aguantar las ganas.

El sevillano continúo impertérrito a lo suyo, que era rozar su glande contra mi clitorix.

Ante su pasividad y mi desesperación fui yo misma quien tratando de incorporarme agarré su miembro a una mano y traté de introducirme yo misma tan poderosa polla.

El sevillano me apartó la mano de un manotazo.

.-Por favor. Tienes que pedírmelo por favor- pronunció arrogante.

A mi en esos momentos me daba igual mi orgullo, tan solo anhelaba sentir su polla dentro, correrme, vaciar toda mi excitación.

.-Por favor, fóllame, te lo ruego- supliqué mirándolo fijamente a los ojos.

.-Será guarra- pronunció Alfonso atento a la escena.

Por suerte el desconocido sevillano atendió a mi súplica.

.-Aaaaaaggghhhh- grité al sentir como me dilataba esa polla por dentro penetrándome de un solo golpe. Tan solo dejo caer su cuerpo encima de mí, la naturaleza hizo el resto. Menos mal que estaba lubricada, de lo contrario me hubiese desgarrado en dos.

No pude evitar abrir unos ojos como platos al saber que estaba siendo penetrada por un desconocido quien se apresuró a comerme la boca para ahogar mi grito mezcla de placer y dolor. Pude sentir la mirada de Alfonso y Eduardo clavados en mi cuerpo.

.-MMMMmmmmmhhh- traté de gritar en vano al tiempo que trataba de sacarme de encima el cuerpo cuya polla se abría paso en mi interior.

Desesperadamente el dueño de la polla que me penetraba comenzó a culear sin compasión. Menos mal que estaba empapada porque lo que es dilatar me dolió un poco al principio. No sabría cómo describir esa sensación. Nunca había sentido tanto morbo y excitación. Se sentía bien rico saberme follada por ese desconocido ante la atenta mirada de dos cabrones como Alfonso y Eduardo.

Sin querer o queriendo rodeé sus caderas con mis piernas y lo incité con mis movimientos a que me follase más duro por si alguno de los presentes le quedaban dudas de mis intenciones: Quería, o mejor dicho, necesitaba ser follada después de toda la noche.

Nunca me habían comido la boca de esa manera, por lo que desistí en pronunciar palabra, tan solo me faltaba el aire, necesitaba respirar.

Una vez me supo domada y receptiva el desconocido se incorporó sobre los codos separando ligeramente nuestros cuerpos para follarme sin dejar de mirarme a los ojos.

De nuevo quise verlo, lo miré, me miró. Esta vez ya no tuve que disimular. Tenía unos ojos verdes preciosos.

.-Tus ojos reina, me alegro que los hayas abierto porque es lo más bonito que tienes- pronunció sin dejar de mirarme a los ojos mientras me follaba a buen ritmo.

Joder, encima era todo un poeta. Quise follármelo a gusto. Disfrutar el momento. El morbo era increíble. Follarme a un hermoso desconocido en presencia de otros dos tíos. Me agarré a su cuello para incorporar mi cabeza y contemplar con mis propios ojos como me penetraba semejante semental. Pude ver su gruesa polla entrando y saliendo de mi coño. Ni pizca de remordimiento.

Tan solo Eduardo y Alfonso eran capaces de estropear tan misterioso momento.

.-Qué cabrón, se la está follando- dijo Eduardo quien me alertó de su presencia en este ratillo. El pobre estaba completamente empalmado de nuevo sacudiéndose la polla al lado de la cama observando como el tercero en discordia me follaba impasible ante su atenta mirada. Sin duda que envidiaba la posición que él llevaba esperando toda la noche y que otro había conseguido con tanta facilidad.

Me dio pena, como pude le hice gestos con la mano para que se acercara. Se acomodó de rodillas en la cama a nuestro lado y a modo de compasión estiré la mano para hacerle una paja mientras me follaban.

.-Uhmmm, joder si, siiiih- yo misma me sorprendí porque me viniese un orgasmo tan pronto. En mi vida me había corrido en tan poco tiempo.

Tras mis evidentes muestras de estar a punto de correrme el desconocido se incorporó un poco más para follarme en pie en posición vertical y no perderse el momento. Me sujetaba en volandas con sus manos por debajo de mis caderas sin perderse detalle del balanceo de mis pechos al ritmo de sus embestidas.

Un primer espasmo sacudió mi cuerpo para regocijo de todos. Mientras con una mano envolvía la polla de Eduardo y se la meneaba al ritmo de los envites que proporcionaba el de Sevilla, con la otra quise acariciar los abdominales de quien tan maravillosamente me estaba follando. Necesitaba comprobar que esa tableta de músculos marcados era de verdad.

Alfonso aprovechó el espacio que dejó libre la persona que me metía la polla tras ponerse totalmente en pie, para acomodarse en la cama y forzar a meterme su polla en mi boca.

Esó no me gustó tanto y todo a pesar de que el morbo de estar comiéndosela al novio de mi amiga mientras me follaba a un tío bueno y se la meneaba a otro era indescriptible.

.-Me corro, eso es me corro, cabrones me corrooohhh- grité al tiempo que mi cuerpo se sacudía, un escalofrío recorría mi espina dorsal y toda mi alma temblaba de placer entre pollas a mi alrededor y un buen pollón en mi interior. En ese momento supe que esa experiencia cambiaria mi vida. Descubrí mi adicción al sexo.

Ahora tan solo necesitaba poder respirar, algo difícil con la polla de Alfonso entrando y saliendo de mi boca. Disfruté contemplando al desconocido penetrándome con golpes de cadera secos y fuertes. Dios, justo como a mi me gusta. De seguir así seguro que me corría por segunda vez con su polla dentro.

Quien eyaculó sin avisar fue Alfonso. No me dio opción y no me quedo más remedio que tragarme su leche. Al menos tras engullir su esperma por  mi garganta agradecí poder respirar.

Para mi sorpresa, nada más comprobar todos como me tragaba el semen de Alfonso fue Eduardo quien se puso de rodillas a mi lado. Me estrujó a una mano mi pecho más cercano a su posición y con la otra se la sacudía desesperado hasta correrse en mis tetas a la vista de todos. En especial de mi adonis de ojos verdes que no dejaba de taladrarme sin dejar de observarme.

No quería perder detalle de la lujuria en sus ojos, de nuevo quise acariciar con mis propias manos su poderoso vientre. Empezaba a tener esa tensión en los nervios de mi cuerpo que presagia la llegada de otro orgasmo. Ni yo misma me estaba creyendo que me fuese a correr dos veces en tan poco tiempo. Sin siquiera acariciarme el clítoris, el primero había sido un orgasmo exclusivamente vaginal y el segundo llevaba camino de lo mismo. Nunca había sentido algo tan grande dilatando mi interior, rozando por todas partes mis paredes vaginales, friccionando cada una de las infinitas terminaciones nerviosas de mi órgano femenino. En definitiva volviéndome loca.

.-Ummmm, siiiiih, me corrooooh- quise alertar a mi amante para que no parase. Como buen amante que era aceleró su ritmo.

No dejaba de mirarme a los ojos cosa que me excitaba aún más. Me encantaba su forma de mirarme. Quería que me viese como me corría gracias a él. Quería exhibir mi orgasmo y mi desesperación por correrme para él, con él dentro.

.-Quiero que me mires y veas cómo me corro para tí- pronuncié entre jadeos como pude tratando de excitarlo. Me preguntaba cuanto tiempo podría aguantar semejante semental sin correrse pues me hubiera gustado alcanzar mi segundo orgasmo a la vez que él. Lejos de darme alguna pista continuaba empotrándome a su ritmo observándome para desesperación mía.

.- Voy a tocarme un poquito para que veas como me corro con tu polla dentro- me excitaba exhibirme para él, estaba como loca, totalmente desinhibida. Nada más acariciarme el clítoris otro escalofrió sacudió mi cuerpo ante su atenta e impertérrita mirada. Pude ver cómo le llamó la atención el balanceo de mis pechos y decidí exagerarlos en la medida de lo que podía.

.-Joder siiii, como me gusta tu polla dentro- trataba de excitarlo con palabras que pronunciaba entrecortadas por los jadeos cada vez más próxima a mi orgasmo.

.-Que bien follas cabrón, follas muy bien- casi era yo misma quien más se excitase con mi propio comportamiento. El continuaba empotrándome sin decir nada, tan solo me observaba.

.-¿Te gusta?,¿te gusta follarme?- esperaba que al menos me dijera un sí por respuesta. En cambio fui yo a quien se le escapó un sí desgarrador.

.-Siiih, siiiiih,siiiiiiih- grité mientras me corría por segunda vez a la vista de todos.

Mi cuerpo tembló tanto que incluso llegué a perder el contacto entre el colchón y la cama. Mis espasmos resultaban exagerados pero resultaban sinceros e incontrolables. No recordaba un orgasmo tan intenso en mi vida, ni tan siquiera el anterior. Es más por unos segundos no recordé nada, mi cuerpo perdió la noción del tiempo por unos segundos donde todo mi ser era una explosión de feromonas y endorfinas.

A lo que recuperé el aliento y la consciencia me pude ver a mi macho moviéndose despacio en mi interior controlando el ritmo. Al fin abrió la boca para preguntarme de la forma más ridícula posible:

.-¿Puedo correrme dentro?- quiso saber con la carita de niño bueno más tierna que he visto en mi vida.

.-Joder no!!!- grité al tiempo que lo sorprendí sacándome su polla de dentro.

Me miró, lo miré. Su cara fue un poema al verme que me retiraba y alejaba. Adiviné por su mirada que el chaval estaba completamente compungido. Deduje por su expresión que el pobre estaba a punto de explotar. Entendí se había aguantado todo este tiempo por este motivo. Joder, debía agradecerle tanto. Sopesé una buena mamada pero no sé por qué pronuncié otra cosa:

.-Córrete en mi culo- pronuncié para sorpresa de todos. La cara del chaval fue todo un poema, pero la de Alfonso y Eduardo mucho más todavía.

.-Lo has oído bien. Quiero que me rompas el culo y te corras dentro de mi- pronuncié esta vez acercándome al muchacho para darle un pico en la boca.

El pobre no reaccionaba.

.-Alfonso, ve al baño y tráeme la crema hidratante que he visto en el lavabo junto al neceser de Judith- le ordené. Ni tan siquiera se lo pensó dos veces, obedeció sin rechistar.

Eduardo se sacudía su polla como un mono mientras le preguntaba al entonces desconocido:

.-Bueno chaval, si me la vas a meter por el culo lo mínimo que puedo saber es tu nombre- le dije mientras le agarraba la polla dispuesta a chupársela un poco para que no perdiese vigor.

En esas que Eduardo aprovechó para acomodarse al lado del chaval.

.-Oscar, me llamo Oscar- Balbuceó evidentemente nervioso.

.-Bien Oscar, ¿se lo has hecho alguna vez por el culo a alguna chica?- quise saber.

El pobre tan solo negó moviendo la cabeza a un lado y a otro, era incapaz de articular palabra.

.-Chúpamela a mi también- me interrumpió Eduardo tratando de sacar ventaja de la situación.

Lo miré con desprecio pero me sentí generosa. Resultó curioso y excitante chupar dos pollas a la vez alternando una y otra. Comparar tamaño, dureza y sabor. Me puso muy cerda.

Al fin apareció Alfonso con el bote de crema que me entregó en mano. Lo abrí con urgencia para rociar una buena cantidad sobre la polla de Oscar. Me hizo gracia sentir su respingo por el contraste de temperaturas. Me esmeré en embadurnarle bien la polla de crema a la vez que se la meneaba un poco con mis propias manos para mi regocijo.

Una vez Oscar tuvo la polla bien empapada de crema, y como estaba sentada en el borde de la cama, me incorporé a coger el almohadón. Lo tiré al suelo a los pies de la cama y poniéndome de rodillas en el suelo contra el colchón le hice indicaciones a Oscar para que se acomodase detrás de mí.

.-Empuja cuando te diga, y si te digo que pares, ¡paras!, ¿está claro?- le quise dejar bien claro las normas por si acaso.

Nuevamente asintió con la cabeza incapaz de articular palabra.

En esa posición fui yo quien cogiendo el bote de crema me embadurne un par de dedos y comencé a dilatarme y lubricarme yo misma mi esfínter ante la atenta mirada de todos.

.-Vosotros dos, dejad de meneárosla y sujetarme de las manos- ordené a Eduardo y Alfonso para que me retuviesen por los brazos.

Obedecieron alucinando.

Yo en esa posición sumisa a cuatro patas me sentía tremendamente excitada, movía ansiosa las caderas en círculos, buscando que él siguiera una y otra vez jugando con mi esfínter.

Yo me recosté definitivamente sobre el colchón con los brazos en cruz para que mis mejores amigos me sujetasen exponiendo mi esfínter ante un tercer desconocido.

.-Vosotros sujetarme fuerte de los brazos, no quiero arrepentirme de lo que estoy haciendo y sujetarme aunque parezca que no me gusta- les ordené. Por un momento temí me fuese a doler más de lo esperado y no fuese capaz de soportarlo. Ahora no podía echarme atrás.

.-Vamos Oscar, supongo que sabes lo que tienes que hacer- le dí permiso para proceder.

Enseguida pude notar el contacto de su prepucio en mi esfínter. Oscar me separó las nalgas a dos manos para verlo todo mejor. Es natural, todos los tíos salen de serie sabiendo la teoría de como encular a una chica.

.- Eso es empuja, despacio, hasta que hayas metido tan solo la punta, luego paras o te mato- le advertí.

Por suerte Oscar estaba duro como una piedra, lo que siempre facilita las cosas. Hizo caso.

Empujó con fuerza y para su sorpresa mi esfínter dilató gracias a la crema y su polla se abrió paso con relativa facilidad en mi ano.

.-Aaaaaaaah- no pude evitar chillar al sentir como me dilataba tan certera y repentinamente.

El pobre Oscar se asustó temiendo haberme lastimado y se salió.

.-Buf- resoplé un par de veces.

.- Lo has hecho muy bien, campeón. Prueba de nuevo. Recuerda parar cuando me hayas metido tan solo la punta. Necesitaré un poco de tiempo hasta dilatar- le hice saber.

Oscar era un buen alumno y procedió según le ordené.

De nuevo me separó las nalgas con las manos, expuso mi ano, acercó su prepucio y empujó.

.-Aaaaaaah- otro nuevo chillido salió de mi boca. Esta vez Oscar me hizo caso y aguantó en mi interior.

.-Eso es, muy bien- lo felicité.

.-Tan solo necesito unos segundos- le advertí mientras mordía las sábanas.

Me concentré en todas y cada una de las sensaciones que los infinitos nervios de mi esfínter me transmitían. Podía apreciar mi ano contrayéndose una y otra vez tratando de expulsar al intruso. Sabía que si controlaba esas contracciones el calor abrasador que desprendía su polla cedería, el escozor mitigaría y el dolor inicial se pasaría.

.-¿Qué se siente?- le preguntó Eduardo a Oscar.

.-Calor, mucho calor, y que está muy apretado. Me oprime la polla por todos lados- trató de explicarse.

.-Que suerte tienes cabrón- pronunció Alfonso quien tampoco se perdía detalle.

Efectivamente mi ano poco a poco comenzó a adaptarse a la polla de Oscar. Fui yo quien ante la atenta mirada de todos comencé a moverme tímidamente adelante y atrás sodomizándome yo misma al ritmo que quería.

.-Joder que gusto. Se siente mejor que incluso por el coño- informó Oscar a sus colegas.

.-¿Te gusta?- le pregunté hundiendo mi cara contra el colchón tratando de sobrellevar mis sensaciones.

.-Joder si, es mucho mejor por el culo- pronunció Oscar. Sus palabras me alentaron a soportar como fuese mi dolor e ir introduciéndome poco a poco su polla en mis intestinos, hasta que finalmente pude sentir el contacto de sus huevos chocando contra mi coño. El roce de sus testículos contra mis labios vaginales me hizo saber que estaba toda dentro. Demoré unos segundos las sensaciones satisfecha por haberlo conseguido. Había resultado relativamente fácil. Oscar era un buen alumno.

.-Esta bien Oscar, es tu turno. Agárrame bien por la cintura y muévete. Quiero que me folles por el culo igual que me follabas el coño. ¿Lo entiendes?- dejé de moverme para sentirme sodomizada al antojo de Oscar.

Oscar hizo caso y aferrándose a mis caderas comenzó a moverse.

.-Eso es fóllame el culo- grité al tiempo que de nuevo se apoderaba cierto dolor de mi cuerpo.

.-Más fuerte, joder, métemela más fuerte- provocaba a Oscar para que me empotrase más deprisa.

.- ¡¡Eso es, asíii, fóllame el culo, fóllamelo bien!!- le incitava.

.-¿Te gusta esto?- me preguntó Oscar.

.- Me encanta joder, ¡¡¡me encanta!!!, ¡¡¡fóllame más fuerte!!!- lo provocaba como podía.

.- ¿Te gusta follarme el culo?- le preguntaba entre embestida y embestida.

.- Si, si siiih, joder que culo más rico tienes- pronunciaba Oscar fuera de sí.

.- Dime que te gusta follarme el culo, llámame cosas, ¡¡insúltame!!- estaba completamente enloquecida.

.- ¿Qué quieres que te diga?- preguntó Oscar sorprendido.

.- Lo que quieras, llámame puta, zorra, guarra...¡¡estoy a punto de correrme!!- le hice saber.

.-Serás puta- pronunció Oscar.

.- Eso es, quiero más, quiero que me partas en dos, que me revientes. No quiero que me guste, lo oyes, más fuerte joder – lo incitaba obteniendo resultados.

Oscar comenzó a follarme cada más fuerte, y cuanto más fuerte lo hacía, más fuerte le pedía.

.- Eso es, fóllame por el culo, así, deprisa-. El ritmo de Oscar resultaba frenético.

.-Azótame vamos, dame nalgadas en el culo- le ordené.

.-Splash, splash, comenzó a darme manotazos en el trasero.

.-Tú- ordene a Eduardo –tírame del pelo hacía atrás hasta que me duela-.

.-Y tú, haz el favor de pellizcarme los pezones- le ordené a Alfonso.

Me corrí, me corrí de saberme la tía más puta que esos tres chicos conocieran jamás. Sabía que no habría ninguna mujer que me superase.

Por suerte Oscar tampoco tardó mucho en correrse en mi interior. Pude sentir su leche quemando en mis entrañas. Las contracciones cuando me la sacó hicieron que su semen resbalase por mis muslos.

.- Ahora iros a ducharos a la piscina. Necesito descansar. Y de esto ni una palabra a nadie – quise zanjar el tema.

Los tres muchachos se recolocaron sus bañadores como buenamente pudieron y abandonaron las habitación en silencio.

Yo me quedé adormilada hasta el día siguiente. Concretamente hasta que Judith apareció por la puerta y me preguntó que tal había pasado la noche anterior.

Simplemente le dediqué una sonrisa al saber que se la había chupado a su novio.

Besos,

 

 

Mi primera orgía

  Todo ocurrió apenas un par de meses después de conocer a mi entonces novio y actual marido durante el viaje de fin de carrera. Si a mi p...